Édouard Vuillard formó parte de los Nabi, un círculo de jóvenes artistas franceses reunidos cerca de 1890. En hebreo, Nabi significa profeta: el grupo buscaba transformar la práctica artística alejándose del impresionismo y sus reproducciones literales de la naturaleza.
Inspirados por las innovaciones de Gauguin y la poesía simbolista, los Nabi crearon pinturas que sugieren más de lo que describen, empleando el color y la composición para evocar sensaciones en lugar de copiar el mundo visible. Aceptaban que el arte parte de una convención artificial: pigmentos sobre una superficie, lejos de toda mímesis.
Entre las obras destacadas de Édouard Vuillard se encuentra Mujer con vestido de rayas (1895), una de las cinco piezas que Vuillard realizó para Thadée Natanson, editor de La Revue Blanche, y su esposa Misia Godebska, pianista y musa de la época. Las cinco obras exploran interiores privados, uno de los temas predilectos del artista.
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Cada escena compone armonías cromáticas restringidas, con patrones densos e intrincados. La mujer de aire introspectivo que arregla flores podría ser la propia Misia, por quien Vuillard tenía una profunda admiración. El artista incorpora la sinestesia simbolista, lo que permite que los rojos visuales evoquen ecos musicales.
En la pintura, dos mujeres de tez clara aparecen tras un aparador, rodeadas de flores y formas casi mosaicas. La figura principal, de perfil, luce cabello recogido y una blusa con rayas granates y blancas. Su atención se posa sobre un jarrón rojo lleno de flores. A su lado, otra mujer de mirada pensativa viste camisa roja y observa también el despliegue floral.
Cuatro jarrones con crisantemos y follaje se distribuyen frente a ellas; las variaciones de rojos, amarillos y verdes generan un tapiz visual intenso. Un objeto indefinido al fondo, tal vez una figura o una sombra, añade misterio al cuadro. El fondo, resuelto en pinceladas dispersas de múltiples tonos, refuerza la atmósfera cerrada y ornamental.
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La firma “E. Vuillard” aparece discreta en la esquina inferior derecha, sellando una escena donde lo cotidiano se tiñe de sensaciones y sugerencias, acorde al ideario Nabi.