Dolly Parton ocultó durante décadas una colección de tatuajes que no respondían a una declaración estética, sino a una necesidad práctica: disimular las cicatrices que dejaron en su piel diversas intervenciones quirúrgicas y enfermedades.
La cantante, fallecida el 25 de agosto a los 80 años, habló en distintas ocasiones sobre su relación con la tinta.
“Tengo algunos tatuajes, eso es cierto”, confirmó a People en 2020. “Pero son de buen gusto. No soy una chica de tatuajes”.
La artista explicó que su piel muy clara tendía a formar queloides, cicatrices que no perdían el tono morado con el tiempo. Esa particularidad la llevó a recurrir a diseños de colores pastel para cubrirlas.
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“Mis tatuajes son bonitos, artísticos, y generalmente empezaron para cubrir alguna cicatriz, no para hacer una gran declaración”, dijo Parton.
Los motivos que eligió fueron mariposas, lazos y cintas. En una entrevista con el difunto Larry King en 2016, amplió la explicación:
“Tengo tendencia a las cicatrices queloides, y a veces no pierden el color morado, así que empecé a ponerme pequeñas cosas en tonos pastel para disimularlas, aquí y allá, pero no iba a ser una chica de motocicletas ni nada por el estilo”.
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Uno de los tatuajes más llamativos que describió fue el que se hizo sobre una marca que le dejó una sonda de alimentación.
“Estuve muy enferma durante un tiempo y tuve que usar una sonda de alimentación que me dejó una hendidura en el lado. No me gustaba porque soy tan blanca que las cicatrices se me ponen moradas”, relató.
La solución fue convertir esa marca en algo distinto: “Me tatué una pequeña colmena amarilla y marrón con una pequeña abeja encima. La boca de la colmena es ese pequeño hundimiento”, contó. “Me gusta sacar algo positivo de algo negativo”.
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En octubre de 2021, en una entrevista con la revista W, Parton volvió sobre el mismo tema:
“La mayoría de mis tatuajes surgieron porque soy muy blanca y tengo tendencia a dejar cicatriz con cualquier corte. He tenido cirugías por distintas cosas, y si las cicatrices no sanaban bien, simplemente me ponía tatuajes para quitarles el impacto. No tengo los tatuajes oscuros y pesados. Los míos son todos en pastel. ¡Y tengo más de uno!”.
Sus tatuajes rara vez fueron visibles en público, en parte porque la mayoría de sus atuendos incluían mangas largas.
En 1996, durante una entrevista con Jay Leno, confirmó que tenía un pequeño ángel tatuado en la parte superior del brazo. En 2012, durante la premier de Joyful Noise, pareció mostrar una flor rosa en el esternón con un vestido de escote pronunciado.
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Sobre la posibilidad de tatuar a su esposo, Carl Thomas Dean, fallecido en marzo de 2025 a los 82 años, Parton fue directa: “No, él está tatuado en mi corazón”.
Y añadió con humor: “¡Quién sabe, quizás me haga más después. Puede que tenga que cubrirme de tatuajes para que todo el mundo tenga razón!”.
Los últimos días de Dolly Parton
Dolly Parton pasó los últimos seis meses de su vida recluida en su mansión de Tennessee, con el cabello perdido por los tratamientos oncológicos y consciente de que sus días estaban contados, mientras proyectaba ante el público una imagen que ocultaba la gravedad real de su estado.
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Su equipo describió la suya como una “breve batalla” contra el cáncer, pero fuentes cercanas a la artista aseguran que llevaba meses enferma y bajo tratamiento.
Cuatro días antes de su muerte, Parton concedió una entrevista en la que atribuyó sus problemas de salud al desgaste emocional provocado por la pérdida de su esposo.
“Estoy lidiando con algunos problemas de salud a los que simplemente no presté atención mientras cuidaba a Carl”, declaró a People.
La realidad, según fuentes cercanas, era más grave. “Sus problemas de salud eran mucho peores de lo que estaba dispuesta a decirles a sus fans, y estuvo muy mal durante muchos meses. No quería que el mundo supiera que estaba muy enferma”, señaló un informante.
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