Cómo se hace una broncoscopia

Esta prueba se lleva a cabo para diagnosticar y tratar ciertas enfermedades de las vías respiratorias

Doctor observa una imagen rayos X de unos pulmones (Shutterstock)

Para el diagnóstico de algunas enfermedades de las vías respiratorias es necesario, en ocasiones, realizar una broncoscopia. Esta prueba, que también puede servir a su vez de tratamiento, es una técnica segura y habitual que permite al equipo médico observar directamente el interior de los bronquios y los pulmones.

El procedimiento se realiza mediante un instrumento llamado broncoscopio, un tubo largo y delgado que cuenta con una luz y una cámara en su extremo. Este aparato puede ser flexible (el más utilizado) o rígido, dependiendo del objetivo de la exploración. El broncoscopio se introduce por la nariz o la boca del paciente y avanza suavemente hasta los pulmones, transmitiendo imágenes en tiempo real a un monitor.

Antes de la prueba, el paciente recibe instrucciones claras. Generalmente se solicita ayuno de entre seis y ocho horas, ya que la broncoscopia suele realizarse con sedación. Tal como explican los profesionales de la salud de MedlinePlus, también es importante informar al médico sobre alergias, problemas de coagulación o si se están tomando medicamentos anticoagulantes, que podrían requerir ajustes previos.

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Así se hace una broncoscopia

El día del examen, el paciente se coloca en una camilla y se le administra un sedante por vía intravenosa para favorecer la relajación. Además, se aplica un anestésico local en la garganta para reducir las molestias y el reflejo de la tos. En la mayoría de los casos, el paciente permanece despierto pero somnoliento, aunque sin sentir dolor.

Una vez iniciado el procedimiento, el especialista introduce el broncoscopio con cuidado. Durante la exploración, puede observar inflamaciones, infecciones, obstrucciones, tumores o sangrados. Según cuentan los profesionales de Quirónsalud, la broncoscopia no solo tiene fines diagnósticos, sino que también permite realizar procedimientos terapéuticos, como extraer cuerpos extraños, aspirar secreciones o detener hemorragias.

En muchos casos, el médico aprovecha la prueba para tomar muestras de tejido o de secreciones, conocidas como biopsias o lavados bronquiales. Estas muestras se envían al laboratorio para su análisis, lo que resulta clave en el diagnóstico de enfermedades como infecciones pulmonares, cáncer de pulmón o enfermedades inflamatorias.

La duración de la broncoscopia suele oscilar entre 30 y 60 minutos, aunque el tiempo total en el centro sanitario es mayor debido a la preparación y la recuperación posterior. Tras la prueba, el paciente permanece en observación hasta que desaparecen los efectos de la sedación. Es habitual experimentar irritación de garganta, tos leve o sensación de ronquera, síntomas que suelen desaparecer en pocas horas.

MedlinePlus destaca que, aunque es una técnica segura, la broncoscopia puede conllevar riesgos poco frecuentes, como infecciones, sangrado o disminución del nivel de oxígeno. Por ello, se realiza siempre en un entorno hospitalario y bajo supervisión médica especializada.

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En qué casos se recomienda una broncoscopia

La broncoscopia está indicada cuando el médico necesita obtener información directa y precisa sobre el estado de las vías respiratorias y los pulmones. Una de las más frecuentes es la tos persistente que no mejora con el tratamiento habitual, ya que puede ser un signo de patología subyacente. También se recomienda cuando aparecen anomalías en una radiografía de tórax, como sombras o lesiones que requieren un estudio más detallado. Asimismo, la broncoscopia permite determinar la naturaleza de infecciones pulmonares, como la tuberculosis o la neumonía, mediante la toma de muestras.

La broncoscopia también es útil para tomar muestras de mucosidad o tejido, controlar y eliminar sangrados, corregir estenosis de las vías respiratorias y tratar situaciones como el neumotórax. En pacientes con cáncer de pulmón, permite además evaluar los ganglios linfáticos del tórax, lo que resulta esencial para el diagnóstico y el seguimiento de la enfermedad.

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