La ciudad de Buenos Aires está, por estos días, poblada de afiches que llaman la atención en medio de publicidades de comida, juego online y el estreno de la película de superhéroes o terror de turno. Las imágenes resaltan porque se vinculan con la memoria emotiva de varias generaciones argentinas. En ese terreno, el nombre de Leonardo Favio resalta por peso específico propio. Y sus películas, mucho más.
En septiembre, el Cinearte Cacodelphia programa una retrospectiva de cuatro películas de Leonardo Favio que recorre los ejes más profundos de una de las obras más personales del cine argentino: la infancia como herida, el deseo imposible, la marginalidad y los sueños de los sectores populares. “Favio filmó personajes que parecen quedar fuera de todo, pero que en sus películas ocupan el centro del mundo. Cada historia tiene una forma propia, porque en su cine nunca hay repetición: hay búsqueda, riesgo y una manera profundamente personal de mirar”, afirmó Silvina Pachelo, coordinadora y curadora del ciclo, coautora del libro Leonardo Favio. Nadie puede olvidarlo.
‘Crónica de un niño solo’ (1965)
El ciclo arranca el miércoles 9 de septiembre con Crónica de un niño solo (1965), el largometraje debut de Favio como realizador, escrito junto a su hermano Jorge Zuhair Jury y dedicado a su mentor Leopoldo Torre Nilsson. La película sigue a Polín, un niño de once años que vive entre el reformatorio estatal y la villa miseria de la que proviene. Luego de golpear a un supervisor del internado, Polín es encarcelado y finalmente logra escapar para volver a su barrio, donde la libertad es tan frágil como las condiciones que la rodean: la muerte dudosa de un obrero, la indiferencia de las autoridades, la violencia cotidiana.
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El film está inspirado en vivencias del propio director, quien de niño conoció el abandono y los reformatorios de primera mano. Estrenada el 5 de mayo de 1965, en pleno gobierno del radical Arturo Illia —y en un contexto de fuerte ebullición política y juvenil—, la película fue leída por muchos como una crítica velada y generó controversia por su retrato descarnado de las instituciones del Estado. En la encuesta del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken del año 2000, fue elegida “la mejor película argentina de todos los tiempos”. Su lugar en la obra de Favio es fundacional: inauguró un lenguaje propio, en blanco y negro, con escasos diálogos y una cámara que observa sin juzgar, construyendo desde el margen una forma nueva de narrar.
‘Nazareno Cruz y el lobo’ (1975)
El miércoles 16 de septiembre llega Nazareno Cruz y el lobo (1975), una de las películas más vistas en la historia del cine argentino, con unos 3,4 millones de espectadores. Protagonizada por Juan José Camero, Marina Magalí y Alfredo Alcón, la historia adapta el radioteatro homónimo de Juan Carlos Chiappe y explora el mito guaraní del lobizón: Nazareno Cruz es el séptimo hijo varón de su familia y carga con la maldición de convertirse en lobo en cada noche de luna llena. Cuando se enamora de Griselda, el Diablo —un gaucho poderoso encarnado por Alcón— le propone un trato: renunciar al amor a cambio de riquezas y libertad. Nazareno rechaza el pacto y el destino se cumple con consecuencias trágicas para él, su amada y el pueblo entero.
El film fue rodado entre septiembre y diciembre de 1974, en plena efervescencia política post-muerte de Juan Domingo Perón, cuando los grupos que se reclamaban herederos del peronismo resolvían sus disputas con violencia creciente. “El que elegía el amor estaba perdido”, dijo Favio sobre ese tiempo. Según sus propias palabras, concibió la película como una metáfora de paz: “Es una película que parte de mi ingenuidad, de haber pensado que enviando mensajes se iban a poder apaciguar los ánimos”. En la filmografía de Favio, Nazareno Cruz señala un giro hacia el cine de géneros populares y la paleta del color, lejos del ascetismo formal de su trilogía inicial, y demuestra que la cultura de masas podía ser también un vehículo de reflexión política y poética.
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‘Soñar, soñar’ (1976)
El miércoles 23 de septiembre se proyecta Soñar, soñar (1976), la película más extraña y tal vez, la más íntima de este ciclo. Carlos Monzón —entonces campeón mundial de boxeo y uno de los personajes más populares del país en ese momento, luego será otra historia— interpreta a Charlie, un joven del interior que sueña con ser artista y llega a Buenos Aires sin más herramientas que su fuerza física y su inocencia. En la ciudad conoce a Mario “El Rulo” (el cantautor italoargentino Gian Franco Pagliaro), un estafador bohemio que lo arrastra a una serie de aventuras miserables que terminan en el circo y, finalmente, en la cárcel.
Filmada durante los últimos meses del gobierno de Isabel Perón y estrenada el 8 de julio de 1976 —pocas semanas después del golpe de Estado de marzo—, la película fue prohibida casi de inmediato por la dictadura militar. Para Favio, la escena final, con los dos protagonistas presos logrando por primera vez hacer su número ante una audiencia, era una declaración política directa: “Al fin lo logramos, pensaban los que jodieron tanto con el gobierno constitucional. Ya estábamos todos presos”. Soñar, soñar marcó el cierre de su primera etapa como cineasta: Favio se exilió y no volvería a filmar durante diecisiete años. Con el tiempo, adquirió el estatus de obra de culto y fue declarada Bien de Interés Artístico Nacional en 2022.
‘Gatica, el mono’ (1993)
El ciclo cierra el miércoles 30 de septiembre con Gatica, el Mono (1993), el film que marcó el retorno de Favio a la dirección después de casi dos décadas de silencio. La película narra la vida de José María Gatica, el boxeador puntano que emigró a Buenos Aires de niño y se convirtió en uno de los ídolos populares más grandes de la Argentina de los años 40 y 50. El film traza un paralelo explícito entre la trayectoria del púgil y la del peronismo: cuando Perón sube, Gatica gana; cuando el peronismo cae en 1955, la carrera de Gatica se desmorona con él. “Yo nunca me metí en política. Siempre fui peronista”, dice el personaje en una de las líneas más celebradas del film, que sintetiza el vínculo visceral —antes que ideológico— entre los sectores populares y el movimiento.
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Favio mezcla ficción y material de archivo para construir un retrato que no esquiva las contradicciones: Gatica es excesivo, conflictivo, caprichoso, y también es leal, genuino y profundamente humano. Estrenada el 13 de mayo de 1993, en pleno auge del menemismo, la película operó también como un alegato silencioso sobre los valores que el peronismo original había encarnado. Protagonizada por Edgardo Nieva, representa una (posible) síntesis de la obra de Leonardo Favio: el cine como biografía colectiva, donde la vida de un hombre es también la historia de un pueblo.
*Las funciones de Leonardo Favio en retrospectiva se realizan todos los miércoles de septiembre a las 19 en Cine Arte Cacodelphia ((Av. Roque Sáenz Peña 1150, CABA). Las entradas puede adquirirse a través de las boleterías de la sala o en su plataforma oficial de venta online.
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