El gobierno quiere desregular los libros: ¿serán más baratos o desaparecerán muchas librerías?

Un anteproyecto enviado por Sturzenegger acaba con la ley que establece un precio fijo. Gran parte de la industria se opone, aunque con matices

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Crece el rechazo del sector editorial al proyecto que modifica la Ley del Libro

El proyecto se está trabajando. Todavía no está cerrado", dicen, con prudencia, desde el Ministerio de Desregulación, que encabeza Federico Sturzenegger. Es que el tema es sensible: el precio de los libros, la defensa -o desprotección- de las librerías. En un país donde la Feria del Libro junta a más de un millón de personas cada año, meterse con los libros es complicado. El gobierno quiere desregular y sostiene que así los lectores tendrán mejores precios. El sector editorial alerta que una medida así les da la estocada final a las librerías y que, sin librerías, habrá muchos menos títulos disponibles. Y que, cuando esto ocurra, los precios volverán a subir “como pasó con Uber“. En el medio, algunas voces del sector dicen que la ley que hoy rige sí precisa modificaciones. Vamos despacio.

En 2001 se promulgó la 25.542, que establece que el editor tiene que fijar un precio para sus libros y que ese precio será el único al que se puede vender. En criollo: en la ley no hay promociones, rebajas, descuentos decididos por un negocio individualmente, y hay algunas excepciones con rebajas puntuales, como ferias y otros eventos dedicados a los libros y las compras de organismos públicos. El editor puede -y lo hace- vender un libro mucho más barato, pero será igual para toda la cadena de comercialización.

Esta ley se inspira en otra, francesa, y su objetivo es que no venga un jugador grande -en su momento, los supermercados- y ponga los libros a precio de ganga para atraer clientes a los que, además, les venderá otras cosas. ¿Por qué? Porque los libros que se suelen usar para esto son best sellers, que también son los que sostienen las librerías o ayudan a que las editoriales puedan afrontar la edición de otros títulos, valiosos culturalmente pero con poca venta. Si los que facturan, facturan en otro lado, los que venden los libros menos gancheros no los podrán pagar. En resumen, esa es la idea. Una idea anterior, sin embargo, al comercio online, que resultó más diverso y difícil de controlar.

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“Ese escenario no existe más”, dice a Infobae una fuente del riñón de la industria editorial, pero que prefiere no aparecer. “Los supermercados hoy venden el ochenta por ciento de libros infantiles que no se venden en librerías. Son libros hechos especialmente, casi siempre en China, para venderse en supermercados", aporta.

En una entrevista reciente en la revista Forbes, Adolfo de Vincenzi, el CEO del grupo ILHSA, dueño de las librerías Yenny y El Ateneo -es decir, un actor enorme en este mercado- habló contra la desregulación: “Si se desregula todo, para los supermercados el libro debe ser el 0,5% de la venta. Lo pueden regalar sin ningún problema. Este país, que se caracteriza por tener muchas librerías, pasaría a tener un negocio que agonizaría. Me imagino a los supermercados o a Mercado Libre jugando en este mercado y rompiéndolo en dos segundos. Hoy ya tenemos problemas con Mercado Libre, porque su plataforma está hecha para favorecer el precio más barato. El libro para ellos es lo mismo que cualquier cosa: te mandan al más barato. Imaginate eso con total libertad".

El anteproyecto de ley que modifica el Régimen de Libro y Doblaje, impactando la Ley de Fomento del Libro y la Lectura que desregula el precio.

Consultado por Infobae, Mercado Libre declinó hablar del tema. Mientras, el ministerio de Sturzenegger no piensa que esto sea un problema, por eso su anteproyecto contempla eliminar la ley de precio fijo. Desde allí, explican la idea: “El proyecto tiene como objetivo principal que los libros sean más accesibles para los lectores. Para lograr esto, lo que hace es eliminar una restricción que hoy impide que las librerías compitan en precios mediante descuentos, promociones u otras estrategias comerciales. Está claro que cuando hay más competencia, los consumidores tienen más opciones y mejores precios. La experiencia internacional respalda ese enfoque. No existe evidencia en el mundo de que el precio fijo sea necesario para preservar la bibliodiversidad".

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Por si hiciera falta, subrayan: “Cabe aclarar que la reforma que se está trabajando no elimina editoriales, librerías, derechos de autor ni políticas culturales. Lo que elimina es una prohibición para competir en precios”. Y hablan de permitir “que cada librería compita con las herramientas que considere más convenientes”.

Palabra de editor

Juan Manuel Pampín, presidente de la Cámara Argentina del Libro está seguro de que la medida es contraproducente: “En países como Chile, como Uruguay, como Ecuador, como Colombia, no tenés ley de precio fijo. Y en esos lugares hay muchas menos editoriales y muchas menos librerías".

-Pero si se liberara la competencia, ¿habría mejores precios?

-Creo que va a suceder lo mismo que sucedió con Uber. Inicialmente, vas a tener seguramente algún precio mejor. Pero a la larga eso va a producir, digamos, precios más altos, mayor concentración de la oferta y menor bibliodiversidad.

La Noche de las Librerías es multitudinaria cada año.

Christian Rainone, matiza: “No creo que, en el corto plazo, la derogación baje el precio de los libros. El precio de venta depende de varios factores —volumen, costo del papel, tipo de cambio, costo logístico, inflación, entre otros— y hoy, con la ley vigente, lo define el editor. Con la derogación, el editor pasará a fijar un precio sugerido y será el canal el que determine el precio final, incorporando otras variables: margen del canal, política comercial de la plataforma, volumen de compra. Van a convivir precios distintos para un mismo título”.

¿La venta online es la solución? Rainone explica: “Hay que resaltar, además, que la oferta de libros es amplia y cada catálogo tiene una dinámica comercial diferente. Algunos rubros funcionan mejor en la venta online —los libros para adultos, sobre todo los best sellers—; otros, como el infantil, dependen del punto de venta físico. La competencia podrá bajar el precio de alguna línea, pero eso se va a compensar con aumentos en otras para sostener los márgenes”.

Y da un dato: “El precio promedio del libro viene creciendo por debajo de la inflación. Es decir: en pleno funcionamiento de la ley, el precio real del libro cayó. Eso desmiente que la norma sea lo que encarece la lectura. Insisto sobre este punto, lo que encarece y hace que suban los precios son los costos asociados a la actividad”.

Pero claro que el sector editorial no es uno solo: ni son lo mismo libreros que editores ni es igual una editorial gigante, multinacional, que una independiente. O una cadena de librerías con presencia en los shoppings que un local de barrio atendido por su dueño. A veces, lo que les conviene a unos no les conviene a otros.

La ministra de Cultura porteña, Gabriela Ricardes, en la Noche de las Librerías, un evento central de la cultura porteña.

“¿Podemos pensar una actualización? Sin lugar a dudas. Pero desregularla no es la forma de hacerlo", dijo esta semana, Víctor Malumián, responsable de Godot, una editorial pequeña, y organizador de la Feria de Editores, esa otra Feria del Libro, que protagonizan las editoriales independientes. (Que desde hace 25 años han dado una respuesta propia, original y dinámica a la producción editorial en este país, y han sido el semillero de grandes nombres, que hoy son premiados por el mundo, como Selva Almada y Gabriela Cabezón Cámara).

La Fundación El Libro también se pronunció. ¿Se imaginan una Feria donde se compita por el precio del mismo libro en distintos stands? En un comunicado, su Consejo de Administración habló de “profunda preocupación y firme rechazo” al proyecto del gobierno. Y explicó: “Esta normativa no constituye un simple mecanismo comercial: es la columna vertebral que garantiza la diversidad bibliográfica, condiciones equitativas de competencia y la supervivencia de las librerías independientes en cada rincón de nuestro territorio”.

Pero no todo el sector está tan de acuerdo. “La gente que escribe, que son siempre los más perjudicados de toda la cadena lo que necesitan es vender más libros”, dice un editor de larga trayectoria, que prefiere no ser mencionado. “Y la verdad es que cuando se liberan estos descuentos, que nunca son mortales, se vende más”. Este editor admite, sin embargo, que las librerías independientes se verán complicadas por la medida. Y quien no vive en el centro ¿tendrá que ir a buscar su libro a otro lado si su librería cierra? ¿O apelará -volvemos al punto- a las plataformas?

El dilema de las plataformas

“Ahora bien si se desatara una competencia feroz por el libro, ¿Para qué pagar un alquiler comercial en un lugar top?”, dice otra fuente de la industria, acostumbrada a manejar volúmenes importantes, “Te lo ponés a vender por el canal digital y te ahorrás personal, alquiler, costos...”

Y apunta a otro problema de las librerías: como el resto de la cadena no paga IVA y ellos sí, no tienen dónde descargarlo: “el Estado que quiere derogar esta ley permite que la luz que ilumina a una librería y el alquiler comercial del local le salga al librero 21% más caro que al local de ropa de mujer que está pared de por medio con la librería”.

Portadas de libros se exhiben con sus precios, calificaciones y detalles de envío en la plataforma de comercio electrónico Mercado Libre.

Esta fuente, que pronostica la desaparición de gran número de librerías si la desregulación avanza, también cuestiona:“La ley actual no contempla libro digital ni venta online, pues no existía. Y, por otro lado, la ley es tan estricta que el librero en Salta o Río Grande debe comerse a su costo el flete que corre por cuenta del librero. ¿Por qué no puede sumarle el flete? ¿Acaso las cosas que no son libros en Ushuaia cuestan lo mismo que en Buenos Aires?"

Cambios que sí, cambios que no

“Hay quienes entienden que la ley debe seguir como está y otros que creen que sería beneficiosa una modernización de la ley actual, ya que desde su implementación han aparecido nuevos formatos y cambios en los hábitos de consumo”, dice Christian Rainone, presidente de la Fundación El Libro -los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires- y dueño de la editorial Guadal.

“En caso de eliminar completamente la ley quedarían desprotegidas las librerías en general, no solamente las independientes o pequeñas. Por ejemplo, la aparición de Amazon en Estados Unidos, con fuertes descuentos, fue una de las causas del cierre de Borders —no la única, por supuesto—, una de las principales cadenas de ese país; y en Brasil, de dos de las cadenas más importantes como Cultura y Saraiva“.

La desregulación, dice, afectaría también a editores, que trabajan sobre todo con librerías independientes. Y eso, sostiene, es parte del capital cultural argentino.

Lo que importa

Hay declaraciones, especulaciones, matices. Unos dicen que, al menos en fechas clave como el Día de la Madre, el Día del Padre, o Navidad, habría que aceptar descuentos. Otros muestran que un libro -con el trabajo que lleva- no cuesta más -en general, cuesta bastante menos- que la visita de un plomero o dos, tres kilos de milanesas.

¿Queremos libros accesibles? Claro que sí. ¿Desregular termina ahogando al sector? Esa es la discusión.

“Los lectores terminan ganando si podemos tener un marco donde protejamos los diferentes canales. Es fundamental destacar que las librerías no son simples comercios: funcionan como verdaderos centros culturales locales que cumplen una función social irremplazable de promoción de la lectura y dinamización comunitaria, cuyo enorme aporte no pasa solo por el lado de la economía ni se puede medir en términos monetarios”, dice Rainone.

Tiempo y ganas de leer es lo fundamental. (Freepik)

“Al negocio más bien le conviene que la ley no esté”, opina una editora, que prefiere no dar su nombre. “Esa es la verdad, pero no te la van a decir, no la van a admitir, porque los editores tienen que quedar bien con los libreros”.

“No hay que derogarla, hay que modernizarla”, repiten varios de los consultados. Y, también desde el anonimato, una librera señala que la lucha es “contra las plataformas” y advierte: “Habría que hacer algo para que leamos más, porque si no vamos a desaparecer exactamente de la misma manera”.

Y ese es otro tema. Un gran tema.

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