En la colección de la Galería Nacional de Arte de Washington, la obra Mujer con girasol [Woman with a Sunflower], de Mary Cassatt presenta mucho más que una escena doméstica. Creada alrededor de 1905, esta pintura ha sido objeto de una reinterpretación profunda en los últimos años.
La composición de la obra ubica al espectador en una perspectiva ligeramente elevada. Una mujer adulta, vestida de un amarillo dorado y verde brillante, sostiene en su regazo a una niña desnuda de unos dos años. Ambas miran el reflejo de la niña en un pequeño espejo de mano, mientras un segundo espejo en la pared multiplica y refracta la escena, generando una “cascada de imágenes dentro de imágenes” que introduce una compleja reflexión sobre la identidad femenina y la autopercepción.
El girasol, prendido sobre el corazón de la mujer, articula el sentido político de la pintura. Este símbolo, emblema del movimiento sufragista estadounidense, fue deliberadamente minimizado durante décadas por la crítica y la curaduría. Entre 1963 y 2019, la obra se exhibió bajo el título Madre e hijo, lo que desplazó su significado político en favor de una lectura sentimental y apolítica. Solo recientes investigaciones, lideradas por la historiadora Nicole Georgopulos, permitieron que la Galería Nacional de Arte restaurara en 2019 el título original y el sentido feminista de la pintura.
Los colores oro y verde del cuadro no son decorativos, sino simbólicos. El girasol, el espejo y los rostros de las figuras forman un triángulo visual que alude a la conexión entre aprendizaje, identidad y militancia. Cassatt, según demuestran sus cartas y escritos, mantenía un compromiso activo con el movimiento por los derechos de las mujeres e integró estos valores en su obra. La artista no fue madre; la maternidad en su pintura funciona como alegoría de la transmisión de saberes y poder entre mujeres, más allá del vínculo biológico.
La técnica impresionista, basada en trazos sueltos y visibles, refuerza la fugacidad del instante y la participación activa del espectador, invitado a completar la imagen desde su mirada. El sistema de espejos —uno de mano, otro en la pared— multiplica los puntos de vista y problematiza la idea de la representación femenina como objeto de contemplación. En este caso, la mujer no sostiene el espejo para admirarse, sino para que la niña reconozca su propia existencia como sujeto autónomo y valioso.
La historia de Mujer con girasol ilustra cómo el arte puede ser instrumento y testimonio de luchas sociales. El girasol, presente en insignias y material de campaña sufragista, se convierte aquí en un signo de resistencia y emancipación. El cambio de título y la recuperación de su sentido original reflejan la importancia de reconocer la intención política de las artistas, frecuentemente ocultada o minimizada por la interpretación académica tradicional.
Mary Cassatt usó su posición en el mundo del arte para apoyar activamente la causa sufragista, participando en exposiciones y donando fondos para la campaña por el voto femenino. Su obra, lejos de circunscribirse a la esfera doméstica, propone una visión revolucionaria sobre la igualdad y la justicia para las mujeres, y permanece como un poderoso recordatorio visual de la vigencia de estas luchas.
Fotos: National Gallery of Art.