Entre 1965 y 1968, el Estado cubano aplicó una política de encierro y trabajo forzado contra hombres homosexuales a quienes consideraba portadores de una “desviación capitalista” incompatible con la Revolución. El mecanismo utilizado fueron las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos ubicados en zonas rurales de la entonces provincia de Camagüey, donde miles de personas fueron recluidas sin juicio previo ni cargos formales.
El origen de la persecución se remonta a 1961
Dos años antes de la creación de las UMAP, el gobierno de Fidel Castro ya había iniciado redadas en barrios de La Habana dirigidas contra personas señaladas como “pederastas, prostitutas y chulos”. Esas detenciones masivas de 1961 marcaron el inicio de una hostilidad estatal hacia la población homosexual masculina que se profundizó en los años siguientes. El 13 de marzo de 1963, durante un discurso oficial, Castro fijó la postura ideológica del gobierno al asociar la homosexualidad con una conducta ajena al modelo del “verdadero revolucionario”.
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Las UMAP como alternativa al servicio militar
El gobierno cubano estableció las UMAP en 1965 como una variante del Servicio Militar Obligatorio destinada a quienes consideraba “no aptos” para portar armas. Bajo esa clasificación quedaron no solo los homosexuales, sino también testigos de Jehová, católicos practicantes, jóvenes sin vínculo laboral o estudiantil y personas señaladas como opositoras al sistema. Las UMAP funcionaron como campos de trabajo agrícola, principalmente en la zafra azucarera, con jornadas que podían superar las doce horas diarias.
El internamiento se producía sin proceso judicial, bajo la figura legal de “peligrosidad social”, contemplada en el Código de Defensa Social vigente en esa época. Esta norma definía esa condición como “la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción con las normas de la moral socialista”, lo que permitía detener a alguien sin que hubiera cometido un delito concreto, según el Código de Defensa Social cubano.
El régimen combinó trabajo forzado con intentos de reeducación
Dentro de los campos, las autoridades alternaban las labores agrícolas con sesiones de adoctrinamiento ideológico y tratamientos orientados a modificar la orientación sexual de los internos. Documentos internos redactados entre 1966 y 1968, difundidos públicamente en 2024, muestran que el gobierno proyectó clasificar a los homosexuales en tres categorías según su postura política: afines a la Revolución, contrarrevolucionarios que no deseaban emigrar y contrarrevolucionarios que sí buscaban salir del país.
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Esos mismos documentos describen la propuesta de un “Centro Modelo de Reeducación”, concebido para “borrar todo comportamiento amanerado o antisocial” y para “detectar los casos de posible cura” que serían derivados a instituciones especializadas. El plan contemplaba incluso un dispositivo similar bajo el Ministerio de Educación para menores de 17 años.
El cierre de los campos y el reconocimiento posterior
Las protestas internacionales y las críticas de sectores culturales dentro de Cuba, entre ellos la Unión de Artistas y Escritores, llevaron al cierre de las UMAP a partir de 1968. El Estado no ofreció entonces una explicación pública sobre el fin del programa.
En 2010, Fidel Castro reconoció por primera vez su responsabilidad en la persecución. “Si alguien es responsable, soy yo”, declaró al diario mexicano La Jornada, al atribuir la falta de atención al tema a su concentración en la Crisis de Octubre de 1962 y en otros asuntos de gobierno durante esos años.
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