El consumo de alcohol y drogas en la Asamblea Nacional francesa vuelve al debate público. Una investigación publicada por Le Figaro ha descrito escenas frecuentes de cenas con abundantes bebidas alcohólicas dentro del Palacio Bourbon, donde algunos diputados y asesores parlamentarios regresan a las sesiones tras ingerir champán, cervezas, vino o incluso licores como whisky y ginebra.
Según ese medio, la práctica se ha extendido entre los representantes, que encuentran en estos momentos una forma de desconexión tras jornadas largas o tensas. También se alude a la idea de que estos encuentros sirven para “generar cohesión” entre miembros de los grupos parlamentarios.
La misma investigación recoge testimonios sobre el uso de cocaína dentro de las instalaciones de la Asamblea. Algunas fuentes, que prefieren mantener el anonimato, afirman que “hay consumo en despachos y oficinas” sin que ello suscite un debate ético interno o una revisión de protocolos. Una asistente parlamentaria citada por Le Figaro señala que “muchos no sienten que haya un problema”.
Casos recientes que han llegado a los medios
Entre los ejemplos más conocidos se encuentra Emmanuel Pellerin, exdiputado del partido Renaissance por los Altos del Sena, quien reconoció en 2023 haber consumido cocaína incluso tras ser elegido. Tras estas revelaciones, se apartó del grupo parlamentario. Inicialmente declaró que su consumo era anterior a su vida política, pero luego rectificó.
Otro caso ocurrió en octubre de 2024, cuando el diputado Andy Kerbrat, de La France Insoumise, fue detenido en el metro de París en el momento en que intentaba adquirir 3-MMC, una sustancia sintética conocida por sus efectos estimulantes. Kerbrat explicó públicamente que sufre una adicción y anunció que iniciaría un tratamiento médico.
Estos episodios han recibido amplia cobertura en los medios franceses y han suscitado preguntas dentro del propio Parlamento sobre los límites del comportamiento aceptable entre representantes electos.
Ausencia de medidas específicas
Caroline Janvier, diputada del mismo partido que Pellerin, ha reconocido que durante ciertas noches “circula droga” en encuentros vinculados a la actividad política. Ha señalado que las jornadas largas, combinadas con cenas que incluyen alcohol, facilitan este tipo de consumos. Janvier propuso en su momento prohibir el alcohol en la buvette de la Asamblea, pero la medida no prosperó.
En sus declaraciones, Janvier también admitió haber pasado por periodos donde el consumo de alcohol era parte de su rutina diaria. Aseguró que lo ha dejado y vinculó este comportamiento a la intensidad del trabajo parlamentario, que a menudo exige sesiones nocturnas prolongadas.
Otros parlamentarios han hecho comentarios en privado sobre estas situaciones, aunque pocos lo han abordado de forma pública. La falta de declaraciones oficiales y la inexistencia de sanciones claras refuerzan la idea de que se trata de una práctica tolerada o ignorada.
Contexto general en Francia
El fenómeno no es exclusivo de la Asamblea Nacional. Francia ha registrado en los últimos años un aumento en el tráfico y el consumo de drogas, en particular cocaína. Según el Observatorio Francés de Drogas y Toxicomanías, las incautaciones de esta sustancia han aumentado en más del doble desde 2020, lo que indica una presencia mayor en distintos espacios sociales, incluidos los institucionales.
En este contexto, la situación en el Parlamento francés se inscribe en una realidad más amplia sobre el acceso y la normalización del consumo de ciertas sustancias. Aunque algunos diputados insisten en la necesidad de tratar las adicciones como una cuestión de salud pública, no se han adoptado medidas internas para regular el comportamiento de los representantes en este ámbito.