Las empresas son responsables de que todo esté más caro, según un estudio: aprovechan para subir los precios en momentos de crisis y así ganar más

Aunque las compañías no acuerdan explícitamente los aumentos, sí se valen de un momento concreto en el que el consumidor no opone “apenas resistencia”

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Carne expuesta en un mercado en Madrid. (Mateo Lanzuela/Europa Press)

Un nuevo estudio titulado Implicit coordination in sellers’ inflation: How cost shocks facilitate price hikes revela que muchas compañías aprovechan los momentos de crisis —como la pandemia o la guerra en Ucrania— para subir sus precios y proteger sus beneficios. Esta práctica, aunque no implique acuerdos explícitos entre las empresas —que no pactan entre ellas la subida de precios al mismo tiempo—, ha contribuido a disparar la inflación reciente, según el informe.

Desde 2021, los precios han subido con fuerza en buena parte del mundo. El discurso dominante apuntaba a problemas en las cadenas de suministro, alzas del coste de la energía o aumentos de la demanda tras el confinamiento. Sin embargo, este nuevo estudio publicado en la revista científica Structural Change and Economic Dynamics sostiene que hay otro factor clave: las propias empresas, que habrían aprovechado las situaciones de crisis para subir precios de forma coordinada.

Los autores —entre ellos la economista Isabella M. Weber, conocida por sus trabajos sobre inflación— aseguran que esta subida de precios no se explica solo por la necesidad de cubrir costes, sino también por la oportunidad de incrementar márgenes de beneficio en un momento en el que los consumidores están más dispuestos a aceptar subidas.

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Coordinación sin pactos

El trabajo se basa en el análisis de 138.962 transcripciones de llamadas sobre los resultados corporativos de 4.823 empresas que cotizaron en Estados Unidos entre 2007 y 2022. Utilizando herramientas de análisis de lenguaje natural, los investigadores midieron el tono con el que los ejecutivos hablaban sobre los aumentos de los costes.

Detectaron un patrón claro: cuando los aumentos de costes eran generalizados —como ocurrió tras la pandemia o la invasión rusa de Ucrania—, los ejecutivos mostraban un sentimiento más positivo, como si se tratara de una ventana de oportunidad para subir precios sin perder competitividad. En cambio, cuando el coste solo afectaba a su empresa, eran más prudentes, temiendo que la competencia les robara clientes.

Este comportamiento sugiere una coordinación implícita entre empresas: no hace falta pactar ni conspirar, basta con asumir que todas están en la misma situación y que, por tanto, todas subirán precios.

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Cuando los ingresos no aumentan al mismo ritmo que los precios: los españoles pierden hasta 1.200 euros de poder de compra por la inflación.

Las crisis legitiman los aumentos de precios

Otro hallazgo importante es que las restricciones de oferta (como la escasez de componentes o transporte) y el contexto de crisis hacen que los consumidores acepten mejor las subidas de precios, lo que refuerza la decisión de las empresas de aumentar tarifas.

Una cita recogida en el estudio lo ilustra: “Los clientes entienden la situación. No ha habido apenas resistencia a los aumentos de precios”, afirmó un directivo de una compañía de tecnología.

Esta percepción de legitimidad social refuerza el proceso que los autores llaman “inflación de los vendedores” (sellers’ inflation), un término que remite a un concepto desarrollado por el economista Abba Lerner en los años 50.

De la subida puntual a la inflación generalizada

El estudio identifica tres fases en este tipo de inflación. Primero, una situación de crisis inicial (que los investigadores denominan shock de costes) que afecta a sectores clave como la energía o los alimentos. Después, el aumento se propaga a lo largo de la cadena de valor. Finalmente, llega la fase de conflicto, cuando los trabajadores tratan de recuperar el poder adquisitivo perdido, lo que puede desembocar en nuevas subidas salariales y más inflación.

Además, se observa que muchas empresas no bajan los precios una vez que los costes disminuyen, lo que les permite seguir obteniendo beneficios extraordinarios.

¿Qué puede hacer la política económica?

Los autores alertan de que las herramientas tradicionales, como la política monetaria (por ejemplo, subir los tipos de interés), no son suficientes para frenar este tipo de inflación. De hecho, pueden incluso castigar a los trabajadores sin afectar la raíz del problema.

Por eso, el estudio propone una “caja de herramientas” alternativa que incluya:

  • Reservas estratégicas de productos clave para evitar cuellos de botella.
  • Leyes antimonopolio más estrictas para frenar el poder de mercado.
  • Impuestos sobre los beneficios extraordinarios de las empresas.
  • Normas contra la especulación de precios en sectores esenciales.

Estas medidas permitirían mitigar el impacto de futuros shocks de costes y evitar que las empresas aprovechen las crisis para subir precios sin control.

Un fenómeno difícil de detectar, pero con efectos duraderos

Aunque el estudio se centra en grandes empresas estadounidenses, sus conclusiones pueden ser extrapolables a otras economías desarrolladas. Los autores reconocen las limitaciones en su método —por ejemplo, que los directivos pueden moderar su discurso en estas llamadas públicas—, pero sostienen que la tendencia detectada es robusta y que los efectos de este fenómeno pueden perdurar en el tiempo si no se adoptan medidas.

En un mundo donde las crisis económicas son cada vez más frecuentes, por factores tan diversos como el cambio climático, las tensiones geopolíticas o los problemas de salud pública, que las empresas se coordinen de forma tácita para subir precios puede convertirse en una fuente constante de inflación.