El General Perez Aquino durante la operación de la ONU en Colombia. Foto: Archivo DEF, gentileza EMCO.
El General Perez Aquino durante la operación de la ONU en Colombia. Foto: Archivo DEF, gentileza EMCO.

Con 58 años y una trayectoria de 36 en las Fuerzas Armadas, el general de brigada Javier Pérez Aquino fue el elegido por las Naciones Unidas para conducir la misión de paz que supervisó el cese de fuego, el fin de las hostilidades y el abandono de las armas en Colombia, tras el acuerdo firmado por las FARC con el gobierno de ese país.

Egresado del Colegio Militar de la Nación y perteneciente al arma de infantería, es licenciado en Estrategia y Organización y especialista en Conducción y Gestión Estratégica. Fue jefe del Estado Mayor de la Fuerza de Despliegue Rápido del Ejército, director del Centro de Atención a las Emergencias Humanitarias del Estado Mayor Conjunto y comandante de la Brigada de Monte XII de Misiones, entre otras funciones durante su destacada carrera. En 1993 fue observador militar en la Misión de Naciones Unidas para Irak y Kuwait (UNIKOM).

La integración con las comunidades fue total. Foto: Archivo DEF, gentileza EMCO.
La integración con las comunidades fue total. Foto: Archivo DEF, gentileza EMCO.

En junio de 2016, fue designado como coordinador del Mecanismo de Monitoreo y Verificación de la Misión de Naciones Unidas en Colombia, donde estuvo al frente de 450 observadores que certificaron la entrega de 7132 armas de las FARC. "En un principio, iba a venir como segundo de la misión, pero luego me eligieron para competir por el primer lugar, es decir, como jefe de observadores", explicó Pérez Aquino. "El jefe del Ejército [Diego Suñer] me llamó para avisarme que había sido elegido y, a los cuatro días, ya estaba participando de las conversaciones en La Habana", añadió, al tiempo que destacó "el compromiso de la Argentina con el proceso de paz en Colombia".

-¿Qué papel jugó la ONU en el fin del conflicto en Colombia?
-Se le solicitó que verificara el acuerdo entre las FARC y el gobierno colombiano. Esa fue nuestra misión. Tuvimos que supervisar el cese de fuego, el fin de las hostilidades y también el abandono de las armas. En ese ínterin, también solucionar controversias y problemas. Cuando el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó la misión, sucedieron dos cosas inéditas. Por un lado, se firmó un mandato autorizándola antes de que se firmara el acuerdo entre el Gobierno y las FARC, para lo cual desplegamos los observadores, ya que teníamos que estar listos para empezar a verificar, aunque fuera con lo mínimo, después de la firma. Eso fue una exigencia muy grande. El otro aspecto inédito fue que consistió en un mecanismo tripartito. Nunca antes se había llevado adelante una misión de paz donde estuvieran involucradas las dos partes del conflicto y además Naciones Unidas. Para que se dimensione la situación, en una carpa convivían integrantes de las FARC, representantes del mecanismo de verificación; a pocos metros de allí, un capitán colombiano que hacía un par de meses había estado combatiendo contra la guerrilla; y, metros más adelante, un mayor argentino que fue a participar de la misión de paz.

Nunca antes se había llevado adelante una misión de paz donde estuvieran involucradas las dos partes del conflicto y además Naciones Unidas.

-¿Cómo fue el proceso de preparación previa?
-Desde el 2012 las partes tuvieron sucesivas reuniones en La Habana. En enero de 2016 hicieron el pedido formal a la ONU para que participara, pidieron este mecanismo de verificación y estuvieron planificando cómo hacerlo. La única forma de llevar adelante una tarea como éstas es con una buena capacitación y una muy buena selección de la gente, fundamentalmente. Por ejemplo, en el gobierno de Colombia se trató de elegir gente que no tuviera hechos dudosos, por un lado, y que tampoco tuviera familiares víctimas del conflicto ni que hubieran vivido hechos traumáticos, como por ejemplo, que le hubieran matado un compañero al lado de él. Creo que la capacitación y la selección han sido las claves.

-¿Cómo estaba integrada la Misión?
-Contábamos con 450 observadores militares y policiales de distintos países. Prácticamente todos latinoamericanos, excepto países limítrofes, y algunos países europeos, como Gran Bretaña, Noruega, Suecia, Rusia, España y Portugal. Se sumaron 60 civiles, voluntarios de ONU, y algunos miembros permanentes de Naciones Unidas. De los 450 observadores, 93 eran argentinos. Eso mostró el liderazgo de Argentina en esta misión y el compromiso del gobierno de Argentina con este proceso de paz. Es una muestra de la vocación de paz que tiene Argentina. Desde el punto de vista de las FF.AA., es algo muy positivo porque se ha demostrado el prestigio que tienen, con la calidad del trabajo que hacen, reconocido por todos. Eso es un logro muy grande. Realmente el desempeño de los argentinos en esta misión ha sido excelente.

-Los argentinos gozan de muy buena reputación en las misiones de la ONU. ¿Cuál es la clave?
-La educación, la capacidad de adaptación y el respeto. Esas son las claves del éxito. Los observadores argentinos son muy profesionales, con una capacidad increíble para respetar a la gente. Uno lo ve en el trato diario. Son gente querible. Siempre describo el trato en mi oficina, los argentinos tratan con cariño y respeto a todos.
La participación de la Argentina demostró el liderazgo de nuestro país y el compromiso del gobierno argentino con el proceso de paz.

De manera progresiva, las FARC fueron entregando sus armas. Foto: Archivo DEF, gentileza EMCO.
De manera progresiva, las FARC fueron entregando sus armas. Foto: Archivo DEF, gentileza EMCO.

-¿Participaron mujeres?
-Fue un objetivo de Jean Arnault, jefe de la Misión de las Naciones Unidas en Colombia, el contar con la mayor cantidad de mujeres posible. Después, yo descubrí que, en esta misión, las mujeres fueron fundamentales. Además, el 40% de los miembros de las FARC que participaron del mecanismo fueron mujeres. Cuando empezó el proceso, muchas quedaron embarazadas y eso creó un ambiente muy empático. Una anécdota: fuimos a una caleta en un lugar en medio de la nada y nos quedamos a dormir ahí. Había una observadora chilena y una chica de las FARC. Dormíamos tirados en el piso y ellas terminaron durmiendo una al lado de la otra, charlando, conversando con gran cercanía. Eso es clave para un proceso de pacificación. Hablando de igualdad de género, es impresionante la capacidad de las mujeres de las FARC. Son mujeres muy sacrificadas, muy fuertes, de mucho trabajo.

-¿Cuáles fueron las etapas de la Misión?
-Primero hubo una etapa previa, en la que participé junto a otro grupo de Naciones Unidas asesorando en la organización y en la creación del acuerdo y los protocolos que determinaron cómo se iba a desarrollar la misión. Después vino la etapa de preparación, cuando uno todavía no sabía cómo iba a funcionar la organización tripartita. La tercera etapa fue la ejecución del proceso. Al principio tuvimos enormes problemas logísticos porque la decisión política fue empezar inmediatamente, con todas las contrataciones y el esfuerzo logístico que ello implicaba. Fue increíble el esfuerzo de todos los observadores para desplegarse en lugares aislados, en el medio de la nada, con mínimas comodidades y comunicaciones. Fue un compromiso fantástico. Luego, lentamente, fuimos mejorando.

La recepción de las armas de las FARC. Foto: Archivo DEF, gentileza EMCO.
La recepción de las armas de las FARC. Foto: Archivo DEF, gentileza EMCO.

-¿Qué tareas tenían que cumplir?
-Verificamos el cese del fuego. Fue un esfuerzo logístico y de seguridad impresionante. Las FARC de todo Colombia tenían que reunirse en 26 lugares, a muchos de los cuales solo se accedía por río. Entonces, se requerían embarcaciones, camiones, camionetas, y la gente iba con todo el armamento y la munición. Fue increíble. Las FARC no podían salir de una zona determinada y la fuerza pública tampoco podía entrar; nosotros estábamos cerca, para monitorear que eso se cumpliera. Debo destacar que no solo hubo un cese del fuego, sino también de las hostilidades. Históricamente siempre se acusó, tanto a la Fuerza Pública como a las FARC, de ejercer hostilidades en la población civil. Entonces esto también es una misión de derechos humanos. Además nos dieron otras tareas. Cuando llegamos, el gobierno se comprometió en darle la logística a las FARC, tanto en salud, comida y construcción de campamentos, y nosotros también teníamos que controlar eso.
Fue increíble el esfuerzo de todos los observadores para desplegarse en lugares aislados, en el medio de la nada, con mínimas comodidades y comunicaciones.

-¿Cómo fue la entrega de las armas?
-En Colombia se la conoció como la "dejación" de las armas. Cuando entraron las FARC al campamento, lo hicieron con armas. Ahí fue el primer trabajo: les pusimos un sticker con un código de barras a cada una. Monitoreamos que esas armas se mantuvieran ahí. Después, sobre la base de una línea de tiempo, empezaron a entregar esas armas en forma progresiva. Luego continuó otro trabajo, que consistió en ir a las caletas. Creo que fue el trabajo de mayor esfuerzo y de mayor peligrosidad. Eran depósitos escondidos de armas, explosivos y municiones, la mayoría en lugares escondidos, en medio de la montaña y de la selva. Llevamos las armas a la sede, y los explosivos y las municiones los destruimos en el mismo lugar. Eran explosivos inestables enterrados hacía más de cinco o diez años. La gente trabajó de forma muy profesional y no tuvimos inconvenientes en el desarrollo de nuestra tarea de observadores.

*La versión original de esta nota fue publicada en la Revista DEF N.° 117