Qué tipos de hepatitis existen y cómo se coge cada uno

Esta enfermedad provoca una inflamación del hígado que puede ser causada por varios factores incluyendo virus, consumo de alcohol, drogas, fármacos, o por una disfunción del sistema inmunológico

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El informe de la OMS advierte de un aumento en el número de muertes a nivel mundial. (ESPAÑA EUROPA SALUD MADRID HAILSHADOW).
El informe de la OMS advierte de un aumento en el número de muertes a nivel mundial. (ESPAÑA EUROPA SALUD MADRID HAILSHADOW).

Cada día, miles de personas contraen hepatitis y, sin embargo, un 80% de los afectados no tienen acceso a tratamiento. Esta enfermedad provoca una inflamación del hígado que puede ser causada por varios factores incluyendo virus, consumo de alcohol, drogas, fármacos, o por una disfunción del sistema inmunológico. Puede derivar también en enfermedades más graves como la cirrosis o el cáncer de hígado, dependiendo de su evolución a una forma crónica o aguda.

La hepatitis se clasifica principalmente en cinco tipos: A, B, C, D y E. En este artículo te explicamos en qué consiste cada una de ellas.

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Hepatitis A

El virus de hepatitis A, por ejemplo, se transmite a través del consumo de agua o alimentos contaminados y suele desaparecer sin tratamiento en unas semanas, sin volverse crónico. La prevención incluye higiene básica y vacunación, con una vacuna que alcanza casi el 100% de efectividad. Generalmente, causa una infección leve que dura unas pocas semanas, aunque en casos raros puede ser grave.

Episodio: Día mundial de la hepatitis.

Hepatitis B

Este tipo de hepatisis fecta a cerca de 260 millones de personas a nivel mundial y se transmite a través del contacto con fluidos corporales infectados, incluyendo la sangre, el semen y el líquido vaginal. Puede causar una infección tanto aguda como crónica, siendo esta última una condición grave que puede desembocar en cirrosis o cáncer de hígado.

Hepatitis C

A diferencia de la hepatitis B y A, la hepatitis C se contagia mayormente por exposición a sangre contaminada y, notablemente, no cuenta con una vacuna, aunque determinados casos pueden tratarse con antivíricos de acción directa. Y, al igual que la hepatitis B, puede convertirse en una infección crónica que puede causar daño significativo al hígado a largo plazo.

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La disponibilidad de tratamientos efectivos contra la hepatitis C ha estado marcada por la polémica en torno a las políticas de precios de las farmacéuticas, con casos controversiales como el ocurrido en Galicia, donde se reportaron muertes por la falta de acceso al medicamento Sofosbuvir. La World Hepatitis Alliance señala a las hepatitis B y C como “epidemias silenciosas”, debido a la gran cantidad de personas que conviven con estos virus sin saberlo, lo que aumenta el riesgo de complicaciones severas y la transmisión a terceros. Existe un llamado global a eliminar estas enfermedades para 2030, lo que podría prevenir millones de infecciones y salvar vidas.

Hepatitis D

La hepatitis D sólo afecta a individuos ya infectados por el virus de hepatitis B, complicando aún más la enfermedad.

Un doctor muestra un modelo de hígado (Shutterstock)
Un doctor muestra un modelo de hígado (Shutterstock)

Hepatitis E

En cuanto a la hepatitis E, similar a la A, se transmite por agua o alimentos contaminados y no conlleva una enfermedad crónica ni cuenta con vacuna. Es una forma de hepatitis que solo afecta a personas que ya están infectadas con hepatitis B, ya que necesita el virus de la hepatitis B para replicarse. La coinfección por hepatitis B y D puede provocar un empeoramiento de los síntomas y llevar a complicaciones más graves del hígado.

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Se transmite principalmente a través del consumo de agua contaminada, especialmente en áreas con saneamiento deficiente. Generalmente, causa una infección aguda que se resuelve por sí sola, pero puede ser grave en mujeres embarazadas y en personas con enfermedades hepáticas preexistentes.

Cada tipo de hepatitis tiene sus propias vías de transmisión, tratamientos y medidas preventivas, como vacunas para los tipos A y B. La identificación temprana y el tratamiento adecuado son cruciales para manejar la enfermedad y prevenir daños al hígado.