Cuál es la diferencia entre shock y gradualismo, los conceptos económicos que Milei explicó en su discurso

El flamante presidente comparó dos formas de encarar los desequilibrio macroeconómicos y explicó por qué no tiene otra alternativa que un ajuste abrupto, que inicialmente aumentará la inflación y empeorará los indicadores económicos y sociales

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El presidente de Argentina, Javier Milei, da un discurso después de la ceremonia de jura, afuera del Congreso Nacional, en Buenos Aires, Argentina, el 10 de diciembre de 2023. REUTERS/Agustin Marcarian
El presidente de Argentina, Javier Milei, da un discurso después de la ceremonia de jura, afuera del Congreso Nacional, en Buenos Aires, Argentina, el 10 de diciembre de 2023. REUTERS/Agustin Marcarian

Las primeras definiciones de Javier Milei como presidente de la Nación, frente a la Plaza del Congreso, no dejaron dudas. “No hay alternativa al ajuste y al shock”, dijo el flamante mandatario, concepto que subrayó en varias ocasiones.

Ahora bien, ¿por qué Milei comparó shock y graudlismo?, ¿en qué consiste el shock que dijo que aplicará? ¿Y de qué se trata el gradualismo que descartó, luego de referir que todos los planes gradualistas de la Argentina fracasaron y que todos los de shock, salvo uno, de 1959, tuvieron éxito?

De todos modos, agregó, aunque quisiera el nuevo gobierno no podría aplicar un plan gradualista porque “no hay financiamiento”. O, como dijo, en otro pasaje, “no hay plata”, frase que podría resumir la etapa inicial de su gestión.

El presidente anunció el inicio de “una nueva era”, al cabo de una “larga y triste historia”, pues -afirmó- “los argentinos, de manera contundente, expresaron una voluntad de cambio que ya no tiene retorno”. La referencia histórica de progreso que dio fue la de la Argentina de la mitad del siglo XIX, tras la sanción de la Constitución “de raigambre liberal” de 1853, tras la cual, dijo, “vino la expansión más grande de nuestra historia”.

La herencia que describió Milei

Apelar al ajuste y al shock es inevitable, porque -aseguró el presidente- “ningún gobierno ha recibido una herencia peor que la que estamos recibiendo” y que resumió en un déficit público consolidado de 15% del PBI, un tercio o 5 puntos porcentuales por déficit del Tesoro nacional, y dos tercios, los 10 puntos restantes, por los “pasivos remunerados” (deudas con el sistema bancario) del Banco Central. “No hay solución viable sin atacar el déficit”, remachó. Ajuste que prometió hacer “enteramente sobre el Estado y no sobre el sector privado”, para “poner fin a la emisión de dinero, única causa de la inflación empírica y teóricamente cierta”.

El dolor sería inmediato, pero los beneficios tardarían en hacerse visibles. Por los rezagos de la emisión ya realizada por el gobierno en los últimos 4 años, equivalente a 20% del PBI, explicó Milei, habrá un rezago de entre 18 y 24 meses hasta quebrarle el espinazo a la inflación. “Emitir 20 puntos del PBI no es gratis. Lo vamos a pagar en inflación”, subrayó, invocando causas y anticipando costos.

El shock busca evitar que el actual “sobrante de dinero” -que dimensionó como el doble del rodrigazo de 1975, que entonces multiplicó por 6 el ritmo de inflación previa- multiplique por 12 la actual tasa de inflación, llevándola de 300 al 3.600% anual. Y como los “pasivos remunerados” del BCRA son peores que en la previa de la hiperinflación de 1989, explicó, esa cifra ya escandalosa podría a la vez cuadruplicarse y llevar la inflación a un catastrófico 15.000% anual.

“Es la herencia, que vamos a pelear con uñas y dientes para erradicar. Ese número, que parece un disparate, Implica una inflación del 52% mensual. Nos dejaron plantada un híper, haremos todos los esfuerzos para evitar la catástrofe”, aseguró Milei y al cabo de la secuencia explicativo remató “No hay solución alternativa al ajuste”.

FOTO DE ARCHIVO: Un billete de cien dólares estadounidense reposa sobre billetes de cien pesos de Argentina en esta ilustración fotográfica tomada el 3 de septiembre, 2019. REUTERS/Agustin Marcarian/Illustration
FOTO DE ARCHIVO: Un billete de cien dólares estadounidense reposa sobre billetes de cien pesos de Argentina en esta ilustración fotográfica tomada el 3 de septiembre, 2019. REUTERS/Agustin Marcarian/Illustration

Otros datos espantosos que citó: desequilibrios tarifarios equiparables a los que, en 2015, Cristina Kirchner legó a la gestión de Mauricio Macri, deudas comerciales, por utilidades retenidas, del Banco Central y por YPF, de USD 100.000 millones que se suman a los USD 420.000 millones de deuda ya contabilizada en cabeza del Tesoro, más inminentes vencimientos de deuda en pesos ajustable por inflación o dólar y con organismos internacionales, como el FMI.

Cuál es la teoría del shock que Javier Milei aseguró que aplicará

El ajuste de shock que Milei prometió es un recorte brusco del gasto y el déficit del Estado, de una magnitud todavía imprecisa y con medidas aún por conocerse, pero inevitablemente dolorosas.

La decisión por el shock podría sugerir algo parecido al plan de convertibilidad, cuyo “shock” consistió en quitarle 4 ceros al austral, la moneda nacional previa, y crear una nueva unidad monetaria, de paridad uno-a-uno con el dólar. Aquella vez el gobierno había antes “limpiado” el balance del BCRA y de los bancos mediante el “Plan Bonex”, que esta vez el gobierno prometió no aplicar, privatizó decenas de empresas del Estado, que le reportaron miles de millones de dólares de ingresos, e inició su recorrido en medio de un proceso de fuerte caída de las tasas de interés internacionales, que permitieron financiar un shock de inversiones extranjeras en la Argentina.

Milei no contará con ninguna de esas ventajas. De ahí el ajuste de shock que prometió: recortar en 5 puntos o más el gasto y el déficit fiscales en su primer año de gobierno, con medidas que se conocerán a partir de mañana, y “limpiar” el balance del Banco Central transfiriendo buena parte de su deuda al Tesoro, consiguiendo divisas para canjear una parte y prohibiéndole -en adelante- emitir dinero.

Recortados el gasto y el déficit fiscales y cancelada la emisión monetaria, las tasas de inflación a partir de la devaluación, la liberación de precios privados antes congelados o controlados, los aumentos de tarifas, la inercia y la resaca monetaria, serán tanto más altas o persistentes cuanto mayor sea la traslación de aprecios del aumento del dólar y el tironeo entre sectores productivos y factores de producción y de poder

Devaluación del tipo de cambio oficial, recorte abrupto del gasto, aumento también abrupto de las tarifas públicas -para cerrar la canilla de los subsidios a servicios como la electricidad, el gas por red y el transporte públicos-, aumento de los combustibles -que ya se inició, al punto que aumentaron casi 63% en los últimos 45 días-, y fin a los congelamientos y acuerdos de precios se sumarán así a la inercia inflacionaria y la resaca monetaria para llevar el ritmo de aumento de los precios, que ya en diciembre bordearía e incluso podría superar el 20%, a niveles aun mayores durante los primeros meses de 2024. Esas tasas serán tanto más altas o persistentes cuanto mayor sea la traslación de la devaluación a precios y el tironeo entre sectores productivos y factores de producción y de poder: empresas, sindicatos, administraciones provinciales, jubilados, perceptores de planes y todo tipo de actores sociales.

Consciente de eso, Milei recalcó que la situación argentina “es crítica y de emergencia. No tenemos alternativas ni tampoco tiempo. Nuestro país exige acción y una acción inmediata”. E invocó un contrato social “en el que el Estado no dirija nuestras vidas, sino que vele por nuestros derechos, un país en el que el que las hace las paga, un país en el que quien corta la calle violando los derechos de sus conciudadanos no recibe la asistencia de la sociedad; el que corta, no cobra”, remató, todo un mensaje a dirigentes piqueteros que ya antes del discurso de hoy habían anticipado que resistirían en las calles al gobierno de Milei.

Qué es el gradualismo y por qué Javier Milei lo criticó

Macri, en su Congreso de 2018 ante el Congreso, cuando el "gradualismo" ya empezaba a dar señales de agotamiento
Macri, en su Congreso de 2018 ante el Congreso, cuando el "gradualismo" ya empezaba a dar señales de agotamiento

He ahí el shock anunciado por Milei porque, como dijo, el gradualismo no solo tiene detrás un historial de fracasos sino que además “no hay plata”. En la experiencia reciente, el gradualismo se identifica con la gestión macrista 2015-2019, en que el aumento de tarifas -por inexperiencia administrativa y un fallo de la Corte Suprema de Justicia, que obligó a la realización de Audiencias Públicas que tuvieron lugar recién a fin de 2016, casi 12 meses después del inicio del gobierno- empezó a aplicarse al cabo de una inflación que ya había avanzado 40% y una reducción tímida del gasto, pues reabierto el acceso al crédito internacional, el gobierno usó y abusó del mismo para refinanciar vencimientos y también el déficit público, apostando a una reducción también gradual de la inflación, en un esquema de “metas” que finalmente dejó de lado, cuando cortado abruptamente el crédito privado recurrió a un megacrédito del Fondo Monetario Internacional.

Ahora Milei tiene primero que mostrar que el ajuste de shock que anunció va en serio para conseguir que el Fondo extienda plazos. Y fundamentalmente, atravesar un durísimo período en que las cosas -él mismo lo dijo- empeorarán antes de mejorar, si es que efectivamente mejoran. Lo que dependerá de la sociedad y de la dirigencia política argentinas y de que las “fuerzas del cielo” en la forma de exportaciones agrícolas, de energía, de minería, de ingresos del turismo, hagan más suave y tolerable la etapa inicial Como dijo Milei: “el desafío es enorme pero lo enfrentaremos con convicción y llegaremos a destino.