La saxofonista Melissa Aldana (Santiago de Chile, 1988) regresa a los escenarios porteños: tocará en el Bebop Club de Buenos Aires los días 11 y 12 de febrero. Allí presentará su más reciente disco, Filín, junto a un programa de piezas inéditas. Con este nuevo trabajo, lanzado a través de Blue Note Records, profundiza en la tradición del filín cubano y explora la esencia del sonido en el jazz contemporáneo.
Durante las funciones programadas a las 20 y 22.30 horas, Aldana liderará un cuarteto formado por Glenn Zaleski en piano, Pablo Menares en contrabajo y Kush Abadey en batería. En estas presentaciones, la artista desplegará tanto composiciones de su flamante álbum como piezas nuevas, mostrando así el proceso creativo en constante desarrollo que la distingue.
En Filín colaboran de figuras como el pianista Gonzalo Rubalcaba, el contrabajista Peter Washington y el baterista Kush Abadey. Además, cuenta con la participación especial de la vocalista Cécile McLorin Salvant en dos canciones. Este trabajo, producido por Don Was, presidente del sello, propone un viaje a través de ocho baladas. A continuación, la conversación que mantuvo con Infobae Cultura.
—Filín es tu tercer álbum para Blue Note y también uno de los más íntimos de tu carrera. ¿Por qué sentiste que este era el momento indicado para grabar un disco de baladas?
—Desde hace mucho tiempo he estado en la búsqueda de un sonido propio. Sentí que grabar era una forma de profundizar ese camino, y que un disco de baladas me permitiría explorar con más intimidad esa búsqueda.
—El filín cubano dialoga con el bolero, la trova y el jazz. ¿Qué te atrajo de esa tradición y cómo conectó con tu propio lenguaje musical?
—Cuando nació la idea de grabar un disco de baladas, supe que quería alejarme de todo lo que había hecho antes. Buscaba un proyecto distinto, más cercano, más verdadero. Gonzalo fue siempre una de esas voces con las que soñé compartir música. Cuando lo contacté, me habló del filín cubano y, al adentrarme en ese universo, terminé profundamente enamorada. Ahí sentí una conexión más profunda: las baladas, cantadas en español, encontraron un lugar distinto en mí, como si siempre hubieran estado esperándome.
—Gonzalo Rubalcaba fue clave en el proyecto, tanto en los arreglos como en la interpretación. ¿Qué significó para vos trabajar con alguien tan profundamente ligado a esa música?
—Fue un honor inmenso. Más allá de su conexión con la música, compartir este proceso y trabajar con alguien de su nivel marcó una experiencia invaluable para mí.
—Aunque el disco es mayormente instrumental, la idea de la canción está muy presente, y solo en un tema aparece la voz de Cécile McLorin Salvant. ¿Cómo pensaste ese equilibrio entre el saxo y la tradición vocal?
—Me perdí en horas de estudio, tratando de replicar la interpretación de los cantantes de aquel tiempo. Cada letra la memoricé, cada detalle lo absorbí, solo para poder dejar que la melodía hablara con su propio sonido.
—Sos una saxofonista chilena que desarrolló su carrera en Nueva York y hoy graba para Blue Note Records. ¿Cómo dialogan esas distintas capas de identidad en tu música actual?
—Cada experiencia que he vivido ha formado parte del camino que me ha convertido en la persona que soy hoy, y eso se refleja en la manera única en que doy vida a mi arte.
—En un contexto cultural acelerado, Filín propone una escucha lenta y atenta. ¿Sentís que hoy hacer un disco de baladas también es una forma de posicionamiento artístico?
—Absolutamente, y sin embargo, no era esa la raíz de la idea.
—En Buenos Aires vas a presentar este repertorio en un formato distinto al del disco y con música nueva. ¿Qué te interesa que suceda en el vivo y qué significa para vos volver a tocar en Bebop Club?
—Estaré presentando temas del disco Filín, así como nuevas composiciones que aún no he grabado.