El oso sin filtros regresa a la televisión: así es ‘Ted’, la serie políticamente incorrecta que convence hasta a los jóvenes más concienciados

Creada por el autor de ‘Padre de familia’ y las películas originales, la producción se ambienta en los años 90 para contar la adolescencia de John Bennett y su osito de peluche desde un punto de vista muy novedoso

Compartir
Compartir articulo
Tráiler oficial de 'Ted, la serie'.

Cuesta encontrar hoy día películas, series o en general cualquier cosa que en seguida no sea tachada políticamente. “Esto es demasiado progre, “Esto huele a facha” y muchas más frases de este tipo suelen escucharse muy a menudo, siempre según desde el bando que se pronuncie. A nadie se le escapa que en los últimos años se han ido incorporando en nuestra sociedad debates y conversaciones en torno a cuestiones como el feminismo, la homofobia, el racismo y tantos otros temas susceptibles de generar controversia. Llegar a un punto de encuentro en una sociedad cada vez más polarizada parece imposible, pero para ello está la ficción muchas veces, para acercar posturas. Y la ficción puede que haya encontrado a su aliado más valioso en el lugar más insospechado: una serie sobre un osito de peluche.

Puede que muchos recuerden a Ted, el malhablado y grosero oso que tuvo no una sino dos películas en la gran pantalla, de la mano de Seth MacFarlane dirigiendo, escribiendo y prestando voz al oso con Mark Wahlberg a su lado como John Bennet, el humano y mejor amigo de Ted. MacFarlane ya era conocido por ser el creador de Padre de familia, una serie inscrita en el humor más reaccionario de Estados Unidos que había dibujado en Peter Griffin una versión mucho más políticamente incorrecta que lo que jamás sería Homer Simpson.

Con Ted, MacFarlane daba el salto al cine, y aprovechaba el concepto del osito de peluche para presentar una película que repetía algunos esquemas de Padre de familia, con un humor ciertamente incómodo y que por momentos podía resultar misógino u homófobo. La segunda película, que ya había tenido una acogida mucho más fría que su predecesora, evidenciaba que cada vez había menos espacio para ese humor rancio en una sociedad que comenzaba a orientarse hacia lo que se conocería como “fenómeno woke”, es decir, mucho más concienciada y comprometida con las realidades sociales de nuestro tiempo. Uno podría pensar que en los tiempos que corren ya no habría sitio para un oso que fuma marihuana, bebe y dice muchos tacos, pero MacFarlane tenía guardado un gran as bajo la manga en forma de serie de televisión.

En 'Ted' nos reencontramos con unas versiones jóvenes de John Bennett (al que daba vida en las películas Mark Wahlberg) y Ted, al que sigue poniendo voz Seth MacFarlane
En 'Ted' nos reencontramos con unas versiones jóvenes de John Bennett (al que daba vida en las películas Mark Wahlberg) y Ted, al que sigue poniendo voz Seth MacFarlane

Viajando atrás para ir hacia delante

De este modo ha visto la luz Ted, la serie enmarcada en el mismo universo que las películas y que llega este próximo día 22 de febrero a SkyShowTime, la plataforma que también está disponible en otros dispositivos como Movistar+. Dirigida y producida por el propio Seth MacFarlane, la serie cuenta con los guionistas de las dos películas Alec Sulkin y Wellesley Wild pero añade a la mesa un nuevo equipo formado por gente de otras sitcoms como Modern Family y sobre todo voces nuevas y diferentes (Charlene DeGuzman, Hannah Murphy) que sin duda han podido tener un gran impacto en el ligero cambio de rumbo de la serie. Porque la serie de Ted sigue siendo la historia de un oso que fuma marihuana, bebe y dice muchos tacos, pero hay algo en ella que se siente distinto a las películas.

La serie viaja atrás en el tiempo, en concreto a 1993, para presentarnos la adolescencia de Ted y de John Bennet (Max Burkholder), quienes viven con los padres de este y con su prima Blaire (Giorgia Whigham), cuya presencia es imprescindible para entender el cambio en la serie. A pesar de estar ambientada mucho antes de los eventos de la película, la serie tiene cierta mirada contemporánea, introduciendo entre chiste y chiste un comentario político y social, ya sea sobre antisemitismo, racismo o feminismo. Manteniendo la esencia macarra y subversiva de las películas, Ted muestra una mirada menos cínica y más abierta a reflexionar sobre ciertas cuestiones, libre de prejuicios fachas o woke.

Lo que deviene de esta curiosa mezcla es una serie tan fresca e inédita en el panorama audiovisual contemporáneo, que ha conseguido que pueda gustar a todo tipo de personas, tanto a la gente que le encantaban las soeces ocurrencias de las películas como a un público mucho más comprometido y concienciado. Para entender por qué una serie que sigue recurriendo en gran medida a chistes y comentarios políticamente incorrectos puede llegar a calar en este último sector, hablamos con Nacho Cea y Víctor Soho, dos jóvenes de la llamada Generación Z y con amplia formación en el terreno audiovisual -ya sea programando en CineZeta o direcamente haciendo cine- que han entrado de lleno en su particular propuesta.

Soho reconoce que fue a través de una red social tan utilizada principalmente por los jóvenes como TikTok, en la que encontraba clips de Padre de familia insertados debajo de otros vídeos, como empezó a interesarse por MacFarlane: “Esto coincidió con el estreno de la serie de Ted, así que entré porque noté que estaba quitándome ciertos prejuicios que me impedían disfrutar de las obras de MacFarlane”. A Cea, por el contrario, ya le gustaban las películas, aunque es el cambio de formato lo que ha hecho la diferencia. “La serie lo devuelve a ese espacio donde mejor brilla esa tensión entre la imagen blanqueada de la familia tradicional y el osito de peluche que despliega su perversión, todo ello enmarcado en los códigos del programa familiar por antonomasia: la sitcom”.

Matty (Scott Grimes) es el personaje más decididamente rancio de la serie, pero también uno de los que más evoluciona y sobre el que más se profundiza a lo largo de esta
Matty (Scott Grimes) es el personaje más decididamente rancio de la serie, pero también uno de los que más evoluciona y sobre el que más se profundiza a lo largo de esta

Problemas de siempre, soluciones insospechadas

A través de siete capítulos de unos 35 minutos de duración, la serie parte del género de comedia adolescente -con el añadido fantástico de tener un oso de peluche que habla- para hablar de temas como el bullying, los vicios de la adolescencia como las drogas y el porno o la búsquedad de la identidad personal. Pero lo hace desde una mirada nueva, curiosa y libre de prejuicios sin por ello prescindir de confrontar ciertos temas y actitudes que ya han quedado atrasadas. “Cada capítulo trata sobre algún tema sociopolítico importante de nuestra época, pero también de la que representa la serie, los años 90. Con esto, no solo piensa sobre temas de nuestro día a día, sino que complejiza la nostalgia noventera de la que participa, al mostrar problemáticas menos atendidas en ese momento, aunque igual de presentes”, señala Nacho Cea.

Y así comenzamos a ver más allá de las pesadas bromas de Ted y John para encontrar los problemas matrimoniales de Matty (Scott Grimes) y Susan (Alanna Ubach), las insatisfacciones laborales y personales de esta última o incluso las contradicciones de la moralista sobrina Blaire, quien ejerce en gran medida de esa mirada despierta que rodea y cuestiona algunos de los comportamientos de la familia, pero también los suyos propios. “Blaire tiene un papel fundamental en su capacidad de tensar el tejido de la comedia obscena al interior del espacio acogedor-familiar. También en mostrar la complejidad de las relaciones de cariño que se pueden dar dentro de la hostilidad del hogar”, explica Cea. Porque la serie tampoco duda en ridiculizar a Blaire en determinados momentos y mostrar sus contradicciones, pero la clave está en su forma de hacerlo, con un humor que puede generar risas incluso entre el público más concienciado con el racismo, el antisemitismo o el feminismo.

“Al contrario de las películas que si tienen momentos de buscada provocación, de decir bastadas siendo consciente de que son horribles y buscando cabrear a ciertos sectores de la población, siento que aquí ese tipo de humor no sirve a otro propósito que el contrario, ser especialmente hogareño, no incómodo. Es un humor orgullosamente cisheterosexual blanco con todo lo que ello implica de reaccionario, pero no siento que por ello busque ser oposición a nada, sin más existe en su propia burbuja donde ese humor le resulta agradable”, reconoce Soho, una teoría que apoya también Nacho: “Ted no rompe, ni pretende romper el statu quo con su humor grosero y vulgar. No es una maniobra calculada, ni una pose o postura para crear polémica. Es su zona de comfort. No es la contraposición a la comodidad de los códigos de la sitcom, es parte de estos, se imbrica en ellos, es parte de la domesticidad de la serie”.

Blaire, el personaje interpretado por Giorgia Whigham y que ejerce como contrapunto de algunas de las dinámicas familiares
Blaire, el personaje interpretado por Giorgia Whigham y que ejerce como contrapunto de algunas de las dinámicas familiares

En su interpretación de la serie como personas queer, Soho y Cea ven un gran avance con respecto a otras sitcoms, ya que aunque mantenga en gran medida el humor que puede hacer reír a la gente más conservadora -y en la serie hay desde chistes con Ana Frank a humor escatológico-, también invitan a cuestionar su propia posición de privilegio. “Es menos conservadora que Friends o Cómo conocí a vuestra madre, no por ser menos misógina o racista, sino justamente por no intentar ocultarlo e, incluso, llegar a problematizarse a sí misma, como en el capítulo de Navidad, justamente gracias a esa autoconsciencia. No digo que sea políticamente liberadora, sino que por la saturación y aceptación de sus características reaccionarias el debate es más abierto, más posible”, argumentan.

En definitiva, Ted es una de esas series que, partiendo de algo tan aparentemente común y familiar, consigue enseñarnos nuevas formas de abordar ciertos temas sin por ello perder un ápice de humor. No pretende regodearse en tiempos pasados que fueron mejores porque “se podían hacer bromas con todo” ni tampoco adoptar un tono aleccionador y condenatorio. “Hay pequeñas y genuinas redenciones de todos los personajes, pero esta redención no es total, es bonita y amarga a la vez, pues el statu quo sigue operando libremente”, concluye Cea, consciente, como la serie, que las cosas no son del todo blancas o negras ni se pueden solucionar de un día para otro. Ted sabe que nunca se podrá agradar a todo el mundo, pero también que no hay nada más poderoso en el mundo para unir a todos que una buena carcajada.