Una monja influencer enseña “el rincón más curioso” de su monasterio : “No se puede hacer”

Sor Marta, monja y creadora de contenido, ha abierto las puertas de su convento al Súper Geografía

Sor Marta enseña su convento. (Captura YouTube/Súper Geografía)

Sor Marta, monja benedictina de 29 años, abrió las puertas del Monasterio de Santa Cruz de Sahagún, en León, a miles de personas a través de sus redes sociales. Tras once años en la comunidad, su rutina diaria combina oración, trabajo artesanal y presencia digital, acercando un mundo que muchos consideran lejano y desconocido.

“Entré con dieciocho años, nada más terminar el bachillerato, y desde entonces he encontrado aquí la paz que buscaba desde adolescente”, contó sor Marta al canal SuperGeografía. Su vocación surgió durante un viaje a un monasterio en Navarra: “Noté una paz y una sensación que dije: ‘Esto es lo que estaba buscando. No sé lo que es, pero es lo que estaba buscando’”.

Sor Marta enseña su convento. (Captura YouTube/Súper Geografía)

La entrevista permitió conocer el día a día de sor Marta. Su jornada comienza a las seis de la mañana y culmina a las diez y media de la noche, marcada por los rezos comunitarios, la oración personal y las labores del convento. “Rezamos el oficio de lecturas en comunidad, luego media hora de oración personal, después los laudes; toda la liturgia de las horas marca nuestro ritmo”, explicó.

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Cada hermana tiene asignadas tareas concretas, mientras los cargos principales son decididos por la madre abadesa. El monasterio acoge a once religiosas, cinco en formación, y la preparación para la vida monástica puede durar hasta nueve años, entre postulantado, noviciado y votos temporales.

Sor Marta enseña su convento. (Captura YouTube/Súper Geografía)

El cementerio: memoria y continuidad

Entre los rincones más singulares, sor Marta destacó el cementerio privado del convento, al que describió como “el rincón más curioso” del monasterio. “Aquí se entierra a las monjas. Es algo que ahora no se puede hacer. Si tú haces un convento ahora, no puedes tener un cementerio en mitad de la ciudad ni de una casa. Pero esto es del siglo XVI”, relató.

El espacio refleja la historia y la continuidad de la comunidad. “Estas hermanas las conozco a todas. Tenemos la comunidad actual y la comunidad de las que han estado antes y se han entregado antes al Señor”, señaló. “Como creemos en la resurrección, en la vida eterna, en esa comunión que hay con los que están en el cielo, pues, claro, nos une más”, indicó la monja.

Además, al tener el cementerio dentro del convento, es común que los familiares de las que ya no están visiten a sus familiares: “La familia puede venir a visitar las tumbas; cuando muere una hermana, su familia ha venido varias veces”.

Sor Marta enseña su convento. (Captura YouTube/Súper Geografía)

Vida cotidiana y presencia digital

Además de la espiritualidad, la entrevista mostró aspectos más cotidianos: el convento produce y vende dulces artesanales, como hojaldres, amarguillos, pastas de té o polvorones, que son su principal fuente de ingresos. “Cada monasterio es autónomo. No recibe subvenciones del Estado, a no ser que sea para algo de patrimonio. Nuestro ingreso principal es la venta de los dulces que elaboramos aquí”, subrayó.

Y como era de esperar, Sor Marta también habló de su actividad digital: “Lo que no se conoce se tiende a mitificar y es imposible que se valore. Un poco por ahí va el tema de las redes sociales”. Su canal responde dudas sobre la vida monástica y muestra los espacios del convento, como las celdas: “El nombre de celda viene de los monasterios y no de las cárceles”.

Sor Marta enseña su convento. (Captura YouTube/Súper Geografía)

Por último, sobre su vocación, la monja fue clara: “Es algo que se va acomodando, educando, eligiendo. No dejamos de sentir. Cada día es elegir esta vida, elegir ser todas del Señor”. Aunque se permitió bromear un poco con la alimentación de las hermanas: “Comemos cosas normales, hasta pizza”.

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