Alcaraz gana su primer Wimbledon ante Djokovic entre imposibles: tie-break y un juego de casi media hora

El tenista murciano hace historia sobreponiéndose a todas las adversidades y convirtiéndose en el tercer tenista español masculino de la historia que conquista la Catedral del tenis

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Alcaraz celebra un punto ante Djokovic (REUTERS).
Alcaraz celebra un punto ante Djokovic (REUTERS).

“Probablemente va a ser el mejor momento de mi vida”, vaticinaba Alcaraz antes de entrar en la pista central del All England Club. Allí, tenía una cita con la historia. Debía recoger el testigo de Manolo Santana y Rafa Nadal para convertirse en el tercer tenista español capaz de reinar en Wimbledon. Y acudió a ella con puntualidad inglesa. “Para ser el mejor hay que ganar a los mejores”, anunciaba el español durante la previa, consciente de que enfrente estaba Djokovic, el tenista con más Grand Slams de la historia que afirmaba tener “más hambre” que Alcaraz. Sin embargo, el que se llenó el estómago fue el español que ganó su primer Wimbledon por 1-6 / 7-6 / 6-1 / 3-6 / 6-4.

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La final cumplió con las expectativas generadas entre los presente. Personalidades de todas las partes del globo terráqueo se dieron cita en la pista central. Desde actores y cantantes hasta miembros de la realeza inglesa y española, con el Felipe VI a la cabeza. Nadie quería perderse el partido entre los dos mejores tenistas de la historia. “Jugar una final aquí es algo que he soñado cuando empecé a jugar al tenis” y cuando uno lo desea con tanta fuerza, está preparado para el momento. Alcaraz inició el partido algo atenazado, con excesivo respeto por su rival y con lo ocurrido en Roland Garros hace poco más de un mes en el recuerdo. En París, también con Djokovic como protagonista, los nervios atenazaron sus músculos y le impidieron rendir a su máximo nivel. Este domingo, en Londres, el desenlace fue completamente distinto.

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Tuvo respeto a Djokovic, pero no miedo

“Espero no jugar con tantos nervios como en Roland Garros. Intento dejar todos los nervios fuera, disfrutar el momento. En París no lo hice, no disfruté nada. Prepararé el partido de forma diferente, espero no tener calambres. Es una revancha conmigo mismo, de lo que pasó, de aprender de ello, va a ser una lucha personal, de no querer que me pase lo mismo, de mejorar, de hacer las cosas diferentes”, apuntaba.

Alcaraz posa con el trofeo de Wimbledon (REUTERS).
Alcaraz posa con el trofeo de Wimbledon (REUTERS).

El primer cambio fue su mentalidad. En Wimbledon se concienció de que podía Djokovic era humano y podía ganar la final cuya diferencia de edad entre los dos jugadores era de 16 años, de las más amplias vistas en Grand Slam. Si hay alguien que puede acelerar el relevo generacional es él

Ni si quiera el show de Djokovic, centrado en jugar más con los nervios de Alcaraz que con la raqueta, pudieron frenar al murciano. El serbio rozaba el warning en cada saque, estirando al máximo el tiempo para realizar su servicio. Así se llevó la primera manga prácticamente inmaculada, sólo cediendo un juego.

Del ostracismo a destrozar al serbio en su terreno

Tras superar los nervios iniciales comenzó a reencontrarse con su tenis. A sentirse cómodo sobre la pista. Su dejadas pasaron de no superar la red a ser imposibles para Djokovic. La derecha le permitió minar la moral del serbio y su resto frustró todos los intentos de Novak por hacer daño a un Alcaraz que se había convertido en un gigante. Al balcánico de pronto no le salía nada. Tenía que tirar de varios golpes ganadores para ganar los puntos, y en ocasiones ni así le era suficiente.

Alcaraz celebra su victoria ante Djokovic en Wimbledon (REUTERS).
Alcaraz celebra su victoria ante Djokovic en Wimbledon (REUTERS).

El desenlace del segundo set se decidió en la muerta súbita y en ese escenario, en el cara o cruz, Djokovic suele ser el mejor. En Roland Garros ganó los seis que disputó sin cometer un solo error no forzado. En Wimbledon había jugado otros y seis y todos cayeron de su lado. Tenía que llegar Carlos para romper esa racha ganadora. Al igual que su imbatibilidad en la pista central del All England Club, donde acumulaba una década sin perder.

Lo consiguió no sin antes sudar, especialmente en un juego de la segunda manga que se fue hasta los 26 minutos. Ambos se resistían a caer. Ninguno quería dar su brazo a torcer, pero quien hincó la rodilla fue Djokovic y con el lo hicieron las posibilidades de encarrilar el partido. El serbio buscaba llevar el partido a su terreno. Ese de puntos cortos y manejo de nervios en el que tan cómodo se siente y tanto daño puede hacer al rival. Huía el golpe a cuerpo, sabedor de que Alcaraz le gana el aspecto físico.

Ivanisevic, entrenador de Djokovic, afirmó en Roland Garros no saber las razones por las que Alcaraz era favorito ante su pupilo. Ahora, un mes después, es posible que ya las sepa. Alcaraz ha dado un golpe encima de la mesa consagrándose como el mejor tenista del mundo. Y su reinado no ha hecho más que empezar.

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