La última vez que lo vi, en la feria grande, me contó que seguía con su grupo de estudio de caperucitólogos. E incluyó un libro que acabábamos de editar en Siglo XXI: Los quienqué y una caperucita amarilla con bandas reflectantes para que la veamos de noche. Me dijo que le había encantado.
Conocí a Carlos cuando era director de Billiken; tuve la oportunidad de entrevistarlo cuando trabajaba en televisión. Y cuando él armó la revista que finalmente se llamó AZ diez, me invitó a escribir: fue un sueño. Colaboraba en distintas secciones: me dio la oportunidad de entrevistar a Pergolini y a Guinzburg, de visitar las fábricas de Fate y Sugus, y de investigar en temas variados destinados al público infantil.
En 2011, el terremoto de Chile nos agarró en pleno congreso internacional de literatura infantil. Éramos más de 80 personas alojadas en un hermoso hotel del centro de Santiago. Nos despertamos a las 4 am porque la tierra se movía. Compartir esa terrible experiencia nos hizo más cercanos; la complicada vuelta en micro y avión nos hermanó en un grupo de graciosos sobrevivientes.
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“El profe” fue un gran impulsor de la literatura infantil local: publicó a innumerables escritores e ilustradores y difundió sus trabajos con enorme generosidad. Como editor, creó la colección “Todos distintos”: una especie de genial capricho con libros de distinto tamaño, extensión y estilo. Fue un docente perpetuo y el presidente que Alija necesitaba cuando se hizo cargo. Además, y como si fuera poco, hizo reír a miles de chicos con sus libros Adivinanzas para mirar en el espejo y con sus series Faltó el profe y Hora libre (de colmos, adivinanzas, chistes y más).
El profe fue un editor extraordinario y un jefe amoroso que me enseñó un montón.
*Directora de “Siglo para chicos”, el sello infantil de la editorial Siglo XXI.
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