La Universidad de El Salvador (UES) impulsa un monitoreo especializado en la Laguna Bruja y la Laguna de Apastepeque, ubicadas en el departamento de San Vicente, para conocer la calidad del agua y descartar o confirmar la proliferación de cianobacterias, lo cual permitirá la toma de decisiones de acuerdo con los hallazgos.
Según informó la UES a través de sus canales oficiales, equipos científicos realizaron una nueva jornada de muestreo en ambos cuerpos de agua con el objetivo de monitorear la proliferación de cianobacterias y actualizar el nivel de riesgo para las comunidades locales.
El seguimiento, efectuado por el personal del Laboratorio Toxicológico de la UES (LABTOX UES), responde a la necesidad de mantener una vigilancia constante sobre los ecosistemas acuáticos, tras incidentes recientes en la zona. De acuerdo con la información compartida por la universidad, este monitoreo se enfoca en determinar las concentraciones celulares de cianobacterias, identificar las especies presentes y evaluar si producen toxinas que puedan representar riesgos para la salud humana y el ambiente.
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La Laguna de Apastepeque ha sido centro de atención luego de que técnicos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) detectaron niveles muy bajos de oxígeno disuelto en el agua. Tras una inspección técnica motivada por denuncias ciudadanas sobre peces muertos en la superficie, los especialistas del MARN constataron que el oxígeno disponible se mantenía en niveles críticos, comprometiendo la supervivencia de especies como las tilapias. Durante el recorrido más reciente, ya no se observaron ejemplares muertos, pero el análisis de muestras indicó que la situación del ecosistema sigue siendo preocupante.
La investigación de la UES busca aportar datos actualizados y fiables para la toma de decisiones basadas en evidencia científica. Los resultados permitirán a las autoridades actualizar los niveles de riesgo para actividades recreativas y fortalecer la protección de los recursos hídricos. De acuerdo con la Universidad, la recolección de muestras se realizó mediante equipos especializados y la participación de personal capacitado, quienes analizaron parámetros fisicoquímicos y biológicos.
El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales atribuyó la reducción del oxígeno en la laguna a la interacción de bajas temperaturas y vientos recientes, factores que ocasionaron la mezcla de agua profunda, carente de oxígeno, con la capa superficial. Esta alteración redujo la cantidad de oxígeno disponible, lo que provocó cambios en el comportamiento de los peces y puso en alerta a las comunidades cercanas.
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La proliferación de cianobacterias y los bajos niveles de oxígeno disuelto pueden estar vinculados a fenómenos como la eutrofización, donde el exceso de nutrientes provenientes de fertilizantes agrícolas y aguas residuales estimula el crecimiento de algas. Al morir y descomponerse, estas algas consumen grandes cantidades de oxígeno, reduciendo su disponibilidad para otras especies. Otros factores, como la contaminación orgánica, la falta de circulación y el impacto del cambio climático, también influyen en la degradación de la calidad del agua y en la mortandad de peces.
En los últimos años, El Salvador ha registrado varios episodios de mortandad masiva de peces y moluscos en diferentes cuerpos de agua. Casos recientes, como el ocurrido en el lago Suchitlán y en el río de Santa Rosa de Lima, han puesto en evidencia la necesidad de fortalecer la vigilancia científica y la gestión ambiental. El monitoreo realizado por la UES en la Laguna Bruja y la Laguna de Apastepeque representa una respuesta por parte de la academia para prevenir riesgos sanitarios y ambientales, y para generar información técnica que permita orientar futuras acciones de conservación.
De acuerdo con la Universidad, la continuidad de estos estudios permitirá actualizar de manera periódica el nivel de riesgo y aportar datos relevantes para la gestión de los ecosistemas acuáticos salvadoreños. La labor de la UES refuerza la importancia de la investigación científica para proteger los recursos naturales y la salud pública ante las amenazas ambientales emergentes.
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