Agregar Infobae enGoogle

El tango "alivia la digestión": un poema de la Premio Nobel Anne Carson sobre "la belleza del marido"

La escritora, que acaba de ganar la distinción de la Academia Sueca, tiene un libro de poemas a los que define como el género musical rioplatense. Que, dice, libera y tiene otros efectos

Anne Carson es poeta, ensayista y especialista en griego clásico.

La canadiense Anne Carson acaba de recibir el Premio Nobel de Literatura 2026. Ha escrito poesía y ensayo, es traductora y se define como alguien que enseña griego clásico para ganarse la vida. En 2001 publicó su poemario “La belleza del marido”, al que definió como “Un ensayo narrativo en 29 tangos”, tal vez burlándose de la división entre géneros literarios.

En el libro, se dice que la elección del tango es porque “un tango, como el matrimonio, es algo que uno tiene que bailar hasta el final”. Aquí, un poema de ese libro.

PUBLICIDAD

Triste tango severo danza de amor y muerte danza de la noche y de los hombres danza de la cocina oscura de la pobreza del deseo

Deberíamos quizá agudizar la mirada y cercar con más detalle la belleza del marido;

con cuidado, pues estaba en llamas.

El suelo a sus pies estaba en llamas,

el mundo estaba en llamas,

la verdad estaba en llamas.

A su alrededor el fuego verde ardía en cada árbol.

Casi nunca estaba triste, un dios le conducía.

Tampoco ponía en duda su destino que parecía como Napoleón solía decir así:

Me escribo a mí mismo entre mundos.

Lo que él escribía dependía de con quién estaba.

Cuando conoció a Ray

empezó a escribir pinturas.

En la habitación de Ray trabajaban codo a codo, el marido hablaba.

A Ray le gustaba aprender sobre lugares del mundo,

puesto que apenas había viajado y sobre libros,

puesto que no leía.

¿Cómo son los Alpes?

Desde el avión parecen frágiles como trozos de cerámica. Finos silencios flotando.

Y de cerca.

De cerca más bien como el queso. Parmesano.

Es caro.

¿El parmesano?

Italia.

Sí y no.

¿Sueles quedarte con tu guapa italiana?

Se casó.

Con quién.

Un tipo llamado Ricky.

¿Son felices?

Ella tuvo que liberarlo dijo.

Refiriéndose al sexo.

Imagino.

"La belleza del marido", los poemas-tango de Anne Carson.

Sabes lo que es bueno para eso es el tango.

¿Para liberar?

También alivia la digestión.

Cómo sabes estas cosas.

¿Te acuerdas de Flor?

No.

La que vino antes de Karl.

¿Karl?

Karl fue la que vino antes de Danny.

Ah.

Y Flor era bailarina de tangos.

Eso me suena de hace mucho tiempo.

Pobre pura Flor.

Parece que hace siglos.

Flor era vulnerable.

No te parece que hace siglos Ray.

No hace tanto pero tú estabas casado y entonces todo era distinto.

Me hace temblar.

El qué.

Pensar en el pasado. Recuerdo exactamente cómo creía que sería la vida.

Todo el mundo tiene sueños.

No no eran sueños era una imagen precisa.

Qué es lo que fue mal.

Los intermediarios.

¿Cómo?

Fíjate en el divorcio, no fue idea suya divorciarse de mí. Los intermediarios se apoderaron de ella.

Ella sabía que ibas por ahí acostándote con otras.

Ray por favor yo nunca le mentí. Cuando la necesidad urgía quizá utilicé palabras que mentían.

Método demasiado filosófico para mí.

Los filósofos dicen que el hombre se hace a sí mismo en el diálogo.

Eso lo entiendo.

Y ella también lo entendió.

Ahí te equivocas.

Por qué lo dices.

Vi cómo se derrumbaba.

Ella era bastante más fuerte que yo.

Se derrumbó.

Todo lo que hice lo hice por ella.

Por qué gritas.

Voy a verla este fin de semana.

Estás loco.

Le escribiré primero.

Se divorció de ti hace tres años por qué no la dejas en paz.

Tengo fe.

En qué.

En nosotros.

No hay un nosotros.

Pura y profunda fe.

Pero por qué.

Ray ya sabes que me hubiera gustado vivir en otro siglo.

Solías decir que el cuerpo es el principio de todo.

Ya no lo creo.

Sigues acostándote con cualquiera.

Es verdad.

Me deprimes.

La manera en que la gente vive aquí...

Sí.

La tierra de ningún milagro.

Qué es lo que esperas ahora.

Renacer como un gran guerrero en el año 3001.

Una tarde de junio.

Qué has dicho.

Es un verso de un tango.

En una tarde de junio sí.

Seguían trabajando, él en su caballete

y él en el suelo a la luz de la lámpara

mientras altas y negras orillas de crepúsculo aparecían y les envolvían como centinelas.

El marido estaba haciendo un plano de la batalla de Epipolai

que quería transferir a una pared de su casa con pintura acrílica

y pequeñas banderas.

¿Por qué Epipolai? Esta cruenta derrota ateniense

empezó con una maniobra por sorpresa en el 413 a. C.

Cruzando la línea que separa el coraje de la locura

los atenienses atacaron colina arriba en lo oscuro

las posiciones fortificadas de los siracusanos.

Al principio su originalidad

hizo que el plan tuviera éxito,

pero luego los siracusanos lo captaron,

fueron a la carga y el desorden imperó en todas partes.

Se guiaban por la luz de la luna,

podían ver siluetas pero no quién era quién.

Los hoplitas se movían

en un espacio no más grande que el pozo de una escalera

y aquellos atenienses que estaban ya en desbandada y bajaban la colina

se encontraban con otros que llegaban frescos para el ataque

y los tomaban por enemigos; además,

gritando constantemente la contraseña

se la revelaban al enemigo y con esta palabra

llegándoles inadecuadamente en la oscuridad los atenienses entraron en pánico.

Amigos caían sobre amigos.

Era como una bella danza hirviente donde tu pareja

se gira

y te apuñala hasta la muerte,

caldera de luna roja siciliana y labios blancos griegos.

Tararea mientras trabaja.

Rectángulos para los cobertizos siracusanos,

líneas rotas para el valiente asalto ateniense,

triángulos para los posibles lugares de confrontación,

puntos negros de varios tamaños para las víctimas calculadas a lo largo del camino de la derrota.

En su cabeza

está redactando una carta

para hablarle a ella (otra vez)

sobre la niebla de la guerra y la necesidad de resistencia y esplendor

a la que se abocarán al final.

Necesitamos una nueva contraseña murmura con una sonrisa,

mientras se imagina llegando exhausto y ronco,

cubierto de polvo, cabalgando un tanque en una tarde espléndida.

Una tarde de junio.

PUBLICIDAD