La belleza del día: “La dama de oro", de Gustav Klimt

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

"Retrato de Adele Bloch-Bauer I" (1907) de Gustav Klimt

A Gustav Klimt todos lo conocemos por El beso, una obra luminosa, maravillosa, exquisita. Pero hay otra, verdaderamente preciosa, que se llama Retrato de Adele Bloch-Bauer I. O como también se la conoce: La dama de oro. Le llevó tres años de trabajo y lo terminó en 1907. En 2006 la compró Ronald Lauder, dueño de la Neue Galerie en Nueva York, en 135 millones de dólares, un número pocas veces visto en la historia del arte. Desde entonces, allí se encuentra.

Para principios del siglo XX, Klimt ya era un artista famoso. Su estilo era único: brillaba (en el sentido metafórico, pero también literal del término). Ferdinand Bloch-Bauer, marido de Adele, le encargó un retrato de su esposa. Este matrimonio judío usaba parte de la fortuna proveniente de la industria azucarera en financiar artistas. Adele Bloch-Bauer es la única modelo pintada en dos ocasiones por Klimt: Retrato de Adele Bloch-Bauer II lo hizo en 1912.

Sabiendo que la obra de Klimt era de una calidad inigualable, Adele modificó el testamento de su marido (donde le dejaba como herencia su colección a sus sobrinos) para que todo fuera donado a la Galería del Estado de Austria. Cuando los nazis ocuparon Austria, ella ya muerta, el viudo se exilió en Suiza y todas sus propiedades fueron confiscadas, incluida la colección Klimt. Al caer el nazismo, los cuadros quedaron en manos del Estado austríaco.

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Ochenta y tres años tenía María Altmann, sobrina del matrimonio Bloch-Bauer, cuando descubrió que su tía había modificado el testamento y que Retrato de Adele Bloch-Bauer I debía estar en sus manos. En la película británica de 2015 La dama de oro, protagonizada por Helen Mirren y Ryan Reynolds, se narra esta epopeya: el caso “República de Austria vs Altman” que llegó hasta la Corte Suprema de los Estados Unidos. Finalmente ganó Altmann y se convirtió en la propietaria legal de este fabuloso cuadro y de tantos otros de Klimt.

La obra se exhibió un tiempo en Los Ángeles y finalmente la compró Lauder para colgarlo en la Neue Galerie, en Nueva York. Para este coleccionista, que fue Embajador de Estados Unidos en Austria, miembro de la World Jewish Restitution Organization y de la comisión designada por Bill Clinton para examinar casos de robos nazi, Retrato de Adele Bloch-Bauer I no es una obra más.

Por eso, cuando la compró y la colocó en su galería para que el público pueda verla, dijo: “Es es nuestra Mona Lisa".

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