“¡Tanta gloria y tanto olvido!”, escribió Domingo Faustino Sarmiento después de pasar un día entero con el general José de San Martín en su casa de Grand Bourg, a las afueras de París. Era el 24 de mayo de 1846. El Libertador tenía 68 años, llevaba más de dos décadas retirado de la vida pública, y los países que había emancipado lo habían olvidado. Esa exclamación —arrancada de la carta que Sarmiento envió a su amigo Antonino Aberastain— da título al ebook que Infobae Ediciones publica de forma gratuita este 17 de agosto, a 176 años de la muerte de San Martín, y que acompaña el estreno de El Libertador, el cortometraje histórico producido por Infobae con inteligencia artificial.

Tanta gloria y tanto olvido
eBook
Gratis
El cortometraje y el libro nacen de la misma fuente. El Libertador recrea ese encuentro entre Sarmiento y San Martín —con la voz del Libertador a cargo de Arturo Puig y la de Sarmiento a cargo de Juan Leyrado—, y se apoya en los mismos documentos que el ebook reúne por primera vez en un solo volumen: la carta privada que Sarmiento le envió a Aberastain el 4 de septiembre de 1846 y el discurso que pronunció el 1 de julio de 1847 ante el Instituto Histórico de Francia. El libro incluye también un prólogo del periodista y divulgador histórico Adrián Pignatelli, quien reconstruye el contexto de aquella visita.
El hombre que encontró Sarmiento
Cuando el sanjuanino llegó a Grand Bourg con una carta de recomendación del general Juan Gregorio Las Heras, encontró a un hombre de 68 años, de cabello totalmente blanco, sin patilla ni bigote, con grandes cejas negras, nariz larga y aguileña y mirada penetrante. San Martín vivía en una casa de techo de pizarra, con un parque de una hectárea a unos 25 kilómetros al sur de París, junto a su hija Mercedes y sus dos nietas. Lo asistía Eusebio Soto, el criado que lo había acompañado desde Lima y que en Francia se había casado con una española.
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El libro reconstruye esa vida cotidiana: el anciano general se levantaba con el alba, tendía su cama, preparaba su desayuno en un mate con bombilla de caña, limpiaba su colección de armas, hacía pequeñas obras de carpintería, cosía su ropa —un hábito del ejército que su hija le reprochaba— y coloreaba estampas de barcos y paisajes marinos. Pasaba entre ocho y nueve meses al año en Grand Bourg, desde Semana Santa hasta el Día de Todos los Muertos. “Amigo, soy feliz aquí. A pesar de esto, ¿creerá usted si le aseguro que mi alma encuentra un vacío? Y ¿sabe usted cuál es? El no estar en Mendoza”, le confesaba a su amigo Tomás Guido.
El hielo se rompe con un recuerdo
San Martín era, por regla, reservado y parco con los desconocidos. Sarmiento logró romper esa distancia por una vía inesperada: mencionó a su padre, el capitán Clemente Sarmiento, a quien el Libertador le había entregado los prisioneros realistas capturados en Chacabuco en 1817. El general lo recordaba. Desde ese momento la conversación se abrió.
Y cuando rozaron el tema del cruce de los Andes, ocurrió lo que Sarmiento describió en su carta como una transfiguración: “Sus ojos pequeños y nublados ya por la vejez se han abierto un momento, y mostrándome aquellos ojos dominantes, luminosos, de que hablan todos los que le conocieron; su espalda encorvada por los años se había enderezado, avanzando el pecho, rígido como el de los soldados de línea de aquel tiempo”. La habitación pequeña de Grand Bourg se dilató, en la imaginación del general, hasta convertirse en un mapa de campaña, con los españoles allá y el cuartel general aquí.
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La carta y la sorpresa incómoda
En el ebook se incluye en su totalidad la carta dirigida a Aberastain, que funciona tanto como un testimonio de la perplejidad de Sarmiento como un retrato del Libertador. El libro conserva intacta la contradicción surgida en el encuentro: ese día, el veterano general que había elegido exiliarse en lugar de enfrentarse con sus compatriotas dejó ver abiertamente su simpatía hacia Juan Manuel de Rosas. Ese gesto resultó complicado de asimilar para Sarmiento, quien enfrentaba el destierro por oponerse precisamente a Rosas. Sin embargo, salió de Grand Bourg profundamente conmovido. “He pasado con él momentos sublimes que quedarán para siempre grabados en mi espíritu”, escribió.
San Martín frente a Bolívar: el discurso de París
El segundo texto del ebook opera en una escala histórica mayor. En su discurso de incorporación al Instituto Histórico de Francia, Sarmiento trazó un retrato paralelo de San Martín y Simón Bolívar —sus métodos, sus ambiciones, sus renuncias— y construyó el argumento político y moral más influyente que existe sobre la diferencia entre los dos libertadores.
La pieza gira en torno a la entrevista de Guayaquil, el encuentro entre los dos generales en 1822, reconstruido a partir de lo que el propio San Martín le contó en Grand Bourg. San Martín le ofreció a Bolívar combatir bajo sus órdenes; Bolívar declinó. San Martín regresó al Perú y renunció al mando el día siguiente de convocar el Congreso que él mismo había llamado. El ebook reproduce íntegramente la carta que San Martín le escribió a Bolívar desde Lima el 29 de agosto de 1822 —pieza que el comandante Gabriel Lafond de Lurcy de la Marina francesa había publicado en sus Voyages autour du monde—, en la que el Libertador deja asentada su posición con una claridad que no admite relecturas: “Mi partido está irrevocablemente tomado; al siguiente día de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el único obstáculo que le impide a V. venir al Perú con el ejército de su mando”.
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La crítica de Sarmiento a Bolívar era la de alguien que había escuchado de boca del propio San Martín los detalles de la entrevista de Guayaquil en 1822, el encuentro entre los dos generales que marcó el destino de la independencia americana. En el discurso, Sarmiento describió a Bolívar como un hombre que “abrigaba decididamente designios para el porvenir; tenía un plan de ideas que desenvolver por los acontecimientos; había allí, en aquella cabeza, proyectos en bosquejo, política y ambición de gloria, de mando, de poder.” San Martín, por el contrario, no tenía ningún vínculo duradero con el poder que había ayudado a construir: general de las Provincias Unidas, liberado el Perú, se alejó sin disputar nada. Sarmiento resumió ese contraste con una frase que no admite matices: “Bolívar murió intentando revoluciones.”
Que el propio San Martín estuviera presente en la sala del Instituto Histórico de Francia mientras Sarmiento pronunciaba ese discurso, y no dijera nada, fue interpretado por una corriente de historiadores como un aval tácito a esa lectura.
Un porvenir distinguido
Luego de conocer a Sarmiento, San Martín le escribió al general Las Heras que “la aplicación e instrucción de este joven compatriota lo hacen acreedor a toda consideración, pudiendo asegurarse, desde ahora, que tendrá un porvenir distinguido”. El prólogo de Pignatelli rescata esa nota como una de las pocas evaluaciones directas que el anciano general dejó sobre alguien. El anciano general que había atravesado los Andes, liberado Chile y el Perú y cedido su gloria a un rival, no se equivocaba tampoco al juzgar a los hombres.
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Tanta gloria y tanto olvido. El encuentro con San Martín está disponible de forma gratuita en Bajalibros. El cortometraje El Libertador se puede ver en el sitio de Infobae y en sus canales de YouTube.
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