Desde hace años, Italia se promete una modernización integral de sus infraestructuras viarias, pero mientras muchos esperaban largas reformas o complejos sistemas de pago, la verdadera revolución ha llegado de forma inesperada, discreta y, sobre todo, eficaz. Algunas autopistas italianas ya han suprimido completamente los peajes físicos. En estos tramos no hay cabinas, no hay que recoger tiques ni detenerse: el paso se realiza sin interrupciones, como si no hubiera barreras. Pero lo que más sorprende no es la eliminación de los caselli, sino el modo en que se ha resuelto el pago del peaje: con la tarjeta sanitaria electrónica.
La digitalización ha alcanzado un nuevo nivel en el norte del país. En zonas como la Pedemontana Lombarda, activa desde 2015, el modelo funciona a pleno rendimiento. A través de una simple inscripción en línea, el conductor puede asociar la matrícula de su vehículo a su perfil digital utilizando el SPID (identidad digital italiana) o, curiosamente, su tessera sanitaria —la tarjeta sanitaria nacional que normalmente se usa para servicios médicos y administrativos—.
Una vez registrada la matrícula, el sistema reconoce el coche mediante cámaras automáticas y gestiona el cobro del peaje sin que el conductor tenga que intervenir. No se trata de una suscripción ni de un dispositivo tipo Telepass. Con un pago simbólico de 1 euro para activar el servicio, basta con conducir: todo lo demás ocurre en segundo plano, sin sorpresas.
La tarjeta sanitaria como llave de acceso
El elemento central de este nuevo sistema es la tarjeta sanitaria electrónica. Una herramienta que los ciudadanos italianos ya utilizan para acceder a hospitales, recetas médicas o certificados administrativos, y que ahora se convierte también en un pasaporte vial. Una vez vinculada a la matrícula del vehículo, la tarjeta permite la circulación por ciertos tramos sin necesidad de detenerse o pasar por los tradicionales mecanismos de pago.
No hay barreras ni necesidad de llevar efectivo o tarjetas bancarias. Tampoco se requiere el clásico dispositivo en el parabrisas. Las cámaras instaladas en la autopista capturan la matrícula, la comparan con las registradas y permiten el paso. El pago del peaje se efectúa de manera automática, o bien puede saldarse posteriormente sin penalización alguna, siempre que se realice dentro del plazo estipulado. Esta flexibilidad es otro de los factores que explican el buen recibimiento que ha tenido el sistema entre los conductores.
El modelo ya ha sido adoptado por otras infraestructuras, como el tramo Asti-Cuneo, y se prevé su implementación en la circunvalación de Turín o en la conexión Ospitaletto-Montichiari, en la provincia de Brescia. En todos los casos, el objetivo es el mismo: eliminar tiempos muertos, reducir las congestiones y facilitar una experiencia de conducción más fluida.
Esta iniciativa no solo aligera el tráfico, sino que también ofrece una alternativa económica y accesible para quienes no desean o no pueden utilizar sistemas como el Telepass. Al no requerir dispositivos ni contratos adicionales, el sistema se abre a un público más amplio. Basta con estar en posesión de una tessera sanitaria electrónica, algo que ya tienen prácticamente todos los residentes en Italia.
El sistema plantea también una reflexión más amplia sobre el uso de las herramientas digitales de identificación personal. La tessera sanitaria, pensada originalmente para el ámbito sanitario, amplía ahora sus funciones al mundo del transporte, anticipando quizás una integración futura de servicios públicos bajo una única identidad digital.