El poder del humor en la literatura infantil: por qué los libros que hacen reír también hacen imaginar

La literatura humorística para chicos habilita una experiencia de lectura menos rígida, más libre, en la que las normas se pueden torcer y el lenguaje se vuelve materia plástica

Una clave efectiva para introducir a los chicos en la lectura es el humor (Imagen Ilustrativa Infobae)

En tiempos en los que muchas familias buscan desesperadamente libros que entusiasmen, que atrapen desde la primera página y mantengan a los chicos lejos de las pantallas, una clave que no falla y es profundamente efectiva está en el humor. Hacer reír a un niño no es tarea fácil, pero cuando un libro logra ese efecto, también consigue algo más profundo: dispara la imaginación, habilita la creatividad y, sobre todo, deja una marca duradera en el vínculo entre lector y lectura.

Desde los absurdos desopilantes de historias como Dailan Kifki, de María Elena Walsh, hasta las travesuras de los personajes de Luis Pescetti o las tramas cómicas de Graciela Montes, el humor ha demostrado ser un recurso literario que no solo divierte, sino que forma.

En los primeros años de lectura, el humor funciona como una puerta de entrada amable y estimulante (Imagen ilustrativa Infobae)

Reír para imaginar

En los primeros años de lectura, el humor funciona como una puerta de entrada amable y estimulante. Las carcajadas que provocan personajes torpes, situaciones inverosímiles o diálogos delirantes hacen que los chicos quieran seguir leyendo. Pero ese deseo no se queda solo en la risa: el humor invita a imaginar otros mundos posibles, a romper las lógicas del sentido común, a jugar con las palabras y las situaciones.

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Cuando en Dailan Kifki una familia adopta un elefante como si fuera un perro, o cuando en los libros de Natacha de Pescetti las conversaciones cotidianas se vuelven disparatadas y los juegos de palabras desbordan de ocurrencias, se instala una lógica distinta: la lógica de lo creativo, del absurdo, de lo que puede ser aunque no sea real. Y eso es clave para la formación de lectores activos, críticos, capaces de inventar e interpretar.

La literatura humorística habilita una experiencia de lectura más libre y el lenguaje se vuelve materia plástica (Imagen ilustrativa Infobae)

Humor y libertad

La literatura humorística para chicos también habilita una experiencia de lectura menos rígida, más libre, en la que las normas se pueden torcer y el lenguaje se vuelve materia plástica. El humor, muchas veces, nace del quiebre de las expectativas: un personaje que dice lo inesperado, una historia que se resuelve de forma ilógica, una palabra inventada que suena raro pero que tiene sentido en ese universo ficcional.

Este juego con el lenguaje no es menor. El humor literario estimula operaciones cognitivas como la inferencia, la analogía, la anticipación. Entender un chiste requiere interpretar, comparar, conectar ideas. Y esa es, justamente, una de las bases fundamental de la comprensión lectora.

Los libros que hacen reír también enseñan a pensar, a crear, a mirar el mundo con otros ojos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más allá del entretenimiento

Aunque a veces el humor es subestimado o considerado solo como entretenimiento superficial, en la literatura infantil tiene una potencia formativa innegable. Los libros que hacen reír también enseñan a pensar, a crear, a mirar el mundo con otros ojos. Y, sobre todo, construyen memorias lectoras afectivas. Esos libros que se recuerdan con cariño, que se piden que se lean una y otra vez, que se comparten con amigos o hermanos, suelen ser los que hicieron reír.

Por eso, a la hora de elegir lecturas para los más chicos, más allá de autores clásicos como los que ya mencionamos, ¿qué otras historias podríamos proponerles? Fuimos a consultar a Micaela Carbajales, especialista en literatura infantil y juvenil (LIJ), y aquí la lista de sus recomendaciones:

1- Cosas que pasan, de Marisol Misenta (Isol). “En este libro-álbum, la protagonista es una niña que se encuentra con un genio. Como desea muchas cosas, no sabe qué deseo pedir,” dice Carbajales. Combina humor, absurdo, ironía con textos minimalistas que dejan espacio para que las ilustraciones completen el sentido, generando risas y sorpresas.

2- Matilda, de de Roald Dahl. Este clásico narra la historia de una niña con una inteligencia extraordinaria y poderes especiales que la ayudan a enfrentar a los adultos autoritarios y crueles de su entorno. En este libro podemos ver la ironía y la exageración con que Dahl construye a los personajes: padres desinteresados hasta el ridículo, una directora tan desmesuradamente malvada que resulta cómica, y situaciones disparatadas que, lejos de generar miedo, provocan risa. “El humor, muchas veces negro, se convierte así en un recurso central para criticar el poder adulto y al mismo tiempo ofrecer al lector infantil un goce lúdico”, señala la especialista.

3- Las velas malditas, de Graciela Montes. Es el cumple de Lulú ysu tía le preparó una torta tal como a ella le gusta. Pero decidió comprar unas velas especiales, tan especiales que no se apagan fácilmente. “Este cuento juega con la exageración y lo insólito a partir de unas velas que, en lugar de iluminar, se comportan de manera imprevisible y generan situaciones disparatadas. El relato combina lo cotidiano con lo fantástico, instalando un clima de absurdo que provoca tanto risa como desconcierto” dice Carbajales.

4 – El topito que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza, de Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch. Un topo inicia una investigación absurda y cómica para descubrir qué animal dejó su ‘regalito’ sobre su cabeza, en un relato que combina humor escatológico, repetición y sorpresa, generando la risa y la complicidad de los lectores.

5– Mi gato, el más bestia del mundo, de Gilles Bachelet. Con humor visual y verbal, el autor narra la vida cotidiana con su mascota. Aunque un detalle: le faltó aclarar que su ‘gato’ es, en realidad, un enorme elefante. “El contraste entre lo que se dice y lo que se muestra través de las ilustraciones, el lector transita por distintas situaciones absurdas y graciosas, que invitan al lector a reírse de lo incongruente y a cuestionar las lógicas habituales”, resalta la especialista.

Un cuento gracioso puede ser el inicio de una vida lectora activa y fortalecida. Y también de una mente más libre, más curiosa y más creativa. Como adultos, podemos despertar interés, curiosidad; generar espacios de conexión profunda, de lazos afectivos y de buenos aprendizajes.

Silvana Cataldo es especialista en Lectura y Comprensión. Líder pedagógica del Programa ¡ A leer en vivo! de Ticmas.

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