Maradona, Goebbels y el Che tienen algo en común: el fútbol como idioma universal y herramienta política, según Luciano Wernicke

El libro ‘Goles sangrientos’ relata las historias del poder detrás del juego que conmueve al mundo. “El fútbol tiene mucho de política y economía, también de social y cultural, y un poquito de deporte”, afirma

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'Goles sangrientos', el libro de Luciano Wernicke, recorre décadas de manipulación política del fútbol por parte de dictadores, regímenes militares y narcotraficantes

“Un triunfo en el fútbol no baja el precio del pan”, advirtió alguna vez Diego Maradona. La frase es una de las que abre Goles sangrientos, el nuevo libro de Luciano Wernicke, escritor e historiador del deporte, que recorre décadas de manipulación política del fútbol: dictadores, regímenes militares y narcotraficantes que intentaron usar el juego de la pelota que tanto nos atrae -en momentos como este, mucho más- como herramienta de propaganda o para lavar su imagen pública.

Junto a la cita de Maradona, Wernicke eligió palabras de Joseph Goebbels y el Ernesto “Che” Guevara. Curioso: tres figuras de universos opuestos que, sin embargo, entendieron lo mismo. “Son personas que desde lugares tan distintos... Mirá, hay un filósofo francés que dijo: ‘El fútbol es el verdadero idioma universal’. Y yo estoy absolutamente de acuerdo con él”, explicó el autor. “Cuando yo hablo de fútbol me entienden en Tailandia, en Japón, en los países árabes, en Canadá, en Estados Unidos. Todo pasa por el fútbol, por eso el mundial es una cita imperdible en todos lados, aunque en países que no participan y que se ponen la camiseta.” Goebbels, según recoge el libro, sostenía que para los alemanes era más importante ganar un partido de fútbol que tomar una ciudad en el frente del este. Y el Che Guevara, durante su periplo por América Latina, fue técnico de fútbol en una aldea para ganarse el cariño de la gente. “Entró primero por el fútbol, no entró con sus ideas políticas”, señala Wernicke.

“Yo suelo decir que el fútbol tiene mucho de política, mucho de economía, mucho de tema social importante, cultural, y un poquito de deporte”, resume en esta entrevista con Infobae Cultura para hablar de su libro pero también de la historia social y política del siglo XX asociada al deporte profesional que -como reza la campaña de FIFA que vemos antes de cada partido del mundial- “une al mundo”.

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—En el libro se repasan una buena cantidad de historias que relacionan el poder político con el fútbol. Hay una sobre Julio Argentino Roca en una cancha que parece el inicio de una larga tradición argentina. ¿Qué vio Roca en ese momento?

—Roca fue el primer gobernante en ejercicio en asistir a un partido de fútbol. Lo que citás lo hizo como delegado del gobierno argentino para tratar de evitar una guerra con Brasil. Viajó como una suerte de embajador especial para limar las asperezas. Y él ya sabía que el fútbol era muy importante en las sociedades, no solo en la clase alta, sino sobre todo en las clases más bajas, y que muchos inmigrantes también eran apasionados por el fútbol. Entonces sabía que un partido podía ayudar a la diplomacia: fue un amistoso entre las selecciones de Argentina y Brasil.

Le salió mal, porque los argentinos se pusieron tres a cero en el primer tiempo. Cuando terminó el período inicial, Roca salió corriendo al vestuario a pedirles por favor a los jugadores que fueran para atrás: “Muchachos, estamos tratando de evitar un conflicto, hoy además es un aniversario de la independencia, por favor, hagan algo”. Los jugadores se dijeron entre ellos: “Pará, ¿qué le pasa? Esto es un partido de fútbol, que no moleste”. Y terminaron ganando cinco a cero. Fue el primero que intentó utilizar al fútbol para obtener un beneficio político y le pasó lo mismo que a todos los demás: fracasó. Porque ninguno, más allá de quince minutos de aire fresco, pudo obtener del fútbol absolutamente nada.

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El libro señala que Leopoldo Galtieri buscó que el Mundial 1982 amortiguara el impacto de la derrota en la guerra de Malvinas (Foto: Victor Bugge)

—¿Ninguno en toda la historia?

—Hay una sola excepción: Francisco Franco en España. Yo soy profesor de Historia del Deporte en la Universidad de River, y el otro día hablábamos de este tema con los alumnos. Me decían: “Francisco Franco era hincha del Real Madrid y hacía todo para que ganara”. Muy bien. Vamos a ver desde que terminó la Guerra Civil Española los primeros diez torneos de la Copa del Rey y las primeras diez ligas. Real Madrid no ganó ninguna. Ni Copa del Rey ni liga. Porque Franco prefería que ganara el Athletic Club de Bilbao o el Fútbol Club Barcelona. De esa manera, esas dos porciones de España que eran separatistas eran campeones de España. Cuando ganaba el Athletic Club, eran campeones de España, estaban dentro de España. Eso ayudaba a lo que quería Franco: mantener esa unión. ¿Es solo por el fútbol? No, de ninguna manera. Pero era como ponerle un poquito más de plasticola al asunto para que no se rompa.

—¿Y Galtieri con la guerra de Malvinas?

—El capítulo del mundial del 82 está chequeado con tres fuentes. La guerra de Malvinas debió haber terminado mucho antes. Luciano Benjamín Menéndez, el general a cargo de las tropas, llamó desesperado a Galtieri: “No tenemos más pertrechos, no tenemos más municiones, no tenemos nada”. Los británicos ya habían tomado todo. Y Galtieri decía: “Hay que pelear hasta las últimas consecuencias”. Yo sospecho que con un vasito de whisky en la mano, esperando que una victoria en el Mundial 82 morigerara un poquito la desazón por haber perdido la guerra. Como considerando: perdimos Malvinas, pero le ganamos a Bélgica en el mundial. Aprendió de la dictadura del 78, que también trató de utilizar el mundial para lavar su imagen, cosa que tampoco logró. Yo creo que en todo caso lo de Galtieri sirvió más, porque gracias a todo ese desastre recuperamos la democracia enseguida.

—Los tres últimos mundiales se hicieron en países cuestionados por cuestiones sociopolíticas: Rusia, Catar y ahora Estados Unidos ¿Algo cambió respecto de los ejemplos que citás en el libro?

—No, sigue siendo lo mismo. Pero me parece que tiende más a lo económico que a lo político. A ver, el mundial en Rusia yo no lo veo mal por una cuestión muy simple: ¿por qué no Rusia si nunca había organizado el mundial? Es un país grande, con buenos estadios, con buenos hoteles, con todas las posibilidades para que los hinchas acudan.

Catar es un país que... Fijate que estamos haciendo un mundial en Estados Unidos, México y Canadá. Cualquiera de los tres podría albergar un mundial porque tiene la infraestructura. Muchos hinchas argentinos tuvieron que alojarse en Arabia Saudita o en Emiratos porque en Catar no había hoteles, no había infraestructura para alojar a tanta gente. Cuando fueron elegidos, en Rusia estaba Putin y en Catar estaba exactamente igual que ahora cuando se le otorgó. Y a mí me parece que el que hizo lobby a favor del mundial en Estados Unidos fue Bill Clinton, que es demócrata, ni siquiera es republicano como Donald Trump.

Gianni Infantino, presidente de FIFA, junto a Donald Trump, durante el sorteo del Mundial 2026 realizado en Washington (Foto: archivo REUTERS/Evelyn Hockstein)

El fútbol como negocio global

—Mencionabas que hoy que la explicación del fútbol es más económica que política. ¿Por qué?

—Se dice que para el próximo mundial, el del centenario, que se va a jugar con seis sedes —Argentina, Paraguay, Uruguay, Marruecos, España y Portugal—, quieren aumentar el número de participantes a 64. Y la explicación estaría en que lo que quiere Estados Unidos es que India y China se clasifiquen para jugar el mundial. Por eso ampliarían los cupos. ¿Por qué? Porque ahí está un tercio de la población mundial que no está consumiendo los productos que se promocionan en el mundial. Si vos te fijás, tenés tarjeta de crédito yanqui, cerveza yanqui, casa de comidas rápidas yanqui. Los principales auspiciantes de la FIFA son de Estados Unidos. Entonces es lógico que quieran entrar a un mercado que incluye a un tercio de la población mundial. No digo correcto, digo lógico.

—¿Y qué rol juega Messi en todo esto?

—Yo he ido varias veces a ver fútbol a Estados Unidos y he trabajado en una Copa de Oro allá. Los partidos se jugaban en estadios de equipos de la MLS con capacidad para 20, 25, 30 mil espectadores. El equipo de Chicago apenas juntaba 10 mil espectadores por partido. Fue a jugar Messi con el Inter Miami y movieron el partido del estadio de los Chicago Fire al Soldier Field, donde juegan los Chicago Bears, que es para 80 mil personas, y quedó sold out. Y cuando jugaron contra los Royals de Kansas City también movieron el partido al estadio de los Kansas City Chiefs.

—¿Y en lo editorial se nota ese fenómeno?

—Si yo tengo mis libros traducidos a más de veinte idiomas y me siguen pidiendo, es gracias a Diego Maradona y gracias a Leo Messi. Mis biografías de Maradona, que hice con Fernando Signorini, su preparador físico personal, han sido traducidas al italiano, francés, inglés, salieron en Rusia. Y ahora me están pidiendo la de Leo Messi que escribí para chicos y jóvenes lectores, basada en anécdotas, cosas divertidas y récords. Me llegó un mail de mi editora de Estados Unidos diciéndome que la primera edición voló y la segunda está casi por volar. Además, la MLS se puede ver por Apple TV, que tiene los derechos, y en cuanto apareció Messi pasaron de casi nada a tener millones de suscriptores. Leo le está dando de comer a mis hijos. Es un fenómeno, lo amo, lo adoro.

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