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El escenario económico de Alberto Fernández comienza a acercarse al que recibió de Mauricio Macri

Deuda, riesgo país, inflación, tasas altas: la foto de la macroeconomía actual pone en evidencia los asuntos pendientes que llevan más de dos años, a pesar de la reestructuración de vencimientos

El presidente de Argentina, Alberto Fernández (i), junto al expresidente argentino Mauricio Macri (d), en una fotografía de archivo. EFE/Juan Ignacio Roncoroni

De a poco, matizado entre peleas políticas y shocks externos, el escenario macro que enfrenta hoy el Gobierno comienza a ofrecer cercanías con aquel que recibió Alberto Fernández al iniciar su gestión. La inflación consolidada por encima del 60%, las tasas altas que ya no surten efecto para frenarla, el riesgo país por encima de los 2.000 puntos, imposibilidad de financiarse en dólares, dificultades con la deuda en pesos, traen a escena la foto de diciembre de 2019 que la fórmula Fernández-Fernández venía a modificar tras el desplome del gobierno de Mauricio Macri.

Pero algunas de las reglas de oro anunciadas en ese momento quedaron en el camino. Al asumir Alberto Fernández la tasa de interés de referencia era del 63% nominal anual. En 90 días, el Banco Central la llevó al 38%. Con las paulatinas subas anunciadas desde comienzo de año, hoy saltó al 52% y quedó a solo 11 puntos porcentuales de la que dejó Cambiemos.

La postura inicial de que era necesario mantener las tasas bajas para activar el crédito, y con ello el consumo, nunca ocurrió. Lo mismo con la idea de que la tasa del plazo fijo le gane a la inflación para seducir al ahorrista, algo que casi nunca se dio. Con la suba del jueves, hoy el plazo fijo minorista a 30 días rinde un 4,4%, mientras que la inflación esperada para junio no baja del 5 por ciento.

El único crédito que funciona es el subsidiado. Para las empresas, la línea de Financiamiento Productivo; para los particulares, el plan Ahora 12. La herramienta oficial predilecta para llenar los comercios tiene financiamiento de hasta el 49% en su nueva etapa. Puede sonar caro, pero no lo es si el propio Gobierno espera un nivel de precios mucho más alto.

El único crédito que funciona es el subsidiado. Para las empresas, la línea de Financiamiento Productivo; para los particulares, el plan Ahora 12 (Reuters)

Los índices inflacionarios también se proyectan muy por encima del 53,5% de 2019 que le dejó Mauricio Macri. La proyección de inflación para 2022 del Presupuesto rechazado en el Congreso era de 33%. El acuerdo con el FMI la elevó a un rango de 38% a 48% anual. El Presupuesto modificado anunciado días atrás subió esa escala del 52% al 62% anual. Hoy, los economistas del Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA proyectan más de 72%. Atrás quedaron los argumentos de que la emisión para enfrentar el “gasto-Covid” no iba a impactar en la inflación.

Otro terreno en el que el país no avanzó durante el Gobierno de Alberto Fernández es de la deuda, a pesar de haber atravesado, con timing muy discutido, sendas reestructuraciones con los acreedores privados y con el FMI. Los bonos en dólares cayeron tanto de precio que tienen rentabilidades insólitas, superando el 35% anual. El riesgo país ya ronda los 2.200 puntos, el mismo nivel que tenía cuando Macri dejó la Casa Rosada.

La posibilidad de volver a los mercados externos es más que incierta. Pero a Martín Guzmán nunca le preocupó el punto porque siempre se mostró inclinado a financiarse en el mercado local y en pesos, una vez cerrado el acuerdo con el FMI.

Hoy, la deuda en pesos (que el Gobierno anterior dejó en el reperfilamiento) luce muy compleja desde varios frentes. Las tasas deberán subir fuerte para enfrentar el megavencimiento de $520.000 millones de fin de junio, con un 80% del stock de esa deuda ajustada por inflación. Y además, en el mercado cada vez se habla más de “la muralla”, ese límite que se levanta en diciembre de 2023. Los bancos no quieren comprar un bono cuyo vencimiento sea posterior a esa fecha. Quién puede anticipar cómo le llegará la deuda en pesos al próximo gobierno, sea del signo que sea.

El Gobierno todavía tiene a su favor el sostenimiento de la actividad económica, tras la parálisis que provocó la pandemia en 2020 (EFE)

En ese atolladero, el Gobierno todavía tiene a su favor el sostenimiento de la actividad económica, tras la parálisis que provocó la pandemia en 2020. Mientras los expertos y los funcionarios discuten si se trata de crecimiento o de un simple rebote, el desempleo se contuvo y algunas medidas de reactivación, como el crédito subsidiado, le dieron buen resultado. También, claro está, esas decisiones tienen costos fiscales.

¿Quién se ocupa de la inflación?

Una de las grandes diferencias entre aquel escenario y el actual es quién está a cargo de combatir la inflación, esa “guerra” que el Presidente declaró y en la que no ganó ni siquiera una batalla. En ese punto, la política tiene más influencia que los números. En un gobierno que durante mucho tiempo se vanaglorió por no tener un plan económico, al menos en el sentido tradicional, la responsabilidad tampoco está en las manos tradicionales, que son las del Banco Central.

El Gobierno no parece esperar de Miguel Pesce una política para salir de la inflación sino más bien le pide mantener quieto al dólar. Con eso, su gestión se da por aprobada. Para ello se lanzan las mil y una regulaciones para dominar el cepo cambiario para que los dólares no se escapen, algo en lo que el titular del Central tiene un evidente expertise. Por estos días, los elegidos son los importadores que, como es esperable frente a una brecha cambiaria de casi 80% tratan de conseguir todos los dólares posibles al precio oficial. La próxima etapa del cepo, que Pesce y Guzmán tejen con el nuevo ministro Daniel Scioli, es reducir las importaciones.

La próxima etapa del cepo, que Pesce y Guzmán tejen con el nuevo ministro Daniel Scioli, es reducir las importaciones

El anteúltimo párrafo del comunicado del BCRA para anunciar la suba de tasas del pasado jueves es una verdadera declaración de principios: “Asimismo, en una economía como la argentina con un canal del crédito relativamente pequeño, la suba de tasas actúa principalmente incentivando el ahorro en pesos. Su acción antinflacionaria entonces pasa en gran medida por contribuir a la estabilidad cambiaria y financiera, debiendo estar complementada con otros instrumentos de la política económica para reducir la inercia inflacionaria”.

El mensaje de Miguel Pesce es más que claro: el Banco Central subió la tasa para que los pesos no se escapen al dólar, pero si alguien quiere bajar la inflación, que mire hacia el ministerio de Economía.

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