La Unión Europea anunció la cancelación definitiva de una subvención de dos millones de euros la mayor muestra de arte contemporáneo del mundo. “Los eventos culturales, financiados con el dinero de los contribuyentes europeos, deben salvaguardar los valores democráticos, fomentar el diálogo abierto, la diversidad y la libertad de expresión; valores que no se respetan en la Rusia actual”, declaró el portavoz de la Comisión Europea, Thomas Regnier, al anunciar la medida.
La Bienal de Venecia se inauguró en mayo con la participación de Rusia por primera vez desde su invasión de Ucrania en 2022. Anteriormente, su presencia había sido vetada en protesta por la guerra. El gobierno con sede en Kiev y la UE protestaron contra el cambio, que la ministra de Cultura de Ucrania, Tetiana Berejna, comparó con “invitar a un asesino en serie a una cena con amigos”.
El jurado internacional del evento dimitió en protesta por la inclusión del pabellón de Rusia. Frente a las críticas, los organizadores afirmaron que la Bienal de Venecia se fundó sobre la base de “la apertura, el diálogo y el rechazo a cualquier forma de cierre o censura”.
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La invasión a Ucrania en la Bienal de Venecia
La controversia tiene raíces en marzo de 2026, cuando la Fundación de la Bienal de Venecia anunció la lista de participantes para su 61ª edición e incluyó a Rusia por primera vez desde el inicio de la invasión de Ucrania en 2022. En esa ocasión, los propios artistas rusos seleccionados para representar a su país se retiraron del evento en señal de protesta. “No hay lugar para el arte cuando los civiles mueren bajo el fuego de los misiles”, declararon entonces Kirill Savchenkov y Alexandra Sukhareva en un comunicado conjunto. En la edición de 2024, el pabellón ruso permaneció vacío y fue cedido temporalmente a Bolivia. Para 2026, Moscú decidió regresar con una exhibición titulada The Tree Is Rooted in the Sky, con la participación de más de 50 artistas, músicos y poetas seleccionados por las autoridades culturales rusas.
El anuncio del regreso desató una reacción inmediata en el mundo político y cultural europeo. Más de 6 mil personas firmaron una petición para excluir el pabellón ruso, y 22 países europeos enviaron una carta al presidente de la Bienal, Pietrangelo Buttafuoco, advirtiendo que Moscú podría aprovechar su presencia para “proyectar una imagen de legitimidad y aceptación internacional que contrasta con la realidad de su guerra contra Ucrania”. La Comisión Europea amenazó en abril con retirar su financiamiento si la organización no vetaba la participación rusa. La Bienal se negó, amparándose en su estatuto: cualquier país reconocido por la República Italiana tiene derecho a participar y la institución “rechaza cualquier forma de exclusión o censura de la cultura y el arte”.
La tensión escaló semanas antes de la inauguración, el 9 de mayo, cuando el pabellón ruso abrió sus puertas solo durante los cuatro días reservados a la prensa. A partir de entonces, el público quedó impedido de ingresar al recinto —en aplicación de las sanciones europeas contra Rusia— y solo pudo acceder al contenido a través de una pantalla instalada en el exterior del edificio. El jurado internacional del evento dimitió en bloque días antes de la apertura, al negarse a otorgar premios a países con líderes “acusados de crímenes de lesa humanidad”, entre ellos Rusia. Como consecuencia, el anuncio de los ganadores, previsto para el 9 de mayo, quedó diferido hasta el 22 de noviembre.
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Con información de: AFP
[Fotos: Europa Press]