Aunque han transcurrido más de dos décadas desde que se estrenó Náufrago (Cast Away), a Tom Hanks todavía le resulta imposible observar sin incomodidad una “dolorosa” escena de la película. Por ello, dijo que prefiere “abandonar la habitación”, si es que dicho momento aparece en pantalla.
El actor, ganador del Óscar, compartió la confesión durante su participación en el podcast británico The Rest Is Entertainment, conducido por Marina Hyde y Richard Osman.
El momento en cuestión es el reencuentro entre Chuck Noland y su pareja Kelly, interpretada por Helen Hunt, cuando el personaje de Hanks regresa a la casa de ella tras años de supervivencia en una isla desierta. En esa secuencia, Chuck devuelve el reloj con la fotografía de Kelly que su cónyuge le había entregado antes que sucediera la tragedia.
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Al recorrer la casa, el personaje toma consciencia que su esposa ha continuado con su vida tras pensar que él estaba muerto.
Sin embargo, para Hanks, ese instante no funciona como debería. El actor explicó la autocrítica cuando le preguntaron sobre “cometer errores en el trabajo”.
“Hay un momento… fue doloroso para mí en ‘El náufrago’, en el que estoy de vuelta y Chuck está en la casa de Kelly y le devuelve el reloj… y hay un momento en el que simplemente siento que no estoy ahí”
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“Todo el peso de la escena recae sobre mí; pero hago este gesto que simplemente siento que es falso y es yo y no es Chuck”.
El actor explicó que no fue consciente de ese problema durante el rodaje. Solo al ver la película terminada entendió lo que le incomodaba y su aparente error. Esa sensación es la que lo lleva a evitar por completo la escena. “Si la película está puesta, me levantaré y saldré de la habitación antes de que llegue esa escena”, precisó.
Una película marcada por el sacrificio físico extremo
Náufrago, dirigida por Robert Zemeckis, se convirtió en uno de los grandes éxitos del año 2000 y le valió a Hanks una nominación al Óscar. Sin embargo, el proceso de filmación también implicó fuertes sacrificios.
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Había dos etapas muy definidas que tenían que registrarse en cámara: un hombre fuera de forma al inicio de la historia y, luego, a un náufrago demacrado tras años de aislamiento. Para lograrlo, el actor tenía que subir (y luego bajar) cerca de 50 libras, además de dejar crecer su barba y su cabello.
Para que esa fluctuación se concrete sin poner en riesgo a Hanks, el director Robert Zemeckis propuso filmar ambos tramos del largometraje con un año de diferencia. No deseaban recurrir a trajes prostéticos o efectos digitales.
Esa decisión obligó a una negociación particular con el estudio, relató el actor. “Bob llevó eso a 20th Century Fox y pensaron que estábamos locos, por lo que tuvo que crear todo un acuerdo distinto”.
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Para destrabar la pausa de un año, Tom Hanks se comprometió a protagonizar otra producción en ese período: el filme de terror “What Lies Beneath”, junto a Harrison Ford y Michelle Pfeiffer.
“El reto más difícil fue el tiempo. Ojalá hubiera podido tomar una pastilla para perder todo el peso; la realidad fue que tuve que empezar en octubre, con la certeza de que volveríamos a filmar en febrero”, comentó la estrella de Hollywood. “La idea de enfrentar cuatro meses de vigilancia constante sobre lo que comía, además de dos horas diarias en el gimnasio dedicadas únicamente a una rutina monótona de ejercicio, resultaba abrumadora. Hay que superar todo eso casi mediante algún tipo de truco mental. No es glamoroso”.