“Este es mi hermano, Joc”, dijo Adrew,
“Este es mi hermano, Andrew”, respondió Joc.
Andrew tenía 12 años y había vivido en 25 hogares de familias de acogida cuando su vida dio un giro inesperado gracias a su amistad con un compañero de escuela, con quien compartía su afición por los videojuegos y los deportes.
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Tras años en el sistema de acogida en Nashville, Tennessee (Estados Unidos), donde sufrió rechazos y devoluciones por parte de dos familias, fue adoptado por quien menos esperaba: los padres de su mejor amigo, Joc Gill.
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El vínculo, que había comenzado con partidas de videojuegos, meriendas y risas, se convirtió en un lazo familiar permanente. “Cuando los vemos juntos, nos alegramos de haber decidido adoptar a Andrew. Parece que estaba destinado a ser así”, afirmó Kevin Gill, padre adoptivo, en declaraciones recogidas por los medios estadounidenses.
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Kevin y su esposa, Dominique, trabajaban en el ámbito de la asistencia social infantil y conocieron a Andrew en 2018, cuando lo recibieron en su hogar como familia de acogida.
Del rechazo a una familia definitiva
La llegada a casa de los Gill no fue sencilla. Dominique recordó que el comienzo estuvo lleno de desafíos, pero decidieron no rendirse. “Sabíamos lo mucho que él quería tener un hogar”, dijo la madre adoptiva.
Los niños compartían juegos, deportes, películas y una complicidad que iba más allá de la convivencia. La amistad entre ambos se convirtió en el centro emocional de la decisión familiar.
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“Durante ese período, observé cómo se fortalecía la amistad entre Andrew y Joc, hasta que decidí que el niño no debía volver a salir de casa”, contó Dominique.
Una pregunta que lo cambió todo
El momento de la adopción fue cuidadosamente planeado para convertirse en un recuerdo imborrable. En un parque del barrio, rodeados de amigos y familiares que sostenían globos y carteles, la familia Gill le hizo a Andrew la pregunta que cambiaría su vida: si quería formar parte de la familia para siempre.
“Me preguntaron: ‘¿Aceptas?’, y yo dije ‘¡Sí!’”, relató Andrew, que aceptó sin dudarlo. Para su sorpresa, desconocía que eran ellos los que querían llevarlo consigo a casa. “No sabía que eran ellos los que querían adoptarme”, añadió.
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Una excepción en un sistema con escasas oportunidades
La historia de Andrew no es la norma. Muchos niños mayores dentro del sistema de acogida pierden la esperanza de ser adoptados, ya que la mayoría de las familias optan por menores de edad más temprana.
La pandemia de Covid-19 y las deficiencias estructurales del sistema agravaron aún más las dificultades para encontrar hogares definitivos, según apuntan organizaciones sociales.
Una vida cotidiana marcada por la estabilidad
Hoy, Andrew y Joc comparten habitaciones contiguas, videojuegos y películas, y se siguen considerando “los mejores amigos, como siempre lo han sido”, según Dominique.
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La convivencia diaria, cargada de normalidad y afecto, refleja una integración que trasciende los vínculos sanguíneos. “Lo que comenzó como una amistad forjada en videojuegos, golosinas y risas, se ha convertido en un lazo familiar inquebrantable, convirtiéndolos oficialmente en hermanos”, concluyó.