
La vida en el mar ha cautivado a miles de viajeros, pero pocos pueden decir que han hecho de un crucero su hogar. Christine Kesteloo, una mujer originaria de Estados Unidos, lleva ya 12 años viviendo medio año en un barco. Su estilo de vida poco convencional le ha permitido conocer 106 países y disfrutar de numerosas comodidades apenas sin coste alguno.
Christine cuenta su vida a través de YouTube, Instagram o TikTok, seguida por más de un millón de personas en el mundo, y una reciente entrevista en el Mirror la ha hecho aún más popular. Aunque pueda parecerlo, Christine no vive de vacaciones. Está a bordo de un crucero de la línea Holland America Line, donde su marido Pete trabaja como ingeniero jefe.
“Vivimos en el camarote que se asigna a mi marido debido a su puesto. Es un lugar pequeño, pero tenemos un balcón en la proa que es perfecto para ver los amaneceres y atardeceres”, comenta Christine al medio británico. El espacio es limitado, con un baño diminuto, pero dice estar adaptada. “Para ir al baño por la noche tengo que pasar por encima de mi marido en la cama”, explica.
Las cosas que no puede hacer
Por contra, Christine no tiene que preocuparse por cocinar, limpiar o hacer su propia cama. Además, los cónyuges de los miembros de la tripulación tienen acceso gratuito a todos los espacios del barco, lo que le permite disfrutar de todas sus comodidades a excepción de algunos extras. Para otros servicios, como el spa o para compras en las tiendas del barco, goza de un 50% de descuento.
Sobre todo a través de su cuenta de TikTok, con 980.000 seguidores, Christine transmite su fascinación por la vida en el mar, pero al mismo tiempo es clara al explicar que la vida a bordo de un crucero no está exenta de limitaciones. “Puede parecer una vida soñada, pero no es así. Hay reglas que uno debe seguir, y aunque disfruto muchísimo, no todo es perfecto”, matiza.
Una de las reglas más inusuales que debe seguir es la prohibición de jugar en los casinos del barco. “No me permiten jugar en las máquinas porque sería algo raro que yo, como mujer de un responsable, ganara un gran premio. Sería visto como un conflicto de intereses, así que no puedo participar”, explica en tono de broma al Mirror.

¿Pasajera o tripulación?
La distinción entre los pasajeros y la tripulación puede volverse difusa. Aunque Christine tiene acceso a las áreas exclusivas para unos y otros, sigue reglas no escritas. Por ejemplo, cuando llega a puerto, los huéspedes desembarcan primero y ella lo hace con la tripulación, una hora después. “Es cuestión de orden y respeto, trato de ceder los espacios y servicios a los pasajeros antes que a mí”, comenta.
La rutina tampoco es idílica. Por un lado, los camarotes de los empleados no están diseñados para la comodidad ni para pasar meses a bordo. Además, las interacciones sociales son limitadas, ya que la mayoría de la tripulación está ocupada con sus tareas, y aunque tiene Christine la oportunidad de hacer amigos en los puertos de escala, la vida a bordo puede resultar solitaria en ocasiones.
A la habitual pregunta sobre qué siente en tierra firme, dice estar hecha a esa transición al ser su vida desde hace 12 años y desde hace 30 para su marido. “Después de todo este tiempo, literalmente no necesito adaptarme a la tierra o al mar, no siento la diferencia y ya no me molesta”.
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