
Cuando Jorge me pidió que hiciera la lectura y selección de textos de un libro que iba a ser una compilación de sus proyectos editoriales gráficos sentí un inmenso gusto y terror a la vez. Crecí leyendo Página/12. Tuve durante años contratapas del diario recortadas y pegadas en las paredes de mi cuarto, como recuerdos imprescindibles de los eventos sociales y políticos que acontecían durante la llegada de la democracia y el nacimiento de mi vida adulta. Dije que sí, que obviamente sí y no sabía a qué decía que sí. No me importaba. Tenía una sola certeza: iba a aprender mucho. Y fue así, de principio a fin.
Lo primero que me pidió fue que revisara los Página/12 que había dirigido o en los que había escrito sus contratapas y que eligiera los textos que yo quisiera. Bien. Me llegaron a casa tomos y tomos del diario que Jorge había donado a la Fundación Sí y que nos prestaron cuando del diario no contestaron a ninguno de mis llamados en los que explicaba la necesidad de ir al archivo. Mejor, los tenía en casa. También quedaba a mi cargo la selección de tapas. A los pocos días recibo un correo de Jorge. "Buscate Amarillo/12, Página en blanco, Pelota/12".
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Cada dos o tres semanas llegaba un correo preguntando por tal o cual artículo o tapa. Por lo demás, nunca quiso ver la selección que hice. "Es tu selección, la veo cuando publiquemos el libro". La primera pre selección constaba de 80 artículos. Eran dos tomos de libro. Imposible. Tuve que ir achicando cada vez más la lista y entonces decidí que lo mejor era incluir textos que abarcaran todos los años de la dirección de Jorge y que también trataran temas que son característicos de su producción.

Cuando uno lee esos artículos, encuentra un registro, un tono, una idea principal que sigue siendo básicamente la misma. La apropiación de niños durante la dictadura y la identidad de los nietos recuperados, "la grieta" (como se titula una contratapa de 1989) que en ese entonces era la división entre los que añoraban a los militares y los que no, la locura de los cambios en el horario para contrarrestar el tema energético como solución mágica, cartas públicas a su hija Bárbara, las guerras –todas-, la inoperancia de los gobiernos, la creatividad, el cinismo, la corrupción, la música, la literatura…
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Seleccioné artículos que pudieran leerse fuera de la coyuntura. Son artículos de fondo, atemporales en muchos de sus planteos. Con las tapas fue al revés: elegí aquéllas que más ruido hicieron en su momento y que, paradójicamente en algunos casos, podrían haber sido la tapa de cualquier diario de esta mañana, claro que sin el brillo de las tapas de Página/12 de aquella época que hasta hoy no encuentran rival.
Por lo demás, fui leyendo lo que Jorge escribía en esa época y descubriendo cosas hermosas y otras bastante tristes. Le pedí más de una vez que ahondara en temas que me resultaban muy atractivos y de los que sé que tiene mucho más para decir. Por ejemplo las entrevistas. Jorge sabe entrevistar. Lo vivo a diario en el programa de radio. Su estilo es muy particular y entiende el intercambio entre dos personas de manera muy especial. Logra crear un clima, mira al entrevistado y lo escucha con una atención inusitada. Yo quería que le dedicara más páginas a hablar de la entrevista. Cuando le pedí que expandiera los conceptos y ahondara en lo que él considera que es una buena entrevista me contestó: "No, Flavia, yo ya dije lo que tenía que decir. No soy catedrático, soy periodista".
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Incluimos dos notas de color. Una de ellas es de cuando con Margarita Perata, su productora y amiga entrañable, lograron agujerear todo un número de Veintiuno, desopilante. Y, por último, también decidimos incluir las palabras que Jorge le dedicó a Fernando Peña cuando murió. Y la incluimos porque sí.
En el prólogo a un libro de fotografías de Dani Yako titulado 1983, Lanata escribió:
"El todo no es siempre la suma de las partes. A veces hay algo más, algo invisible entre las partes y el todo. Si hablamos de palabras es más fácil definirlo: están las palabras y los sobreentendidos, los silencios, la cultura implícita en el discurso, lo que hace que en un país una palabra quiera decir eso, lo que dice, y algo más también. Ortega y Gasset escribió que la identidad de un país está en los silencios, en lo que no hace falta aclarar: por eso el sentido del humor es a veces tan local. Con las imágenes es más difícil: está lo que se ve y está –permítanme– el alma de lo que se ve. Las fotos tienen clima, tienen alrededor, tienen momento. Ese momento no se ve en la foto, sino que se siente en ella. Las partes, entonces, son menos que el todo. Estas fotos de Yako muestran el 83. Están Alfonsín y Bioy, y Borges, y Cortázar, y los carteles, y las siluetas de los desaparecidos, y el amor en los parques, pero todo eso es lo menos importante. Es tan solo lo que se ve. Lo importante, tal vez, es que en estas fotos se siente el 83: lo que iba a ser y no alcanzó, los sueños apareciendo tibiamente otra vez, la nerviosa expectativa del nacimiento, la tristeza antigua y el cosquilleo de las ilusiones. En estas fotos no hay cínicos ni muertos: hay desesperados e ilusos, enojados o torpes, pero en todos los casos hay también un tibio sol de futuro que parece llegar. Que pareció llegar. Que aún no llega. No sé cómo hizo Yako para meter todo eso en estas fotos, pero les juro que está ahí".
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El todo no es siempre la suma de las partes pero la suma de las partes muchas veces nos muestra la complejidad del prisma, eso que no se ve pero se percibe. Si se me permite, el alma. En este breve párrafo en el que Jorge habla de las fotografías de aquel 1983 de Yako, también habla de él y de sus partes. Desesperado, iluso, enojado, torpe, optimista.

56 es eso mismo. Una fotografía no ya de un año, sino de una edad. Y como toda fotografía, deja mucho librado al ojo del que mira. Y los silencios, las ausencias, las omisiones hablan más que las presencias, claramente. El lector encontrará en estas páginas un racconto de una vida que es vida y obra, obra y vida, una foto. Un recorte posible para explicar una pasión. Hay aquí también una confesión, o varias.
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56 puede parecer una puerta que se cierra pero lo quiero pensar más bien como una que se abre. Cerrarla se vuelve imprescindible para poder, como en esas puertas mágicas, volver a abrirla e ingresar a otra habitación, a otro camino, a otro paisaje. Y encontrarán tapas míticas del Página/12 fundacional y crónicas de viaje, que es una de las mejores cosas que Lanata sabe escribir. También encontrarán cartas de lectores y sus respuestas sorprendentes y divertidas a veces, profundamente humanas otras. Pero, sobre todo, nada de lo que aquí se incluye cambiará la mirada que tengan de Jorge. Y todo cambiará la mirada que de él tengan. Encontrarán razones y motivos para creer o descreer. Pero, para variar, no va a dejar a nadie indiferente.
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