Ágatha Ruiz de la Prada vuelve a ser noticia, pero esta vez no por una colección imposible de ignorar ni por uno de sus icónicos corazones multicolor. La diseñadora ha iniciado una nueva etapa personal y lo ha hecho por todo lo alto: estrenando casa en una de las zonas más exclusivas de Madrid. Se trata de un piso de 372 metros cuadrados situado en pleno barrio de Salamanca, a escasos metros de su nueva tienda en la calle Villanueva.
La mudanza no ha sido inmediata ni impulsiva. La creadora compró la vivienda hace algo más de un año, antes incluso de vender su histórico dúplex en el Paseo de la Castellana. Desde entonces, según desvela ¡Hola!, ha llevado a cabo una reforma profunda y un traslado “sin prisa”, tal y como ella misma ha explicado en un reciente reportaje. El resultado es un hogar amplio, luminoso y adaptado a su momento actual.
Todo comenzó cuando recibió una oferta inesperada por su tienda de la calle Serrano, un espacio que no tenía intención de vender. Sin embargo, la propuesta económica era tan importante que terminó aceptando. “Cuando no quieres vender algo, siempre estás en mejor posición de negociar”, ha reconocido con su habitual franqueza en la exclusiva. Aquella operación marcó el inicio de una cadena de decisiones que la llevaron a replantearse también su vivienda.
Una habitación para cada miembro de la familia
El cambio, admite, no ha sido sencillo. “Ha sido muy gordo, muy bestia y muy duro”, asegura, pese a haberlo hecho con tiempo y calma. Tras más de 30 años viviendo en la misma casa, sentía que necesitaba un entorno distinto. “Yo ya no era la misma”, viene a decir. Así que, en lugar de vender primero y comprar después —como ella misma bromea en el reportaje que haría “la gente inteligente”— decidió adelantarse y adquirir su nuevo hogar antes de desprenderse del anterior. Una estrategia que ahora reconoce que le dio más de un quebradero de cabeza.
La nueva vivienda destaca por sus dimensiones y distribución. Cuenta con cinco salones, un gran salón principal y otras tres salas de estar, además del comedor, cocina, tres dormitorios y tres baños. Espacio no le falta. De hecho, ella misma admite que la casa está pensada “como para una señora mayor y muy pija”, en una declaración tan irónica como sincera.
Uno de sus rincones favoritos es el dormitorio. Desde la cama puede contemplar el jardín interior del edificio, una vista que, según confiesa, le parece “una pasada”. Es la estancia donde más tiempo pasa y donde encuentra tranquilidad en medio de su intensa vida profesional. También ha querido conservar elementos de su anterior vivienda, como la cocina, que decidió trasladar a su nuevo piso.
La casa también está preparada para recibir a sus hijos y a su nieta. Cada uno tiene su habitación asignada, aunque la diseñadora reconoce que ahora siente el espacio más suyo que nunca. Entre risas, comenta que en la anterior casa sus hijos contaban con multitud de armarios, mientras que ahora disponen de menos espacio para sus cosas. Un detalle que, lejos de generar conflicto, evidencia que esta vivienda simboliza un nuevo capítulo más personal.
Antes de decidirse por este piso, estuvo a punto de comprar otro que describe como “increíble pero carísimo”, por el que asegura que habría estado dispuesta a “vender un pie”. Finalmente, otra persona se adelantó en la operación, algo que hoy agradece. La compra de su actual casa fue casi a ciegas: conocía el edificio y la zona, pero no el piso en concreto. Aun así, decidió lanzarse. Y no se arrepiente.