I
“Un encanto casi feroz que jamás le conocí a nadie más”. Así describió Albert Dubeux a la actriz Suzanne Desprès. Nació en la ciudad francesa de Verdun en 1875 como Joséphine Charlotte Bonvalet. Estudió en el Conservatorio de París, donde obtuvo distinciones por sus interpretaciones en tragedias y en comedias.
Lo decían todos: era una actriz con un talento infernal. Y lo demostraba no sólo en el escenario, también en las reuniones sociales. Su presencia era imponente. No tenía una belleza tradicional, no la necesitaba. Su mirada, su sonrisa, las expresividad de sus facciones hacían de su rostro un encanto. Un encanto feroz.
Se casó con el director de teatro Aurélien Lugné-Poe y juntos hicieron grandes obras. Antes, en 1902, debutó en el majestuoso Théâtre Français con Fedra, la clásica tragedia de Racine. Allí dejó a todos con la boca abierta. Entre los espectadores estaba el pintor Édouard Vuillard, quien al terminar la obra aplaudió con entusiasmo.
II
Para esa noche de 1902, Vuillard tenía 34 años y estaba en un gran momento de su carrera. Ya había estudiado en la Escuela de Bellas Artes y en el taller de Diogène Maillart. Ya había formado parte de los Nabis junto a artistas como Félix Vallotton y Pierre Bonnard. Ya había viajado por toda Europa. En 1901 había expuesto sus obras por primera vez el Salón de los Independientes. Ahora se dedicaba a pintar por encargos, en obras en las que representaba principalmente interiores.
A Vuillard le gustaba el teatro de vanguardia y era muy amigo de Aurélien Lugné-Poe. Un día el dramaturgo le presentó a su esposa, Suzanne Desprès. Enseguida el pintor francés percibió su encanto. Así, se sumó al movimiento teatral que ambos formaban encargándose de los decorados y las escenografías.
Pero fue después de aquella noche en que la actriz se subió al escenario del Théâtre Français, con la obra Fedra, que el pintor se dio cuenta de que debía retratarla en una de sus pinturas. Pasarían algunos años para que eso ocurriera. Fue, finalmente, en 1908. Un óleo sobre cartón. Lo tituló Retrato de la actriz Suzanne Desprès. Hoy está en el Musée des Beaux-Arts de Caen en Francia.
III
La obra tiene todo el estilo posimpresionista de Vuillard. Un fondo ocre con toques coloreados y yuxtapuestos, y la modelo en el centro de la escena con tonos más iluminados. Allí Suzanne Desprès impone toda su potencia actoral, su presencia arrolladora: la mirada irónica y la sonrisa esbozada entre la tranquilidad y el acecho. Y Vuillard captó esa agudeza física y psicológica con maestría.
Cuando la actriz murió, el escritor francés Albert Dubeux publicó un texto en la Revue des Deux Mondes: “No era hermosa, en el sentido que generalmente se le da a esta palabra: frente redondeada, facciones severas, un rostro esculpido con dureza donde rara vez aparecía la sonrisa. Pero los ojos grandes y claros, atraídos hacia las sienes, y la voz le daban un encanto casi feroz que jamás le conocí a nadie más”.
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