Un sacerdote francés, apodado como Beyoncé, bendice coches Ferrari para que los jóvenes se acerquen a Dios

Con más de 18.000 seguidores en TikTok, el párroco utiliza el humor y los vídeos virales para acercar la fe a una generación cada vez más alejada de la Iglesia

El sacerdote Geoffroy de La Tousche bendiciendo un coche Ferrari (@pere_geoffroy)

En una Francia cada vez más secularizada, donde las cifras oficiales constatan un retroceso de la práctica religiosa, un sacerdote de Rouen ha decidido trasladar parte de su misión pastoral al territorio donde hoy se libra buena parte de la conversación pública: las redes sociales. Con más de 18.000 seguidores en TikTok y vídeos que acumulan millones de visualizaciones, el padre Geoffroy de La Tousche ha convertido la plataforma en lo que define como un “ambón moderno”, un púlpito digital desde el que predicar en formato breve y directo.

“Hay que adaptarse a los medios de nuestra época”, sostiene al medio local 76Actu Geoffroy de La Tousche cuando se le pregunta por su desembarco en TikTok. Para él, no se trata de una concesión estética ni de una estrategia de autopromoción, sino de una consecuencia lógica de la misión eclesial. “La Iglesia debe ir allí donde está la gente”, insiste. Y hoy, una parte sustancial de esa presencia se concentra en internet.

Su perfil dista del tono solemne que tradicionalmente se asocia al clero. En sus vídeos responde a preguntas sobre el significado de los sacramentos, explica símbolos religiosos, comenta bodas y bautizos o comparte escenas cotidianas de la vida parroquial. Lo hace con un registro cercano, a veces humorístico, que rompe con la rigidez formal de la predicación clásica. En una ocasión bendice un Ferrari; en otra, se le ve reír durante una celebración o grabar una confirmación con gafas inteligentes. Todo está pensado para la cámara, pero el sacerdote subraya que el centro sigue siendo el mensaje cristiano.

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El éxito es, al menos en términos de visibilidad, indiscutible. Con más de 18.000 seguidores y vídeos que alcanzan cifras millonarias de reproducciones, su nombre circula más allá de los límites parroquiales. Algunas feligresas le llaman en tono jocoso “Beyoncé”. Él rechaza la etiqueta de celebridad: “No quiero ser una estrella”, responde a 76Actu con una sonrisa. Tras 27 años de sacerdocio, reconoce que nunca había experimentado una exposición pública semejante. En la calle, desconocidos le detienen sorprendidos: “Le he visto en TikTok”.

El sacerdote Geoffroy de La Tousche (@pere_geoffroy)

El sacerdote se ha integrado incluso en un grupo de influencers católicos francófonos, una red informal que busca reforzar la presencia de contenidos religiosos en el ecosistema digital. La iniciativa se inscribe en un contexto de declive de la identidad católica en Francia. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE), en 1981 el 70% de los franceses se declaraban católicos. Hoy esa cifra ha descendido a menos del 29%. El retroceso es elocuente y refleja una transformación cultural profunda.

Entre la fe y la polémica

La apuesta por TikTok no se limita a contenidos piadosos o pedagógicos. Geoffroy de La Tousche afirma no tener miedo a “poner los puntos sobre las íes”. En sus vídeos ha abordado asuntos de actualidad y debates sensibles. Organizó, por ejemplo, una discusión en torno a la muerte del estadounidense Charlie Kirk y sobre la utilización de su imagen por movimientos identitarios. También se pronunció sobre la dimisión del primer ministro Sébastien Lecornu. Aunque el eje de su discurso gira en torno al catolicismo y la práctica religiosa, el sacerdote no rehúye el cruce con la política o la actualidad social.

La recepción de sus contenidos es, en general, positiva. Muchos usuarios valoran la naturalidad y la capacidad de romper estereotipos asociados a la figura tradicional del cura distante y solemne. Pero la exposición en redes también implica tensiones: simplificación del mensaje, riesgo de polarización en los comentarios o la posibilidad de que el impacto visual prime sobre la profundidad teológica. La lógica del formato breve obliga a condensar cuestiones complejas en segundos.

Uno de los aspectos que más le sorprende es el volumen y la naturaleza de los mensajes privados que recibe. “Hay muchos no creyentes”, señala. Algunos escriben movidos por la curiosidad; otros buscan orientación o expresan el deseo de convertirse. No faltan quienes comparten detalles íntimos de su vida personal, como si la bandeja de entrada sustituyera al confesionario. “Existe un lado confesional”, admite. La pantalla del teléfono se convierte así en una antesala inesperada del acompañamiento espiritual.

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