Millones de células de nuestra madre viven en nuestro cuerpo para entrenar al sistema inmunológico

Las madres gestantes también conservan durante toda su vida células de sus hijos

Una madre abraza a su bebé (AdobeStock)

El vientre de nuestra madre es el que nos ha dado la vida, pero, al mismo tiempo, nuestra madre vive en nosotros hasta el fin de nuestros días. La ciencia estima que una de cada un millón de células del cuerpo pertenece a nuestra madre y permanece en el organismo sin desencadenar ninguna respuesta defensiva del sistema inmunitario.

Un equipo de inmunólogos del Cincinnati Children’s Hospital Medical Center ha identificado por fin la razón por la que estas millones de células maternas, que han atravesado la placenta durante la gestación, permanecen en el organismo: entrenan al sistema inmunológico del feto para que tolere su presencia a largo plazo.

La presencia de células ajenas, conocidas como microquimerismo, constituye un fenómeno ampliamente descrito por la ciencia desde hace más de medio siglo. Se trata de un intercambio bidireccional: las personas gestantes conservan células de su descendencia y, al mismo tiempo, toda persona nacida mantiene en su cuerpo células procedentes de su madre. Sin embargo, la existencia de estas células externas siempre ha supuesto un enigma para la inmunología, ya que el sistema inmunitario habitualmente identifica y ataca a lo que no reconoce como propio.

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El trabajo, dirigido por el especialista en enfermedades infecciosas pediátricas Sing Sing Way del Cincinnati Children’s Hospital Medical Center y publicado en la revista Immunity, ha profundizado en este proceso estudiando el microquimerismo materno en ratones. El objetivo de estos científicos era comprender cómo estas células exógenas logran evitar ser atacadas y de qué modo moldean el sistema inmunológico fetal.

Una madre da el pecho a su bebé (AdobeStock)

El sistema inmunitario no ataca las células maternas

Los experimentos se han basado en la cría de ratones con células inmunitarias modificadas genéticamente para expresar determinados marcadores en su superficie; esto ha permitido eliminar selectivamente estas células y observar si la tolerancia inmunológica del organismo se mantenía o, por el contrario, desaparecía.

Durante los ensayos, se ha identificado que una pequeña fracción de células inmunitarias maternas, similares a las células mieloides de la médula ósea y a las células dendríticas, siguen presentes mucho después del nacimiento. Estas células se han asociado intensamente tanto a la actividad inmune como a la proliferación de células T reguladoras, que son piezas clave para informar al sistema inmune de que no existe peligro.

El equipo de Sing Sing Way ha comprobado este vínculo eliminando de manera selectiva esas células maternas concretas en ratones descendientes. El resultado ha sido determinante: al desaparecer dichas células, también han desaparecido las células T reguladoras y con ellas la tolerancia inmunológica frente a las células maternas.

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Un freno al descontrol inmunitario

Estas observaciones sugieren que la tolerancia inmunológica vitalicia hacia las células microquiméricas maternas depende únicamente de esa minúscula población de células específicas. De privar al organismo de ellas, se instauraría un descontrol inmunitario. Por tanto, esta tolerancia requiere un mantenimiento constante y activo, lejos de ser un simple mecanismo instaurado durante la gestación.

La relevancia de estos hallazgos va más allá de la inmunología básica. Según señala Sing Sing Way, “las nuevas herramientas que hemos desarrollado para estudiar estas células ayudarán a los científicos a precisar exactamente qué hacen y cómo actúan en múltiples contextos, como las enfermedades autoinmunes, el cáncer y los trastornos neurológicos”.

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