La ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, expuso en la XI Conferencia Hemisférica de Seguridad, coorganizada por la Universidad Internacional de Florida y Fundación TAEDA. En ese marco, dialogó con DEF sobre los logros alcanzados hasta el momento en materia de seguridad, los desafíos del crimen organizado transnacional y los planes de cooperación regional, especialmente con Estados Unidos.
-¿Cuáles son los principales desafíos que detectan hoy desde el Ministerio de Seguridad?
-En primer lugar, hacemos un buen análisis del momento en el que estamos viviendo en el marco de la Seguridad Nacional, no solo para Argentina, sino para la región y a nivel global. En cuanto a los desafíos, los concentramos, básicamente, en tres frentes. Por una parte, institucionales y políticos. Esto tiene que ver con consolidar la política de seguridad nacional a mediano y largo plazo, más allá de los objetivos específicos de gobierno.
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Luego, hay desafíos que tienen que ver con la modernización, la adecuación y el fortalecimiento de nuestras Fuerzas de Seguridad, que son el motor operativo de la política de seguridad.
Nosotros contamos con cinco fuerzas federales, 112.000 efectivos en total que tienen un despliegue en todo el país, en más de 2000 puntos. Y también es un desafío adecuar la definición territorial de las políticas de seguridad en articulación con las provincias. No olvidemos que somos un estado federal donde esa competencia de seguridad ciudadana la detentan las provincias, pero nosotros, desde la nación, tenemos ese complemento al eje de seguridad, y hay un trabajo fundamental con las provincias.
-¿Y el tercer desafío?
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-El tercer gran desafío es seguir generando resultados positivos frente a las organizaciones criminales, que hoy se mueven con dos grandes temas, narcotráfico y terrorismo.
El desbaratamiento de organizaciones criminales para nosotros es una prioridad, y este no solo se reduce a mejorar o incrementar incautaciones de droga, sino, además, a afectar sus flujos, sus procesos, sus redes, y para eso se necesita adecuación jurídica, servicios penitenciarios que funcionen. Y, por supuesto, un gran esfuerzo en la inteligencia criminal, con el foco puesto en el terrorismo internacional.
-En su exposición en la XI Conferencia de Seguridad Hemisférica, remarcaba que el crimen organizado tuvo un punto de inflexión en 2020, en plena pandemia. ¿Por qué? ¿En qué datos se expresa eso?
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-Ese año fue un punto de inflexión global en todos los ámbitos de nuestras vidas. A veces, pareciera que nos ha faltado evaluar las consecuencias o los impactos de 2020 en todos los ámbitos de la vida, no solo en la seguridad nacional. Pero, en América Latina, las organizaciones criminales fueron las grandes ganadoras de esa pandemia que nos tocó transitar.
-¿De qué manera se han alterado las organizaciones criminales en estos últimos seis años?
-Hubo modificación de las rutas de narcotráfico; esto lo vemos en Ecuador y en Costa Rica [N. del R.: En estos países, las tasas de homicidio tuvieron un fuerte crecimiento en el último tiempo]. Se incrementaron las hectáreas de cultivo y producción en buena parte de los países donde venían en descenso y, hoy, Colombia, Bolivia y Perú producen más. Esto también ha impactado en los canales de producción y de comercialización. Se han achicado los tiempos entre la demanda y la respuesta. Las organizaciones criminales son mucho más eficientes a la hora de exportar, ya sea al norte de Europa o al sudeste asiático, desde México o desde Colombia, o bien desde puertos en Uruguay, en el Atlántico Sur.
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Es decir, se han achicado los tiempos para el crimen organizado, y eso ha modificado el mapa de la producción y la comercialización.
-¿Cómo se gestiona la necesidad de dar respuestas rápidas y la debida recolección de información para actuar de manera eficiente y correcta?
-Es moverse entre un péndulo, que implica la respuesta inmediata del día a día, y los otros tiempos –o la dinámica distinta– propios de la investigación y la inteligencia criminal. En la actualidad, la gestión de la seguridad consiste en dar respuesta de manera simultánea en esos dos frentes. Por una parte, la operatividad, que es necesaria y que debe ser cada vez más inteligente en términos de focalización, o sea, de estar en las zonas en las que hay que estar, haciendo lo que hay que hacer.
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Y, por otra parte, el fortalecimiento de procesos de investigación, de inteligencia criminal, de transferencia de conocimiento y puesta a tiempo de la información para la toma de decisiones.
-Conocemos el trabajo del Comando Tripartito que trabaja sobre la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay. ¿Se está trabajando en uno similar con Bolivia y Chile?
-El comando tripartito entre Argentina, Brasil y Paraguay tiene poco más de 25 años. El año pasado se actualizó, nunca se había actualizado. Si bien siempre todo es mejorable y hay muchísimos desafíos por delante, estamos replicando la metodología, trabajando en los diferentes niveles –en lo estratégico, en lo táctico y en lo operativo– para tener un próximo comando tripartito entre Argentina, Chile y Bolivia. Lo venimos trabajando a nivel de ministros y ya estoy conversando con Trinidad Steinhet, la ministra de Seguridad de Chile, y Roberto Ríos Sanjinés, el ministro de Gobierno de Bolivia.
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Queremos que sean nuestros tres presidentes quienes firmen este comando tripartito y, a partir de ahí, darles la institucionalidad a más controles fronterizos, más información para la toma de decisiones, la implementación del corredor bioceánico y los procesos fronterizos. Es decir, el refuerzo de nuestras fronteras para la contención del crimen organizado y también para una definición más clara de los procesos migratorios.
-¿Qué se lleva ahora de esta gira por Estados Unidos?
-Nos llevamos muy buenas noticias. Son el resultado de un trabajo sostenido de dos años, liderado por el presidente Javier Milei. Porque esa cercanía y esa posición que hoy tiene Argentina frente a este trabajo que venimos articulando nos permiten tener una comunicación y una articulación con el Departamento de Seguridad de los Estados Unidos como nunca lo habíamos tenido antes; con el Departamento de Estado y con los distintos subsecretarios en nuestras reuniones de manera habitual.
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-¿Cómo se traduce eso en lo concreto?
-Se traduce en asistencia técnica, en capacitación, en convenios que venimos firmando. Se traduce en un proceso también muy sensible, prioritario para los argentinos, pero también en una definición política de nuestros presidentes, y es el proceso de exención de visado para Argentina, que esperamos se materialice el año que viene.
Venimos trabajando en ese proceso desde que arrancó la gestión. No se da de un día para el otro, es una serie de pasos, pero es esa comunicación diaria y ese trabajo sostenido en el tiempo lo que permite que tengamos hoy mucho más claro para dónde vamos y, por supuesto, la solidez de esta alianza.
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