Los niños pequeños tienen una capacidad sorprendente para aprender del entorno, incluso cuando los adultos creen que no están prestando atención. A pesar de que muchos padres sienten frustración porque sus hijos parecen ignorar instrucciones cotidianas, la realidad es que los menores “escuchan todo el tiempo, sobre todo cuando no deberían”, reconoce la psicóloga Vanessa LoBue, profesora en la Universidad Rutgers y autora de la columna The Baby Scientist en Psychology Today.
Pero esta forma de poner el oído cuando no corresponde puede ser una fuente de aprendizaje para los más pequeños. Según la psicóloga, varias investigaciones han demostrado que los niños comienzan a escuchar conversaciones de otros “incluso siendo bebés”, destaca LoBue. Ya en la década de los 90, un estudio estadounidense reveló que los niños de dos años aprendían palabras nuevas tanto cuando se les enseñaba directamente como cuando solo las escuchaban en una conversación ajena.
En otro experimento, los investigadores evaluaron con menores de tres a seis años si podían aprender tanto palabras como hechos escuchando una conversación telefónica. Los niños mayores, de cinco y seis años, aprendieron palabras y hechos sin problema, mientras que los más pequeños solo recordaban los datos, pero no los términos nuevos, según un trabajo de la psicóloga Ruthe Foushee Foushee y su equipo en 2021.
El aprendizaje escuchando a escondidas no es exclusivo de la sociedad occidental. En comunidades como los Kaluli de Papúa Nueva Guinea, los adultos no suelen dirigirse a los bebés como interlocutores y los niños adquieren la lengua “escuchando conversaciones a su alrededor”, explica LoBue, en referencia a un estudio de 2019 por la psicolingüista Marisa Casillas. A pesar de estas diferencias, “los bebés de estas comunidades tienen el mismo ritmo de desarrollo lingüístico que los niños occidentales”, según la psicóloga.
Más allá de las palabras: imitación de acciones
El aprendizaje por escucha no se limita al vocabulario. “Hay pruebas de que los niños pueden aprender acciones observando a otros, incluso cuando estos no saben que están siendo observados”, defiende LoBue en Psychology Today. Un estudio de 2012 mostró que, tras ver a una persona utilizar un objeto nuevo para hacer sonar una campana en una pantalla, los niños imitaban exactamente esa acción al regresar a la habitación.
Incluso en el reino animal, el aprendizaje por escucha se ha documentado. “Las crías de gorrión aprenden mejor su canto escuchando a otros que interactuando directamente”, afirma LaBoue. Se refiere a un experimento de 2007, liderado por el doctor Michael D. Beecher, en el que se vio cómo las aves jóvenes memorizaban el canto de su especie tanto si lo escuchaban directamente como si solo lo oían a la distancia, pero lo aprendían mejor en el segundo caso.
Los niños “siempre están escuchando”
La autora advierte a los padres que los niños pueden aprender “cualquier cosa y todo” a través de la escucha. “Los niños escuchan y, sobre todo, escuchan a escondidas”, señala la psicóloga.
Por ello, recomienda a los adultos ser especialmente cuidadosos con lo que dicen cerca de los pequeños, ya que “siempre están escuchando, sobre todo cuando uno preferiría que no lo hicieran”.