En clase de historia, no es la profesora la que está en la pizarra, sino Óscar, un niño de 12 años con un coeficiente intelectual superior a 130. El joven, alumno en el colegio Georges Gusdorf, en París, ha sorprendido tanto a sus compañeros como a su maestra, la doctora en historia contemporánea Sra. Jarry. “Es él quien da la clase. Sus conocimientos son increíbles”, dijo.
Óscar no se limita solo a responder preguntas. Explica y sus compañeros le escuchan. Después, resuelve las dudas de la clase como si fuera el profesor. “Lee algo y lo recuerda. Es incomprensible”, reconoce la Dra. Jarry. Y es que, ya a los once años, el niño asistía entonces a clases de economía de los alumnos del último curso, demostrando que podría seguir el ritmo de los estudiantes más mayores.
Cabe destacar que el colegio Georges Gusdotf abrió sus puertas en 2008 gracias a Nelly Dussausse y su esposo, profesor de matemáticas. Buscaban un lugar adecuado para su hijo Pierre, dos años adelantado en sus estudios y víctima de acoso escolar. “Creo que había soluciones, pero eran soluciones que no nos convenían. Habría tenido que negar quién era, entrar en un marco impuesto que no tenía en cuenta su sensibilidad”, explica Dussausse, hoy directora del centro, al medio francés TF1.
En sus 17 años, la escuela privada ha escolarizado a 3.000 niños y actualmente cuenta con 230 alumnos, todos de alto coeficiente intelectual (más de 130). El programa combina matemáticas y cine, filosofía desde primero de primaria, y talleres de tejido, dibujo o creación. En 2025, el 97% de los alumnos superó el bachillerato. El objetivo de la escuela es alimentar la curiosidad de los niños mientras los ayuda a manejar sus mentes complejas.
Hipersensibilidad y amor por la lectura
Óscar llegó al colegio en quinto de primaria porque se aburría en su antiguo centro. Prefiere sentarse cerca de la ventana por su hipersensibilidad al ruido y al calor. Algunos de sus compañeros, aunque igual de inteligentes, son hiperactivos y necesitan salir de clase con frecuencia. Es por eso que ser superdotado no garantiza que la escolaridad sea fácil: muchos estudiantes conviven con dislexia, disgrafía, trastornos del espectro autista o hiperactividad.
Al terminar la jornada, Óscar va directo a su librería favorita. Ha leído Los Miserables en dos días y casi toda la obra de Dumas y Balzac. Su ritmo es de cinco o seis libros por semana. Es abibliófobo: sufre ataques de pánico si no tiene un libro consigo. “Hugo va a tratar sobre la oscuridad o sobre la descripción de un lugar geográfico. En Tolstói, es la sociedad rusa la que se describe. Y Dostoievski también: trata sobre la multitud de personajes que se entrelazan, cuyas oscuridades y mezquindades mutuas forman una telaraña gigante de la que se compone la novela”, describe el pequeño.
Pero su librero reconoce que es difícil satisfacer su curiosidad. “Desde el principio entendimos que era realmente excepcional. Es difícil saciarlo. A veces nos preguntamos si no ha leído más que nosotros”, bromea.