Leonardo Cifelli, secretario de Cultura de la Nación: “Hubo una mirada prejuiciosa sobre mí, pero ya no la percibo”

El funcionario repasa dos años de gestión: dice que habla con todos los actores culturales, que nadie está prohibido y que integra un gobierno que llegó para cambiar la idea de “todo debe ser subsidiado por el Estado”

El secretario de Cultura de la Nación repasa sus dos años de gestión y califica 2025 como "un gran año"

Leonardo Cifelli saluda sonriente en los jardines de la Casa Victoria Ocampo, sede del Fondo Nacional de las Artes enclavada en la bella escenografía de Palermo Chico, una especie de oasis urbano. Es enero y hay una cierta pausa en la actividad que permite (cierta) relajación para una conversación. Y para eso, el secretario de Cultura de la Nación responde al prototipo de su especie dentro del mundo de las artes: productor teatral. Es buen conversador, siempre tiene a mano una anécdota para contar y mantiene el tono de amena conversación.

Así lo es incluso para ironizar sobre lo que parece ser una cuestión central de su gestión: representar un gobierno que se presentó poco agradable y contemplativo con el “mundo de la cultura” y que, por cierto, repite a través de la figura central de su comunicación pública -el presidente Javier Milei- que está embarcado en una “batalla cultural”. Aunque apunte para otro lado, el adjetivo refiere inevitablemente al área de Cifelli (de hecho, luego de una reorganización de estructuras, Cultura depende directamente de la Secretaría General de la Presidencia, a cargo de Karina Milei, es decir el corazón mismo del poder en esta administración).

—Asumiste en Cultura y para una cierta mirada de la comunidad artística, eras parte de “los malos” que venían a recortar...

Read more!

—Sí, porque siempre el productor es el malo: en el teatro o en la música. El productor es el explotador, entre comillas, del actor. “Claro, metieron un productor”, dijeron, “y no metieron a alguien de la cultura-cultura”. Por ejemplo, este muchacho Marcelo Gioffré: el otro día hizo un comentario algo despectivo de que yo vengo del espectáculo. A mí lo recomendaron para dirigir la Biblioteca Nacional, tuve una conversación telefónica con él y me pareció horrible la manera en que hablaba, la manera en que me trató y todo... ¿Cómo lo voy a mandar a la Biblioteca Nacional? Son esos pseudo intelectuales que toman café (o whisky) en La Biela y hablan, hablan y hablan. Se quedaron en otra época.

—¿Sentías una mirada prejuiciosa hacia tu persona?

—Sí, de alguna parte sí. Pero ya no. Mirá, me pasó con los artistas plásticos. Asumimos, dijeron: “Uy, este solo le va a dar bola al teatro”. Todo lo contrario: uno está en este cargo para darle, entre comillas, bola a todo el mundo. Mirá lo que hicimos con Federico Sturzenegger. La entrada y salida de obras de arte al exterior.

El secretario de Cultura resalta su trato directo y accesible con artistas de todos los sectores

—Sturzenegger no es una persona con muy buena imagen en el sector, tampoco...

—Pero los artistas plásticos le tienen un gran respeto. A él y a mí. Volvimos de ARCO Madrid en el 2024, nos juntamos y me pidieron ese cambio de normativa. Y gracias a la ley Bases, Federico Sturzenegger lo pudo hacer. Y tenemos una relación excelente. Y Diego Obligado de Meridiano, me dijo en la casa de Larissa Andreani durante arteba: “La verdad, estuvimos muy prejuiciosos con vos. Estás haciendo un trabajo bárbaro”. ¿Y sabés que más me dijo? Yo la verdad todavía no lo puedo creer... Que yo atiendo a todo el mundo. Vengo del teatro: tomo mate con el boletero y después voy a ver al dueño del teatro. Desde chico hago eso.

—Han pasado dos años de tu gestión. En algún momento, ¿te preguntaste “para qué me metí en esto”?

—No. El 2024, la verdad, sobre todo los primeros ocho meses fueron unos meses, yo no diría “duros”, pero hubo reordenar todo el lío que había. Temas administrativos, temas estructurales, edificios hechos pelota como el Borges: la verdad, lo encontramos destruido. Por eso le quiero destacar al arquitecto Alberto Negrín porque gracias a él, a su articulación público-privada, pudimos recuperar el centro cultura. El 2024 lo considero de ordenamiento. Y 2025 para Cultura, según mi punto de vista, fue un gran año.

—Suena a lugar común de una nueva gestión hablar de que encontraron “un desastre” dejado por sus antecesores ¿Fue para tanto?

—Con el equipo que tengo lo fuimos resolviendo. Por ejemplo, estaba roto el aire acondicionado del Palacio Libertad, todo un piso y la Cúpula, que incluye donde ahora funciona un restaurante y una cafetería. El Teatro Cervantes... Gonzalo Demaría encontró un telón de cuando el teatro se quemó en los años 60. Y no es de los últimos veinte años. En los últimos veinte años, sí, no hicieron nada. Encontramos acumulación por desidia de un montón de años. Pasan los gobiernos y está el funcionario que se queda sentado ahí. Yo he ido a museos, a lugares, en donde me dijeron: “Acá no viene nadie hace veinte años”. Fui a todos los museos nacionales, a un montón de casas de la cultura, a las bibliotecas populares. Fui a una biblioteca popular en Salta, de la capital, y me dijeron: “Acá no vino nunca nadie”. Y bueno, después, estaba todo politizado, obviamente.

—Todo es político, incluso la cultura.

—Sí, pero en el Palacio Libertad encontramos ploteada la letra de la marcha peronista y un busto de Hebe de Bonafini, me parece un poquito fuerte... Es un centro cultural, no es una unidad básica.

Leonardo Cifelli junto a Karina y Javier Milei en el rebautizado Palacio Libertad

—¿Cuánto del estilo de gestión lo atribuís a tu propia forma de ser y cuánto a la impronta del gobierno?

—Nosotros estamos dando la batalla cultural en sintonía con el gobierno. Después, en cuanto a mi estilo de gestión, yo soy, creo, un gran armador de equipos. Tuve y tengo la suerte de contar con Valeria Ambrosio en el Palacio Libertad, con Gonzalo Demaría en el Cervantes y con Alberto Negrín en el Borges. Ellos, al igual que yo, vienen de la gestión privada. Ellos no piden todo a la Secretaría de Cultura. Y trabajan todo el día, se quedan hasta cualquier hora. Yo les digo: “Chicos, paren un poco”. No actúan como el típico funcionario, que a las cinco de la tarde se va a su casa.

—Hablaste de “batalla cultural” y eso, para esta administración, es un concepto más abarcador.

—Sí, es cambiar una costumbre de no sé cuántos años de la Argentina: que todo tiene que ser subsidiado por el Estado. Lo que hacían con el INCAA, que le daba un subsidio a cualquiera.

—Pero, digamos, cuando este gobierno habla de batalla cultural, y más de una vez el mismo presidente lo ha mencionado, habla también de lo que aquí en la Argentina no se conocía mucho la expresión ni la palabra: “woke”.

—Sí, woke (ríe). La agenda 2030.

—Lo que quiero decir, es ¿en el área Cultura también hay una batalla contra lo “woke”?

— Sí, claro. Cultura y otros ministerios bancaban un montón de marchas. ¿Por qué los argentinos teníamos que pagar marchas? Alguna marcha, no me preguntes cuál, con sonido, luces... Nosotros tenemos licitaciones de sonido, luces para eventos, para los eventos nuestros, obvio. No, se lo ponían en Plaza de Mayo para hacer un recital.

—¿Cómo es tu relación con el presidente Javier Milei y con la secretaría general Karina Milei?

—Los conozco hace bastante. Es excelente la relación con los dos. La gestión la llevo con Karina Milei. Una vez cada 20 días, un mes, le voy contando lo que hacemos. A Karina la conocí en marzo del 2023 y me ofreció la Secretaría de Cultura. Le llevé un plan de diez puntos. Le dije: “Mirá, habría que hacer esto, esto, estoy esto”. Una vez que se ganaron las elecciones, me junté con una persona de planificación y yo armé lo artístico y la otra persona armó la parte ejecutiva. Por eso llegué a Cultura el 11 de diciembre con todo el mundo, con el director del Borges, con el director del Cervantes, con el director del Palacio, con la subsecretaria de Patrimonio, con el subsecretario administrativo. Me ayudó mucho, la verdad, saber que yo iba a ser el secretario de Cultura.

Y una cosa más te quería decir, que yo valoré muchísimo y lo hablé con ellos hace unos meses. Nunca me bajaron línea de nada, nunca me dijeron: “Acá no trabaja tal y tal”. Hubo un tema con Cecilia Roth que dice que prohibimos gente. Mirá a Leo Sbaraglia ahora en el Cervantes, él no piensa como nosotros y está haciendo un éxito impresionante.

El secretario subraya que actividades y recursos del Ministerio de Cultura no serán destinados a fines políticos ni alineados con la agenda 'woke'

—Al margen, ha habido cuestionamientos puntuales, por ejemplo sobre el Instituto de Teatro y la intención de cerrarlo.

— No se va a desarmar, el instituto está funcionando. Está Federico Brunetti, que es el director ejecutivo, y funciona perfectamente. Están dando más allá de lo que dieron siempre: créditos a tasa cero y ya hubo un montón de pedidos. Lo mismo con el Fondo Nacional de las Artes y está funcionando. Todo el mundo está con ese tema, que cierran esto, que cierran... No cerramos nada, está todo funcionando. Yo quiero que se metan un poco más e investiguen, porque algunos se sientan en algunos programas a hablar por hablar. El otro día hubo una persona bastante conocida mía que dijo cualquier cosa, pero, bueno, no sé... Igual no es el mismo momento desde que asumimos.

—No parece.

—Un importante productor y dueño de teatro me dijo: “La verdad, ya no hay más ruido”.

—Entonces, ¿crees que cambió la percepción del ambiente cultural con respecto a la gestión de la secretaría?

—Yo hablo con todo el mundo. Me conocen todos, nos conocemos todos, como decían Moria y Perciavalle: “Somos seis, el resto es casting”. La verdad, nos conocemos todos. Hay gente que, qué sé yo, Pablo Echarri... Yo a Pablo no lo conozco, pero él sabe lo que yo hice en teatro o tenemos amigos en común y yo sé que lo que él hizo. Y no coincido en nada con él, Pero lo que te quiero decir, como nos conocemos todos, todo el mundo me llama. Me llama un montón de gente.

—¿Te llaman para pedirte plata?

—No, me llaman para preguntarme qué pasa con el Instituto Nacional de Teatro, qué pasó con el INCAA. Tienen esa libertad y me parece muy bien que me llamen. Yo quiero que me llamen, así les explico.

—¿Cuánto cambió tu vida en estos dos años?

—Mi vida cambió, no sé si para bien. No extraño mucho el teatro, el espectáculo, estoy muy cómodo.

—Es bastante concreto que el presidente va a ir por su reelección.

—Sí.

—Eso significa que vas a continuar si el presidente es reelegido.

— Yo voy a acompañar y donde me digan, tanto él como Karina, donde me necesiten, ahí estaré. Además, el próximo jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires va a ser de La Libertad Avanza. Porque viste que Jorge Macri se prendió a los temas de cultura de un día para el otro.

—...

—Se le cuelga a Gabriela Ricardes. La va a aplastar, pobre mujer.

[Fotos: Maximiliano Luna]

Read more!