Luis López Carrasco, ganador del Premio Herralde con ‘El desierto blanco’, una novela de ciencia ficción generacional tan poética como política

El cineasta conocido por ‘El año del descubrimiento’, compone una historia distópica cargada de paisajes reales y alucinados que reverberan en nuestro presente

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Luis López Carrasco y su novela 'El desierto blanco' (Anagrama), Premio Herralde 2023.
Luis López Carrasco y su novela 'El desierto blanco' (Anagrama), Premio Herralde 2023.

Con su primera novela, Luis López Carrasco ha ganado la última edición del Premio Herralde gracias a El desierto blanco (Anagrama), una distopía generacional que nos enfrenta a algunos de los males de nuestro tiempo, desde la precariedad laboral a la soledad dentro de un mundo tecnológico, pasando por el malestar crónico y la sensación de derrumbamiento político.

Son muchos de los temas que ya estaban presentes en la obra cinematográfica del autor, tanto desde el colectivo Los Hijos como en sus proyectos individuales, entre ellos, El futuro y El año del descubrimiento, por la que ganó el Goya al mejor documental en 2020.

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Solo que, en esta ocasión, el realismo que le había caracterizado, se cubre de una pátina de ciencia ficción, un género que había practicado en el libro de relatos previo titulado Europa. “Tengo como muy diferenciado desde hace ya muchos años los proyectos cinematográficos de los literarios, a los que puedo dotar de un aspecto más imaginativo, más fabulador. Aunque es cierto que, en El desierto blanco, también hay un retrato de la España de 2010 en adelante, con una voluntad explícita de conectar con la textura social de nuestro tiempo”, cuenta el autor a Infobae España.

Un fotograma de la película 'El año del descubrimiento', de Luis López Carrasco, ganadora del Goya al mejor documental en 2020.
Un fotograma de la película 'El año del descubrimiento', de Luis López Carrasco, ganadora del Goya al mejor documental en 2020.

Su pasión por el cine y la literatura se remonta a la adolescencia, de forma que fue desarrollando ambas aficiones de forma paralela, estudiando casi al mismo tiempo en la escuela de cine mientras hacía cursos de escritura creativa. Con 20 años, escribía guiones de cortos de ciencia ficción, pero, con el paso del tiempo, se dio cuenta de que era difícil rodarlos por falta de recursos. Así que se centró en la ficción como un fin en sí mismo, como un medio para expresar la propia interioridad.

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En cualquier caso, algunos de los directores que pertenecen a su círculo más íntimo, también han combinado en sus trabajos la realidad con el género syfy, como es el caso de Chema García Ibarra en Espíritu Sagrado o Ion de Sosa en Sueñan los androides. También Nacho Vigalondo en buena parte de sus obras, desde Cronocrímenes a Colossal. “Hay una conexión ahí muy fuerte en cuestión de influencias de clásicos anglosajones de los años cincuenta y por algún motivo, a todos nos gusta mirar la realidad desde un punto de vista especulativo”.

Juegos de supervivencia en un entorno hostil

El desierto blanco comienza con un juego de supervivencia simulado para conseguir un empleo. A cada uno de los participantes se le asignará un rol que tendrá que defender para que no sea sacrificado por el grupo. Así de cruel es el capitalismo. El protagonista se llama Carlos, aunque a lo largo de la novela se irán cambiando las voces narrativas, que se encargarán de configurar un mosaico de memorias que basculan entre las aventuras y la melancolía, así como por la sensación constante de espejismo.

El cineasta y escritor murciano Luis López Carrasco junto a la autora argentina Camila Fabbri. EUROPA PRESS
El cineasta y escritor murciano Luis López Carrasco junto a la autora argentina Camila Fabbri. EUROPA PRESS

“El punto de partida fue precisamente el final del libro. Lo escribí en una tarde y me gustó la imagen de un hermano que sabe que está muy lejos del otro y se encarga de recordarle su pasado. A partir de ahí, fui tomando notas para enhebrar diferentes historias que hablaban desde el futuro sobre lo que dejaron atrás”, cuenta Luis López Carrasco que, además, afirma estar influido por Juan José Saer, uno de los grandes exponentes de la vanguardia posborgiana, también Luis Goytisolo y Luis Magrinyà.

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“Quería ir salpicando historias de carácter generacional, tanto individuales como colectivas, que tuvieran que ver con la gente que emigró, con cómo era la búsqueda de empleo, la precariedad laboral eterna, estando toda la vida en prácticas y no siendo capaz de tener un trabajo estable”.

Paisajes reales y artificiales

Dentro de todo eso, encontramos un accidente de avión en un paraje exótico, un fin de año entre amigos jugando a Los lobos de Castronegro, un éxodo a otro planeta y el encierro del hermano del protagonista en la casa de su infancia. En realidad, cada capítulo, funciona casi de forma independiente, aunque entre cada uno corra una corriente subterránea que tiene que ver con las catástrofes, ya sean más aparatosas o más nimias, ambas igual de trascendentes y que, de alguna manera, ayudan a generar ese extrañamiento que domina las páginas.

“La idea central es la de una pareja que emigra en el futuro, pero estaría como fuera de campo, y la trama habría que ir como reconstruyéndola a través de las pequeñas insinuaciones o comentarios que van dejando caer los narradores. Es algo que me interesaba, que conecta con toda la narrativa de autores no transparentes, o no del todo fiables o elusivos que hay en la historia de la literatura, en cuyos relatos, el lector tiene que situarse como una especie de detective”.

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También hay referencias a cuestiones y personas de la vida pública que son por todo conocidas y que se explican a través de notas a pie de página (desde Irene Villa a José Luis Rodríguez Zapatero, pasando por Guantánamo o el Compact Disc) que de alguna manera sirven para convertir nuestro presente en algo remoto y cerrado.

Un fotograma de 'La aventura', de Michelangelo Antonioni, en el que Monica Vitti mira al paisaje al mismo tiempo bello, hostil y misterioso
Un fotograma de 'La aventura', de Michelangelo Antonioni, en el que Monica Vitti mira al paisaje al mismo tiempo bello, hostil y misterioso

El paisaje se convierte en un elemento fundamental en la novela. De alguna manera, todos los personajes miran al horizonte. Un horizonte que en ocasiones es digital y otras veces casi alucinado, pero también está el paisaje de la memoria, y también la fascinación por perderse dentro de él, como le ocurría en La aventura, de Michelangelo Antonioni.

“El quinto episodio, cuando el hermano se recluye en la casa familiar, es como uno historia de fantasmas, solo que en esta ocasión, los fantasmas, en vez de estar dentro de la casa, están fuera. Es un ejemplo de cómo quería tratar nuestra relación con el espacio físico que habitamos. Por eso, le dedico tiempo a ubicar y caracterizar cada entorno, que a veces es real y otras casi mental, pero casi siempre resulta un tanto amenazante y misterioso, a veces casi a punto de borrarse o difuminarse, porque al final el libro trata de hacia dónde nos proyectamos, ¿cuál es nuestro horizonte?”