Así ha sido el entierro de Irene de Grecia en Tatoi: la reina Sofía recibe el apoyo de su familia en su despedida más amarga

La familia del rey se ha reunido en el cementerio real para acompañar a la emérita en una jornada marcada por la tristeza y el frío

La princesa Irene de Grecia ha sido enterrada en Tatoi, Atenas, en el mismo cementerio en el que reposan los restos mortales de sus padres, los reyes Pablo I y Federica, y de su hermano, el rey Constantino II

La princesa Irene de Grecia ya descansa en el cementerio real de Tatoi, el enclave histórico situado a las afueras de Atenas donde reposan los restos mortales de los miembros de la antigua familia real helena. Ha sido una mañana invernal, marcada por el frío, el viento y un cielo encapotado, en la que hermana de la reina Sofía ha recibido sepultura. Si bien ha sido una ceremonia privada, celebrada tras el funeral solemne que tuvo lugar horas antes en la Catedral Metropolitana de la capital griega, la casa real española ha compartido diferentes imágenes y vídeos del momento.

El entierro se ha desarrollado en un clima de recogimiento absoluto, marcado por la naturaleza del lugar y el silencio de los asistentes. Se trataba de un momento íntimo solo para los familiares más cercanos de Irene y así se ha transmitido. Entre ellos, los reyes Felipe VI y Letizia, que han acudido acompañados por sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Para la heredera al trono y su hermana ha sido la primera vez que han pisado suelo griego en un acto oficial, un detalle que no ha pasado desapercibido en una jornada tan significativa para la familia.

El rey Felipe VI junto a su madre la reina Sofía, la reina Letizia y la princesa Leonordurante el entierro de la princesa Irene de Grecia en el cementerio de Tatoi en Atenas, Grecia. ( EFE/ Francisco Gómez/Casa Real)

La reina Sofía ha sido, sin duda, el centro de todas las atenciones. Visiblemente afectada, ha recibido el apoyo constante de los suyos en la que ha sido una de las despedidas más dolorosas de su vida. Irene no era solo su hermana, sino su compañera inseparable, su apoyo silencioso durante décadas y una presencia constante tanto en Grecia como en España. Finalizado el sepelio, la emérita ha caminado con gesto serio, a ratos arropada por su hijo, el rey Felipe, y abrazando la bandera griega que minutos antes cubría el féretro de su hermana.

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Todos los asistentes han vestido de riguroso luto, como es tradición, protegiéndose del frío con abrigos oscuros, sin problema en mostrar ese duelo compartido que ha marcado tanto a la familia real española como a la griega.

El rey Felipe VI junto a su madre la reina Sofía, la reina Letizia y la princesa Leonordurante el entierro de la princesa Irene de Grecia en el cementerio de Tatoi en Atenas, Grecia. ( EFE/ Francisco Gómez/Casa Real)

En ese último adiós, en primera fila, junto al ataúd, se ha situado la reina viuda Ana María y dos de sus hijos, los príncipes Pablo y Nicolás, muy afectados por la muerte de su tía. Tras ellos, se han situado otros miembros de la familia, entre los que se encontraban las infantas Elena y Cristina, así como varios de los sobrinos de la fallecida.

Especialmente emotiva ha sido la presencia de Irene Urdangarin, hija de la infanta Cristina, con quien mantiene una relación muy estrecha con su tía abuela. La joven se ha mostrado visiblemente afectada y ha encarnado como pocas personas el dolor de esta despedida. A la salida del oficio religioso, ha sido ella quien ha portado el cojín de terciopelo rojo con las condecoraciones de Irene de Grecia, un gesto solemne que ha vuelto a evidenciar el vínculo tan especial que las unía.

La infanta Sofía ayuda a caminar a su abuela la reina Sofía durante el entierro de la princesa Irene de Grecia en el cementerio de Tatoi en Atenas, Grecia. (EFE/ Francisco Gómez/Casa Real)

El silencio ha sido uno de los grandes protagonistas del entierro. No ha habido discursos ni gestos grandilocuentes, solo miradas cómplices, manos que se han buscado y una emoción contenida que ha impregnado cada instante. La ceremonia, sencilla y profundamente simbólica, ha puesto el broche final a una vida discreta, alejada de los focos, pero esencial dentro del núcleo familiar.

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