Las universidades no existen solo para preparar para el empleo, sino para preservar lo humano en la era de la inteligencia artificial

En su participación en la IFE Conference del Tec de Monterrey, la jefa de Educación del BID planteó que la educación superior debe formar criterio, juicio ético y pensamiento crítico, y que en el Sur Global ese desafío se vuelve también una cuestión de agencia y soberanía frente a una tecnología diseñada y gobernada desde el Norte

"Las universidades importan hoy más que nunca. No solo por razones económicas, sino por la esencia y la supervivencia humana", dice Mercedes Mateo Díaz

Estamos viviendo una transformación profunda, sin precedentes en la historia de la humanidad. La inteligencia artificial no es simplemente otra herramienta tecnológica: se está convirtiendo en un agente cognitivo que genera ideas, toma decisiones y moldea el lenguaje a gran escala. Como ha advertido Yuval Noah Harari, no se trata de un cambio incremental, sino de una transformación fundamental de la condición humana, que redefinirá la forma en que trabajamos, pensamos y nos entendemos a nosotros mismos.

Esto implica que los objetivos de la educación también deben estar a la altura de este momento. Lo que ocurra hoy en las escuelas —y especialmente en las universidades y en la educación superior— definirá si la humanidad seguirá siendo autora de su propia historia.

Las universidades importan hoy más que nunca. No solo por razones económicas, sino por la esencia y la supervivencia humana. No se trata únicamente de preparar estudiantes para el mercado laboral. En un mundo donde la inteligencia artificial puede realizar muchas tareas cognitivas mejor que los humanos, las universidades deben ayudar a la sociedad a definir qué significa ser humano y cómo conservar la agencia, el juicio y el propósito en un mundo mediado por máquinas.

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Las universidades no eran “fábricas de habilidades”, sino instituciones que moldeaban las ideas más fundamentales de la sociedad.

¿Es esto algo nuevo? No, pero adopta una nueva forma

Las universidades nunca han sido solo espacios de formación laboral o técnica. Cuando surgieron en la Europa medieval, su misión era avanzar el conocimiento y cultivar el pensamiento razonado en campos como la teología, el derecho, la medicina y las artes liberales. Con el tiempo, se consolidaron como espacios de debate intelectual, responsabilidad cívica y producción de conocimiento público. No eran “fábricas de habilidades”, sino instituciones que moldeaban las ideas más fundamentales de la sociedad.

En el siglo XIX, el modelo humboldtiano reforzó esta identidad al vincular investigación y enseñanza, destacando la libertad académica y la unidad entre enseñar y descubrir. La universidad moderna de investigación —que produce tanto conocimiento como ciudadanos capaces de pensar críticamente— le debe mucho a esta tradición.

Hoy, las universidades continúan ese legado: generan nuevo conocimiento, contribuyen a la vida cultural y cívica, y moldean el debate público. Pero la disrupción cognitiva que trae la inteligencia artificial está llevando estos roles al límite. Ya no basta con perfeccionar los sistemas existentes: las universidades deben redefinir el propósito y el contenido mismo de la educación superior.

Necesitamos egresados capaces de reflexionar sobre dilemas éticos, comprender la complejidad y discernir valores humanos

¿Qué tipo de seres humanos necesitamos que formen las universidades?

En un mundo moldeado por la inteligencia artificial, las universidades deben ayudar a los estudiantes a desarrollar dos capacidades profundamente interconectadas:

1. Una base humanista y filosófica

Necesitamos egresados capaces de reflexionar sobre dilemas éticos, comprender la complejidad y discernir valores humanos. Las habilidades técnicas son importantes, pero por sí solas no son suficientes. Necesitamos personas que se pregunten: ¿por qué deberíamos construir un sistema de esta manera?, ¿quién se beneficia?, ¿cuáles son los costos humanos?

La inteligencia artificial automatizará muchas tareas cognitivas rutinarias. Pero no puede automatizar el juicio, el razonamiento moral, la comprensión del contexto ni la reflexión filosófica profunda: precisamente las capacidades que las universidades han cultivado históricamente.

2. Un conjunto equilibrado de habilidades para la era de la inteligencia artificial

Las universidades deben ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades generales y fundamentales, y luego construir capacidades especializadas sobre esa base.

La evidencia muestra que el desarrollo de habilidades es jerárquico y acumulativo: las habilidades especializadas, asociadas al valor económico, solo tienen sentido cuando se apoyan en bases sólidas. Quienes se enfocan demasiado pronto en una especialización estrecha, sin una formación amplia, suelen tener peores resultados a largo plazo y menor capacidad de adaptación.

Por eso, los programas educativos no deben centrarse únicamente en la formación técnica específica. Deben equilibrar:

  • Habilidades fundamentales como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la comunicación y el razonamiento; y
  • Habilidades especializadas que permitan enfrentar desafíos complejos y específicos de cada campo.

3. Preparar a los estudiantes para trabajos “desordenados”

El economista Luis Garicano destaca que el futuro del trabajo estará dominado no por tareas simples y repetitivas, sino por lo que él llama “trabajos desordenados”: actividades que combinan múltiples tareas interconectadas y que requieren juicio, comprensión del contexto y sensibilidad humana. Son precisamente estos trabajos los menos susceptibles de ser automatizados.

En contraste, los empleos bien definidos y de una sola tarea son los primeros en verse amenazados por la automatización y la inteligencia artificial. Preparar a los estudiantes para este tipo de trabajo integrador —donde la síntesis, el juicio y las relaciones humanas son centrales— es clave para su relevancia y resiliencia a largo plazo.

Sin una intervención deliberada, la IA puede ser una nueva forma de extractivismo cognitivo del Sur Global

Por qué los desafíos son aún mayores en el Sur Global

Todo lo anterior aplica a nivel global. Pero en el Sur Global, los riesgos y desafíos se amplifican.

Geoffrey Hinton advierte que los sistemas de inteligencia artificial están siendo diseñados, entrenados y gobernados principalmente en el Norte Global. Los datos, valores, lenguajes y prioridades que incorporan reflejan una porción limitada de la experiencia humana global. Sin una intervención deliberada, la inteligencia artificial corre el riesgo de convertirse en una nueva forma de extractivismo cognitivo: un sistema que extrae datos, trabajo y juicio del Sur Global sin construir capacidades ni agencia local.

Algunos expertos describen esto como una forma de “colonialismo de la inteligencia artificial”, en la que el Sur Global se convierte en fuente de datos, mano de obra barata y contenido curado, sin ser propietario de la inteligencia ni de la capacidad de decisión que se genera.

Hinton también ha señalado que, así como las máquinas hicieron irrelevante la fuerza física humana durante la Revolución Industrial, la inteligencia artificial podría volver parcialmente irrelevante la inteligencia humana en algunos ámbitos, con profundas consecuencias sociales y económicas.

Si las universidades del Sur Global no asumen un rol de liderazgo:

  • Corren el riesgo de convertirse en centros que distribuyen inteligencia producida externamente, en lugar de generar juicio y significado local.
  • Sus egresados podrían ser formados para adaptarse a futuros diseñados en otros lugares, en vez de definir el rumbo de sus propias sociedades.

Esto no es solo un problema económico. Está en juego la soberanía, la cultura y el derecho de las sociedades —y de la humanidad— a decidir su propio futuro.

Conclusión: transformación, no cambios incrementales

Las mejoras graduales —como incorporar herramientas de inteligencia artificial en el currículo, la enseñanza o el aprendizaje— no son suficientes. Ese tipo de cambios solo optimiza lo que ya hacemos. Lo que se necesita hoy es una transformación: un replanteamiento profundo del propósito, el contenido y los resultados de la educación superior.

En la era de la inteligencia artificial:

  • Las universidades deben ser guardianas del significado humano.
  • Deben cultivar el juicio crítico, el razonamiento ético y una inteligencia centrada en las personas.
  • Deben ayudar a los estudiantes a navegar la complejidad, no solo a ejecutar tareas.

En un mundo donde la inteligencia humana ya no es exclusivamente superior, las universidades ayudan a decidir si la humanidad seguirá siendo autora de su propia historia —o si se convertirá en una nota al pie de una historia escrita por las máquinas.

* Mercedes Mateo Díaz es la jefa de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo

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