
La escuela suele ser un espacio donde no solo convive el conocimiento, sino también la recreación, el juego y las relaciones interpersonales, así como las situaciones que ocurren fuera del tiempo dentro de las aulas escolares. Usualmente, los problemas en casa, o las situaciones en la vida personal de los alumnos merman la capacidad de concentración de los mismos, ocasionando que su rendimiento escolar se reduzca.
La Secretaría de Educación Pública (SEP) señala que el rendimiento escolar es la medida de evaluación de las capacidades de un estudiante, ya sea a nivel básico, medio superior o superior. Según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), algunos factores que inciden en el rendimiento académico se encuentran desde las dificultades propia de algunas asignaturas, hasta factores psicológicos, como la poca motivación, el desinterés o las distracciones en clase.
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¿Cómo mejorar el rendimiento académico?

La organización también apuntó que el bajo rendimiento en la escuela puede tener consecuencias severas para estudiantes dentro y fuera del ámbito escolar; de hecho, los estudiantes que tienen un bajo rendimiento a los 15 años tienen una mayor probabilidad de abandonar la escuela y mayor dificultad para conseguir trabajos bien remunerados.
En México, al igual que en el promedio de los países OCDE, la probabilidad de tener un bajo rendimiento en matemáticas es mayor para los estudiantes socioeconómicamente desfavorecidos, las mujeres, los estudiantes de origen migrante, los que hablan una lengua en casa distinta a la utilizada en la escuela, los que asisten a escuelas en zonas rurales, los que no han recibido educación preescolar (o han recibido un año o menos), y para los que han repetido curso.
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Según diversos estudios de organizaciones internacionales, algunas de las recomendaciones que deben seguir los países para mejorar el rendimiento escolar, además de romper las barreras del aprendizaje, son las siguientes:
- Crear un entorno de aprendizaje en las escuelas que sea exigente y ofrezca apoyo a los estudiantes.
- Ofrecer refuerzo escolar a los estudiantes que lo necesitan.
- Animar a los padres y las comunidades locales a involucrarse en la vida escolar.
- Motivar a los estudiantes para que saquen el mayor provecho de las oportunidades educativas.
- Identificar a los estudiantes de bajo rendimiento y diseñar una estrategia adecuada a su perfil.
- Atacar los estereotipos de género y dar apoyo a las familias monoparentales.

Rosalva García Luna, especialista en investigación educativa de Perú, recomienda que se establezca una rutina de estudio consistente desde la primera etapa escolar, así como adaptar la duración del tiempo de estudio de acuerdo a la edad del estudiante (en donde el tiempo máximo para los niños de kinder debe ser de máximo 20 minutos). También es importante tener un buen espacio para estudiar y quitar las distracciones potenciales.
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Además recalca la importancia de la motivación como parte primordial en el proceso de enseñanza-aprendizaje dentro de la teoría constructivista de la educación. Dicha teoría se centra en la construcción del conocimiento de la interacción social, la experiencia y tareas auténticas.
La relación entre hábitos de estudio establecidos adecuadamente y el éxito académico es innegable, y las contribuciones de García ofrecen una guía valiosa para padres y educadores en busca de fomentar un ambiente propicio para el desarrollo intelectual de los estudiantes.
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Bienestar emocional y el rendimiento escolar

La relación entre las emociones y el proceso de aprendizaje de los estudiantes también es fundamental en el ámbito educativo. De acuerdo con la Fundación Botín, las emociones positivas como la curiosidad pueden potenciar la adquisición de conocimientos, mientras que sentimientos negativos como el miedo pueden obstaculizarla significativamente, por lo cual es de suma relevancia crear un ambiente positivo para que no se merme la calidad del aprendizaje.
El análisis profundiza en la necesidad de implementar estrategias efectivas para la gestión de emociones adversas, tales como el estrés y la ansiedad, desde una edad temprana. Expertos subrayan que mantener una motivación elevada y una atención enfocada son indispensables para un aprendizaje eficiente, destacando así la relevancia de promover un estado emocional favorable en los estudiantes.
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Entre las estrategias sugeridas para lograr estos objetivos, se encuentran el fortalecimiento del vínculo maestro-alumno, lo cual es crucial para que los estudiantes se sientan apoyados y comprendidos dentro del ambiente escolar. A su vez, se hace hincapié en la importancia de fomentar emociones positivas y la creación de espacios de retroalimentación constructiva, elementos que no solo impactan el aprendizaje sino también el desarrollo emocional y social. Introducir prácticas que promuevan la conciencia emocional, el autocontrol, la empatía, la automotivación y el desarrollo de habilidades sociales figura entre las tácticas recomendadas para preparar a los jóvenes ante desafíos futuros con mayor resiliencia.
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