
En 1986, John Woo firmaría la película fundacional que constituiría un género en sí mismo al que se llamó Heroic Blooshed. A Better Tomorrow (en castellano, Un mañana mejor) tenía la virtud de recoger toda la tradición cinematográfica del cine de Hong Kong, pero filtrada a través de un poderoso estilo que era capaz de hermanar los fundamentos aurorales con los del ‘blockbuster’ industrial.
Así nació un nuevo género que aunaba la acción, los esquemas del cine negro y el policíaco insuflando un nuevo sentido a todos los parámetros hasta ahora conocidos, aportando influencias esenciales que le daban a la mezcla un sabor de lo más sorprendente al incluir, por ejemplo, elementos del western heredados de Sam Peckinpah y del polar francés versión Jean-Pierre Melville sobre todo en lo relacionado con el diseño de los personajes y el tono existencial.
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En el aspecto visual, Woo aportó un toque de elegancia a la hora de coreografiar unos tiroteos que escapaban a los límites de la realidad para convertirse en bellos malabarismos balísticos que rozaban el plano de la fantasía abstracta.

Woo experimentó con la cinética de la imagen, y aceleró y ralentizó el movimiento provocando estiramientos temporales que servían para realzar cada una de las situaciones que tenían lugar en el seno de secuencias escenográficamente muy complejas.
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Rasgos de estilo: tiros, palomas y espectáculo
La acción adquiría una magnitud épica, casi al borde del delirio, del éxtasis visual. La pirotecnia estilística se componía de ornamentadas danzas de balas y pólvora a medio camino de la poesía y el espectáculo circense que adquieren razón de ser dentro de su propio carácter excesivo.
Además, John Woo, perfiló las características de un tipo de héroe específico, esculpiéndolas sobre los rasgos del rostro cool de Chow Yun Fat (su actor fetiche), que logró dotar a sus personajes de alma, de una dimensión humana hasta ahora inédita en este tipo de películas, y les aportó sentimientos y valores, dignidad y honor.
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A Better Tomorrow tan solo fue la punta del iceberg. El estilo Woo fue perfeccionándose, depurándose hasta alcanzar una maestría absoluta en The Killer (El asesino) (1989), concebida como un homenaje manifiesto al film de Jean-Pierre Melville, El silencio de un hombre (1967), y llegando a su punto climático más desaforado en Hard Boiled (Hervidero).
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Fueron años de esplendor dentro de la industria de Hong Kong, que de repente se situó como una de las cinematografías de referencia dentro del panorama internacional, y uno de los focos principales en cuanto a la irradiación de tendencias dentro del género de acción. Esto supuso la proliferación de una buena nómina de directores que se limitaban a repetir las bases sobre las que John Woo habían asentado su estética.
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De Hong Kong a Hollywood
En ese punto, fue cuando John Woo fue captado por Hollywood para repetir sus esquemas dentro de la industria norteamericana, comenzando con Blanco humano (1993), junto a Jean-Claude Van Damme y continuando con Broken Arrow (Alarma nuclear), protagonizada por John Travolta y Christian Slater.
La fórmula parecía funcionar en la perfección, y Woo ya se encontraba cómodo dentro de este star-system cuando perpetraría su gran obra maestra fuera del territorio asiático, Cara a cara, de nuevo con Travolta y con Nicolas Cage, que se convirtió en un éxito de taquilla.

Y ahí, en ese punto álgido, fue cuando Tom Cruise, siempre a la búsqueda de directores que le proporcionaran una visión diferente a sus películas, lo fichó para Mission: Impossible II. Y llegó el descalabro. Siempre ha sido considerada la peor de la franquicia, pero también la más reivindicable por su tono absolutamente delirante.
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A partir de ese momento, Woo compaginó algunas producciones en Hollywood con el regreso a su país de origen, donde ha permanecido hasta el momento. Ahora, regresa con una nueva película, mientras prepara el remake internacional de The Killer.
Se trata de Noche de paz, está protagonizada por Joel Kinnaman (al que conocimos en la serie The Killing) y la colombiana Catalina Sandino Moreno. En ella, un padre atormentado es testigo de la muerte de su hijo y comenzará un camino de venganza que lo conducirá por una senda de violencia y de locura. Un esquema que le sirve al director para volver a su terreno favorito, el del desenfreno, los tiroteos en la que demuestra que continúa manteniendo la depuración de su estilo, elegante y repleto de ideas originales.
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