La primera ‘Dune’ que nunca pudo hacerse: iba a contar con Dalí, Mick Jagger y la banda sonora de Pink Floyd

Considerada por muchos como la “mejor película jamás hecha”, este primer intento por adaptar la novela de Frank Herbert no fracasó del todo, ya que sirvió de inspiración para obras posteriores de ciencia-ficción como ‘Star Wars’

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La Dune de Alejandro Jodorowsky
La Dune de Alejandro Jodorowsky

Mucho antes de que Timothée Chalamet se convirtiese en Paul Atreides de Denis Villeneuve, y antes incluso de que lo hiciera Kyle MacLachlan con David Lynch, hubo otra Dune. O mejor dicho, pudo haberla, puesto que esa película nunca llegó a existir en otro sitio que no fuese la cabeza de Alejandro Jodorowsky, el director detrás de un proyecto que parecía llamado a hacer la mejor película de ciencia-ficción de todos los tiempos y que terminó convirtiéndose en la mayor película jamás hecha. Eso sí, por el camino regalaría una infinidad de anécdotas y supondría un antes y un después para el cine de ciencia-ficción.

Para ello nos tenemos que trasladar 50 años atrás en el tiempo, a 1974, y conocer a Alejandro Jodorowsky, el director chileno que se embarcaría en esta primera y fallida aventura por adaptar la novela de Frank Herbert. Por aquel entonces, Jodorowsky había realizado ya varias películas y alcanzado cierto grado de prestigio como director de culto, gracias a lo vanguardistas de sus propuestas como El topo o La montaña sagrada.

Con el éxito de esta última, el productor francés Michael Seydoux llamó al director para proponerle una nueva película, con total libertad para abordar el tema que quisiera. La respuesta de Jodorowsky fue clara: Dune de Frank Herbert, “la Biblia de la ciencia ficción”, en palabras del propio Seydoux.

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Jodorowsky y Seydoux adquirieron los derechos de la novela con relativa facilidad, sorprendidos de que nadie en Hollywood pujase más que ellos: “Yo creo que se burlaban en el interior, creyendo que nunca íbamos a poder realizar tal cosa”, comentaría Jodorowsky, quien para entonces ni siquiera había leído la novela, pero que tras ponerse en marcha el plan, no tardaría en sumergirse en las arenas de Arrakis, Consciente de que se trataba de una obra muy compleja de adaptar a la gran pantalla, el chileno en seguida se puso manos a la obra para rodearse del mejor equipo posible para tamaña empresa.

Imagen de 'La montaña sagrada'
Imagen de 'La montaña sagrada'

Para realizar los primeros conceptos y diseños visuales de la película, Jodorowsky se puso en contacto con Jean Giraud, más conocido por su nombre artístico, Mœbius. Considerado por muchos como uno de los mejores dibujantes de su generación y admirado por grandes cineastas como Hayao Miyazaki o Federico Fellini, Mœbius se puso a las órdenes de Jodorowsky para volcar en storyboards - el conjunto de ilustraciones que ejercen de guion gráfico y ya pueden adelantar los enfoques y planos de las escenas- la novela de Herbert. Junto al dibujante francés, el director iría a contactar con otros grandes profesionales que le ayudasen, mientras el presupuesto seguía aumentando y aun faltaba mucho por hacer.

El siguiente al que fueron a visitar fue el supervisor de efectos especiales Douglas Trumbull, quien había estado detrás de películas como 2001: Una odisea del espacio o Naves misteriosas, dirigida por el propio Trumbull en uno de los primeros y grandes acercamientos a la ciencia-ficción moderna. Pero, tras un desencuentro con él por parte de Jodorowsky, optaron por contar con los servicios de Dan O’Bannon, quien se había encargado de los efectos de otra gran película galáctica de la época, Dark Star de John Carpenter. Las otras dos patas imprescindibles serían el ilustrador británico Chris Foss, quien se encargaría de dar forma a varios de los escenarios y naves de la película, y el suizo H.R. Giger, quien moldearía en buena medida la parte más oscura de la película, los Harkonnen, y cuyo gran trabajo serviría para que continuase con otro proyecto espacial que sí llegaría a buen puerto: Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott.

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Pero la mejor parte, o mejo dicho cuando empezó a desmadrarse todo, fue con respecto al elenco. Jodorowsky tenía claro que quería contar con el mismo hombre que le había servido de inspiración en el pasado y que ahora podía dar el pego a la perfección como el malévolo y gigantesco barón Harkonnen: Orson Welles. El otrora director de Ciudadano Kane o Sed de mal había adquirido muy mala fama con el tiempo, irónicamente tras fracasar en otro proyecto personal e irrealizable como Al otro lado del viento, pero eso es otra historia. Welles estaba por aquel entonces frecuentando los mejores restaurantes de París, y Jodorowsky se reunió a cenar con él para convencerle. Tras mucho discutirlo, Welles aceptó a cambio de un gran sueldo y, sobre todo, un chef personal que estuviera presente en el rodaje. Una promesa más que tampoco pudo cumplirse.

Porque el otro exigió altos honorarios, los que más de todos, no fue otro que Salvador Dalí. Jodorowsky admiraba al pintor español y quería que fuera él quien diese vida al emperador de la galaxia de Dune, Shaddam Corrino IV, el mismo al que ahora da vida Christopher Walken. Primero en Nueva York, después en París y más tarde en Barcelona el director hizo todo lo posible para seducir al pintor, cuya fama de excéntrico superó cualquier expectativa. “Yo trabajaré contigo, pero quiero ser el actor mejor pagado de Hollywood. Quiero 100.000 dólares la hora”, asegura que le espetó Dalí. Los productores de la película consiguieron idear la argucia de “pagarle por minuto útil” dentro de un de metraje en el que esperaban tener 3 minutos a Dalí, cinco como máximo. Pero para entonces ya era evidente que la película iba a tener unos costes desorbitados

Alejandro Jodorowsky y Jean Giraud junto a un actor caracterizado para 'Dune'
Alejandro Jodorowsky y Jean Giraud junto a un actor caracterizado para 'Dune'

Hijos de Jodorowsky

La última gran estrella que quería Jodorowsky era Mick Jagger, para el papel de Feyd-Rautha Harkonnen porque ya había decidido que a Paul Atreides lo interpretaría su hijo Brontis. El cantante de los Rolling Stones aceptó la proposición según Jodorowsky, quien lo abordó en una fiesta en París, pero no era música la que quería acompañando su película, sino la de otro grupo mítico de los 70, Pink Floyd. El agente del grupo, que se encontraba en los estudios Abbey Road de Londres terminando de mezclar su álbum The Dark Side of the Moon, se reunió con uno de los productores de la película. Jodorowsky recuerda que al principio la banda no les hizo mucho caso mientras estaban comiendo unas hamburguesas, la vehemente reacción del director les hizo escucharlo: “Empecé a insultarlos y a decirles que cómo no entendían que les estaba ofreciendo participar en la película más grande de la historia. Y entonces pararon de comer sus Big Mac y empezaron a escucharme”.

Tenían el equipo, el reparto y hasta la música, pero solo faltaba el dinero. Según Michael Seydoux, la película costaba alrededor de 15 millones en un principio, pero tuvieron que seguir buscando financiación. No la encontraron en Walt Disney Studios, que escuchó la propuesta pero se negó a llevarla a cabo, como otras tantas grandes productoras. En una Hollywood que solo se fiaba de proyectos relacionados con con otros que hubieran triunfado previamente, la Dune de Jodorowsky resultaban tan marciana que nadie quería costearla. Y así la producción se fue retrasando y retrasando, hasta que finalmente se dio por muerto y se guardó en un gran cajón del que nunca saldría. Unos años después, el productor Dino De Laurentiis se haría con los derechos y llevaría a cabo su propia película con Lynch como director, quien a su vez se enfrentaría a otros tantos problemas al ver cómo modificaban su montaje original.

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La obra de Jodorowsky nunca llegó a ver la luz, pero eso no significa que su trabajo fuera en vano. Tal y como aseguran varios expertos y profesionales de la industria en el documental en torno al proyecto, Jodorowsky’s Dune, la importancia de la película fue capital en el desarrollo de futuros proyectos, inspirados en gran medida en las ideas del director chileno y de los diseños de Moebius y del resto de artistas involucrados. Muchos de ellos terminaron trabajando en posteriores películas de ciencia ficción, como Giger junto a Ridley Scott en la saga Alien, inspirada en sus diseños de los Harkkonen.

Star Wars, Alien, Flash Gordon, Masters del universo, Desafío total, El quinto elemento... su influencia llega hasta nuestros días con la propia Dune de Villeneuve, pues probablemente ninguna de ellas hubiera sido lo mismo sin los esfuerzos de Jodorowsky. Un mesías fallido pero que tuvo la oportunidad de redimirse de una curiosa forma. Los más de 3.000 diseños de Moebius y las ideas de Jodorowsky no cayeron en saco roto, sino que encontraron una segunda vida en un cómic escrito e ilustrado por el dúo: El Incal. Y el storyboard original fue subastado hace un par de años por la friolera de 2.660.000 euros. Un dinero que en su día no le hubiera venido mal a Jodorowsky, pero que con su hazaña compró algo que no se puede medir en dólares ni euros: aparecer en la historia como el hombre detrás de la película más grande jamás hecha.