Es una de las primeras técnicas aeronáuticas del país y sueña con más mujeres en el mundo de los aviones

Andrea Rosales Vega trabaja como mecánica de mantenimiento de aviones en Aerolíneas Argentinas (ex Austral, donde ingresó en 2005). Fue la primera mujer en acceder a ese cargo en esa aerolínea. Aquí, un repaso de su carrera, sus aspiraciones y los obstáculos con los que se fue encontrando tras abrirse paso en un espacio que culturalmente parecía reservado para hombres

Google icon
Cuando era chica, Andrea soñaba con ser piloto. Con los años, descartó la idea porque era una carrera costosa y no disponía de los recursos. A pesar de eso, su destino estaba marcado y terminaría volviéndose una experta en aviones. Foto: Gentileza ARV.

Andrea Rosales Vega (36) nació y se crio en Isidro Casanova, provincia de Buenos Aires, cerca del Aeródromo de San Justo. Cuando era chica, recuerda, pasaba las tardes mirando los aviones que pasaban por arriba de su casa. En ese entonces, soñaba con ser piloto. Con los años, dice, descartó la idea porque era una carrera costosa y no disponía de los recursos. A pesar de eso, su destino estaba marcado: a la larga, Rosales Vega terminaría volviéndose una experta en aviones. La forma, cuenta en charla con la revista DEF, fue fortuita. “Resulta que mi hermano mayor –con quien me llevo un año– tenía reservada una vacante en la Técnica N° 8 ‘Jorge Newbery’, que al final no usó porque ingresó a otro colegio. Así que aproveché su vacante y me anoté. Ahí me formé como mecánica y técnica aeronáutica”, cuenta. Ya egresada y con el título en la mano, Andrea quiso ingresar a la Fuerza Aérea Argentina para cumplir su sueño de ser piloto, pero, para su sorpresa, “la rebotaron”. “Ahí cambié mi meta y me propuse ejercer como técnica”, reconoce.

-Antes de ingresar a Austral, en 2005, ¿tuviste otros trabajos?

-Sí. Mientras tramitaba el analítico y sacaba la licencia de mecánica, que se necesita para ejercer, trabajé de telefonista en una remisería, fui camarera en un restaurante de comida árabe en Palermo y pasé seis meses en un taller mecánico, con un contrato temporal, realizando mantenimiento a los equipos reguladores de GNC de una empresa. En ese último puesto era la única mujer.

PUBLICIDAD

-¿Te incomodaba no tener compañeras?

-El único inconveniente, por decirlo de alguna manera, era que tenía que irme cambiada desde mi casa porque no había un vestuario para mujeres. Después, más allá de algún entredicho con algún chofer de taxi que no quiso que yo le recibiera el auto, la experiencia fue positiva.

Andrea Rosales Vega trabaja en Aerolíneas Argentinas como mecánica de mantenimiento de aviones. Foto: Giovanni Saccheto.

SU ENTRADA AL MUNDO DE LOS AVIONES

PUBLICIDAD

-¿Cómo llegaste a Austral? ¿Te costó entrar?

-(Piensa). Cuando se me terminó el contrato en el taller mecánico, empecé a buscar trabajo otra vez. Del puesto en Austral, me enteré gracias a una publicación que salió en los diarios. En ese momento, salieron dos llamados y me postulé junto a varios compañeros, que también mandaron su currículum por correo. ¿Qué pasó? Llamaron a varios de ellos y a mí no. Como yo tenía tantas ganas de entrar, me comuniqué con el Departamento de Recursos Humanos, donde me dijeron que, en Aerolíneas Argentinas, no tomaban mujeres para el puesto de mecánico. Pasaron unos días y mis colegas me insistieron para que volviera a llamar. Ahí me atendió otra mujer que, casualmente, era la que hacía las entrevistas para Austral. Mi llamada la sorprendió. “No sabía que había mujeres mecánicas”, me dijo y me citó para una entrevista al día siguiente.

-En algún reportaje, contaste que tu ingreso a la aerolínea fue “difícil” porque algunos compañeros no toleraban que hubiera una mujer haciendo lo mismo que ellos y te lo hacían sentir. ¿Qué actitudes tenían?

-Tenían un trato casi despectivo contra los ingresantes. No era una cuestión de género, sino generacional. Por ejemplo, como el área de descanso quedó chica para la dotación que éramos, ellos asumían que tenían prioridad para ocupar ese sector. ¿Entonces qué pasaba? Muchas veces, durante la hora de descanso, te tenías que ir al vestuario. Lo mismo pasaba a la hora de tomar el transporte para trasladarnos internamente. Ellos siempre tenían prioridad; eran bastantes crueles en ese sentido.

"Mientras tramitaba el análitico y sacaba la licencia de mecánica, que se necesita para ejercer, trabajé de telefonista en una remisería, fui camarera en un restaurante de comida árabe en Palermo y pasé seis meses en un taller mecánico", cuenta Andrea. Foto: Gentileza ARV.

PAGAR “DERECHO DE PISO” SOLO POR SER MUJER

-¿Alguna vez te hicieron sentir mal solo por el hecho de ser mujer?

-Sí. Una vez, un compañero que venía de otro sector realizó mal un procedimiento de mantenimiento y me culpó a mí por ser nueva y… por ser mujer. Era el año 2006. Hacía poco que yo había ingresado y, a pesar de ser bastante sumisa, me planté y tuve que mostrar cómo se llevaba a cabo dicho procedimiento. Fue una situación embarazosa, pero la agradezco, porque me ayudó a ir forjando mi carácter. En otra ocasión, como verás son contadas con los dedos de una mano, tuve un encontronazo con otro colega en otro sector. Para adquirir conocimiento y experiencia, yo había solicitado un pase a la especialidad de mecánico eléctrico. Lo que me pasó ahí fue que el encargado hacía diferencias con el personal a la hora de delegar una tarea. En un principio, pensé que era el famoso “derecho de piso”, pero luego se incorporó otro compañero y el trato no era el mismo. Que quede claro: yo no pedía un trato preferencial, solo que me dieran igualdad de condiciones a la hora de realizar una tarea sin dudar de mi capacidad. Pasaron los años (cuatro años, para ser específica) y, como yo seguía haciendo las mismas tareas de siempre, lo planteé. Por supuesto, no llegamos a buen puerto, así que solicité el pase de vuelta.

-Frente a este tipo de situaciones, ¿alguna vez pensaste en dejar tu puesto o dedicarte a otra cosa?

-Sí, pero no por el trabajo, sino por la gente, por estas personas acerca de las que te comentaba recién. Después me ponía a pensar en todo el esfuerzo que había hecho para llegar a ese lugar, en todo lo que sacrifiqué… e inmediatamente conectaba con mi propósito sin dejar que las circunstancias me afectaran. Pero sí, claro que se me pasó por la cabeza dejar mi puesto en un mal momento. No es fácil para una mujer estar en un área técnica.

"Se me pasó por la cabeza dejar mi puesto en un mal momento. No es fácil para una mujer estar en un área técnica", confiesa Rosales Vega. Foto: Giovanni Sacchetto.

LA TAREA DE CUIDAR A LOS QUE VUELAN

-Cuando ingresaste a Austral, hace 16 años, eras la única mujer. ¿Seguís siéndolo?

-En mi sector, que es el de Inspección Mayor, sí. Pero, por ejemplo, en Aeroparque, hay otras dos chicas (Natalia Mottet y Pamela Sisterna) en el sector de Servicios Complementarios, que se dedican a todo lo que es interior de cabina. Igual quiero aclarar que hubo un tiempo en el que entró una colega a mi sector, pero luego pidió un pase a oficina. Hoy por hoy, está a cargo del Departamento de Seguimiento de Fallas de Aeronaves. Como sea, hay una realidad: el ingreso de mujeres, sobre todo en el área técnica, sigue siendo mínimo. En ese sentido, Aerolíneas está realizando una fuerte campaña en cuestiones de diversidad, género y violencia laboral para darles visibilidad a estos temas. Por mi parte, sigo anhelando que todo esto genere un cambio y que, en un futuro próximo, ingresen más mujeres, no destinadas a oficina técnica, sino a trabajar en las aeronaves como yo.

-¿Cómo es un día en el hangar?

-Llegás, te ponés el uniforme y te reunís con tus compañeros. Después el encargado de turno realiza un briefing, una reunión en la que, entre otras cosas, se planifica que tareas vamos realizar, quién o quiénes y sobre qué aeronave. Nuestro hangar realiza inspección sobre las aeronaves E-190 (Embraer). Las tareas que realizamos son tareas programadas y recomendadas por el fabricante de la aeronave. La premisa es: a mayor antigüedad y cantidad de horas de vuelo, más tareas de inspección.

-¿Tus tareas son iguales a las de tus compañeros?

-Las mujeres mecánicas hacemos las mismas tareas que nuestros pares hombres. Eso puede abarcar desde hacer algún servicio, como una carga de aceite, hasta cambiar un componente. Por supuesto que, en función de cada tarea, a veces se trabaja solo o en equipo. Para desmontar un motor, por ejemplo, se necesitan como mínimo tres personas y un inspector.

Pionera: "A mí me gustaría que más mujeres sigan esta carrera para demostrar que acá estamos y que podemos hacer estas tareas. Yo siento que, de alguna manera, abrí un camino", dice Andrea. Foto: Giovanni Sacchetto.

-¿Te tocó, por ejemplo, reparar alguno de los aviones que viajan a buscar las vacunas contra el COVID-19 a China o a Rusia?

-No, porque son aeronaves de fuselaje ancho y yo trabajo con la flota de fuselaje estrecho, que son los que hacen vuelos regionales o de cabotaje.

-Y en ese caso, ¿alguna vez reparaste algún avión donde viajó algún funcionario o político?

-Tampoco. El mantenimiento está repartido en tres: mantenimiento mayor, menor y de línea. Los que se encargan de reparar ese tipo de aviones sobre los que me preguntás son los equipos de mantenimiento de línea y mantenimiento menor. Los que hacemos inspección mayor, en cambio, realizamos inspecciones programadas en función de la antigüedad y la cantidad de horas de vuelo. Mientras que los que trabajan en la línea inspeccionan las novedades que surgen en el momento, las nuestras son pactadas: un chequeo que puede durar un mes y medio porque, en muchos casos, requiere desarmar una cabina por completo.

POR MÁS MUJERES EN MÁS ÁREAS

-Desde que formás parte de Aerolíneas Argentinas (ex Austral), ¿siempre tuviste el mismo puesto o fuiste ascendiendo?

-No, siempre me desempeñé como mecánica. En el sector donde estoy, lo máximo a lo que podés aspirar es a un puesto de jefatura o a uno de inspector. Yo aspiro a este último, pero para eso hacen falta años de experiencia y capacitación. Los inspectores son los que certifican el trabajo y avalan, o no, los certificados que hacen los mecánicos, es decir, los certificados que hacemos nosotros. En función de eso, liberan el retorno al servicio de las aeronaves. Es la máxima responsabilidad.

-Pertenecés a una generación de mujeres trabajadoras que se apropiaron de los espacios que culturalmente parecían reservados para hombres. Viéndolo en perspectiva, sobre todo hoy que estamos ante el auge del feminismo, ¿qué te genera?

-A mí me gustaría que más mujeres sigan esta carrera para demostrar que acá estamos y que podemos hacer estas tareas. Yo siento que, de alguna manera, abrí un camino. Por eso, mi mensaje es que insistan, que no abandonen, que le den para adelante. Si tienen que mandar un currículum cien veces, mándenlo. La expectativa es que las empresas empiecen a contratar más mujeres. Por supuesto que no es fácil para una mujer estar en un área netamente de “hombres”, pero, si una tiene bien en claro quién es, cuál es su propósito y su meta (tanto personal como profesional), difícilmente puedan menoscabar el progreso. Hay que dejar de lado los prejuicios y, como me dijo un colega: “Altura y fortaleza ante los roces de la vida”.

* Esta nota fue escrita por una colaboradora para DEF.

SEGUIR LEYENDO:

Más Noticias

La mirada de la expresidenta de Costa Rica sobre la actualidad del crimen organizado en América Latina

Laura Chinchilla, expresidenta de Costa Rica, advierte que la región enfrenta un deterioro acelerado de sus instituciones y que los gobiernos siguen apostando al cortoplacismo, en vez de atacar las causas estructurales de la violencia

El mundo al borde del colapso: cuando la interconectividad global se vuelve nuestra mayor vulnerabilidad

La humanidad enfrenta por primera vez la posibilidad de un colapso verdaderamente global: no por una sola causa, sino por la convergencia de guerras silenciadas, una economía interdependiente y líderes que no han crecido a la altura de las decisiones que deben tomar

Rafael Grossi: “La crisis financiera que vive la ONU se debe a la falta de confianza en la organización”

El director general del OIEA y candidato a secretario general de la ONU analiza el nuevo escenario nuclear global, advierte sobre países que evalúan abandonar el Tratado de No Proliferación y diagnostica la crisis de las Naciones Unidas como un problema de confianza que, asegura, tiene solución

John Mearsheimer: “América Latina es el área más importante del mundo para Estados Unidos”

El padre del realismo ofensivo analiza el nuevo mundo multipolar, descarta la amenaza rusa sobre Europa y advierte que América Latina desempeñará un papel central en la competencia que definirá el siglo XXI

El hemisferio americano para nosotros, los americanos: seguridad regional en un mundo en disputa

La XI Conferencia de Seguridad Hemisférica dejó una certeza: frente al crimen organizado transnacional, la injerencia de potencias extrarregionales y la creciente disputa por el Atlántico Sur, el hemisferio americano solo puede responder con una estrategia coordinada, propia y urgente