En medio de las señales de debilidad que muestran algunos indicadores de consumo y actividad, y frente a las advertencias de sectores empresarios sobre una caída en las ventas, el ministro de Economía, Luis Caputo, fue consultado de manera directa sobre ese diagnóstico durante la Amcham Summit 2026, que se está desarrollando este martes en el Centro de Convenciones de Buenos Aires. Su respuesta buscó matizar esa lectura: sostuvo que no se trata de una contracción generalizada, sino de un cambio en la dinámica económica.
Ante 1.500 líderes empresariales, autoridades nacionales y provinciales, y referentes del ámbito sindical, Caputo rechazó una interpretación lineal y planteó que la realidad es “heterogénea”. Ante la pregunta del moderador, el periodista Horacio Riggi, sobre cuál es la diferencia entre “el consumo está cayendo y el consumo cambió”, el ministro explicó que hay heterogeneidad y se explica no solo se observa entre sectores, sino también en las decisiones individuales frente a un nuevo esquema de incentivos.
“No todos ante el mismo escenario reaccionan igual”, afirmó, y vinculó ese comportamiento con los resultados agregados de la economía. En esa línea, remarcó que el desempeño del consumo depende de los incentivos que enfrentan los agentes económicos. “Si vos das los incentivos correctos, obtenés los resultados correctos. Y si das los incentivos incorrectos, vas a obtener resultados malos”, sostuvo durante el intercambio.
El ministro ubicó esa discusión dentro de un cambio más amplio en el funcionamiento de la economía. Según explicó, el esquema previo se apoyaba en altos niveles de presión impositiva, déficit fiscal y restricciones que derivaban en costos elevados. Ese contexto, señaló, generaba un funcionamiento en el que muchas empresas podían sostenerse sin competir plenamente. Para describir ese modelo, utilizó una expresión que repitió durante su exposición: “Cazar en el zoológico”. Con esa idea, hizo referencia a un entorno donde las condiciones favorecían márgenes elevados sin necesidad de mejorar productividad o eficiencia.
En contraposición, sostuvo que el actual programa económico avanzó hacia un esquema distinto, basado en la eliminación del déficit, la reducción de impuestos y una mayor apertura. Según planteó, ese cambio introdujo competencia y modificó los incentivos para empresas y consumidores.
En ese nuevo escenario, explicó, las respuestas empresariales resultan dispares. Algunas compañías decidieron retraer su actividad o directamente salir del mercado, mientras otras optaron por invertir y adaptarse para competir. Esa diferencia, según indicó, también incide en la dinámica del consumo.
Para ilustrar ese punto, mencionó ejemplos concretos. Señaló que algunas firmas eligieron reducir operaciones ante el nuevo contexto,como es el caso de FATE, mientras que otras avanzaron en estrategias de expansión. En ese marco, destacó el caso de empresas, como Lumilagro que, frente a la competencia de productos importados, decidieron invertir, mejorar su oferta y ampliar ventas, incluso con exportaciones. “Resulta que hoy vende, tiene récord de ventas y exporta. Y lo más importante, que esta es la diferencia más importante en cuanto a nuestro modelo, la gente se beneficia. La gente hoy puede comprar un termo, no solo importado, sino nacional, mejor y a un precio más bajo”, afirmó Caputo.
Ello, según Caputo, redefine las decisiones de compra. En ese sentido, sostuvo que el comportamiento del consumo no puede analizarse únicamente como una caída, sino como una reconfiguración del mercado.
Caputo también cuestionó la idea de que el consumo pueda actuar como motor de crecimiento en el corto plazo cuando se apoya en desequilibrios monetarios. En particular, se refirió a situaciones en las que la expansión de la demanda responde a la pérdida de confianza en la moneda. Como ejemplo, describió conductas de sobrestockeo, en las que los consumidores adelantan compras ante expectativas de inflación. Mencionó casos en los que las personas adquirieron grandes cantidades de bienes, como alimentos, para resguardarse de la suba de precios.
Según explicó, ese tipo de comportamiento puede generar un aumento transitorio en la actividad, pero no constituye un crecimiento sostenible. “No es un crecimiento sano ni duradero en el largo plazo”, afirmó.
En esa línea, vinculó la discusión sobre consumo con la demanda de dinero. Señaló que el proceso inflacionario reciente estuvo influido por una caída en la demanda de pesos, especialmente en el período previo a las elecciones, cuando se produjo una fuerte movilización que impactó en las decisiones económicas.
Ese fenómeno, según indicó, afectó tanto a los precios como al nivel de actividad. Explicó que la inflación es consecuencia de un exceso de oferta de dinero, de una caída en su demanda o de una combinación de ambos factores, y sostuvo que en el caso argentino la demanda suele tener un peso determinante.
De acuerdo con su planteo, la caída en la demanda de dinero incidió en la desaceleración de la actividad tras un período previo de crecimiento. En ese contexto, ubicó parte de la debilidad actual que reflejan algunos sectores.
Al mismo tiempo, afirmó que comenzó a observarse una recuperación en la demanda de pesos. Según proyectó, ese proceso debería contribuir a una desaceleración de la inflación en los meses siguientes, con impacto también en la actividad económica.
El ministro también rechazó la idea de un trade-off entre inflación y crecimiento. “No coincido para nada con ese trade off”, sostuvo, y planteó que el programa económico apunta a combinar ambas variables: desinflación y expansión de la economía.
En relación con el nivel de actividad, insistió en que el crecimiento sostenido no puede basarse en el consumo, sino en la inversión. Según explicó, el esquema anterior generó expansiones impulsadas por desequilibrios que no se sostuvieron en el tiempo.
En cambio, afirmó que el actual programa se centra en generar condiciones para atraer inversiones. En ese sentido, destacó la estabilización macroeconómica como un requisito para lograr previsibilidad.
La pregunta sobre la pérdida de empleo industrial
Ese enfoque también apareció en su respuesta sobre el mercado laboral, otro de los aspectos vinculados a la actividad.
“En medio de esta reconversión que hay que hacer, la Unión Industrial Argentina dice que la Argentina pierde 1500 puestos industriales por mes. ¿En qué se está reconvirtiendo esa Argentina?“, le preguntó el moderador, a Caputo, ya sobre el final de la entrevista. El ministro reconoció que algunos sectores registraron caídas, pero señaló que el empleo total mostró un aumento, aunque con mayor peso de la informalidad.
Según explicó, ese fenómeno forma parte de un proceso de reconversión económica. Indicó que la economía tiende a desplazarse hacia el sector de servicios, en línea con lo que ocurre a nivel global. En los países desarrollados, señaló, el sector servicios supera el 70% de la actividad, mientras que en Argentina ronda el 60%.
En ese contexto, planteó que la transición entre sectores forma parte del cambio en curso. También mencionó que existen procesos de reconversión dentro de la propia industria, con empresas que combinan producción de bienes con prestación de servicios, como el alquiler de maquinaria en lugar de su venta.
El mensaje al sector empresario también se alineó con ese diagnóstico. Caputo sostuvo que el nuevo escenario exige una adaptación a reglas distintas y cuestionó estrategias basadas en expectativas de inestabilidad. “Hay una causalidad en economía. Cuando hacés las cosas bien, los resultados son buenos”, afirmó. En esa línea, sostuvo que el Gobierno mantiene un rumbo consistente, lo que, según indicó, debería reflejarse en los resultados.
Durante su exposición, el ministro también se refirió a las perspectivas de la actividad hacia adelante. Señaló que el país ingresó en un proceso de impulso y proyectó que los próximos meses mostrarán una combinación de menor inflación y mayor crecimiento. En ese marco, insistió en que la estabilización macroeconómica constituye una condición necesaria para el desarrollo de la inversión. También destacó la generación de incentivos adicionales para atraer capital, en un contexto que definió como de recuperación de la credibilidad.