En las calles de La Habana, una conversación entre dos jubiladas revela el pulso de la ciudad: “¿Cuántos días llevas sin agua?”, pregunta una de ellas. La respuesta llega con otra inquietud: “¿Pudiste comprar aceite?” Así, la vida cotidiana se convierte en una secuencia de preguntas cruzadas sobre necesidades básicas. La acumulación de problemas no da tregua; cada día surge un nuevo obstáculo antes de resolver los anteriores.
Para quienes viven en la capital cubana, la escasez de agua, los cortes eléctricos, la falta de medicamentos y el costo de los alimentos marcan la rutina diaria. La preocupación por la energía sigue presente, pero el acceso a lo esencial resulta cada vez más difícil. El presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos ha reconocido que alrededor de 2.7 millones de personas enfrentan graves dificultades con el suministro de agua, una situación agravada por la falta de electricidad.
En medio de una fila para obtener productos básicos, Francisco López, de 80 años, comparte su realidad: su pensión de 4,000 pesos cubanos (33 USD al cambio formal, 6 USD en el informal) apenas alcanza para una botella de aceite, cuyo precio puede superar los 5,000 pesos en tiendas privadas. Como recogió la agencia EFE, muchos recurren a mercados informales para conseguir alimentos o medicamentos, porque los precios en los canales oficiales resultan inaccesibles.
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Agua, electricidad y alimentos: el día a día bajo presión
En un quinto piso de La Habana Vieja, López describe cómo la llegada del agua depende de la coincidencia con la electricidad, necesaria para activar el motor que la sube: “No ponen las dos juntas, están chocando”. A su edad, vivir sin agua en casa se convierte en una complicación constante.
Elanis Castellano, vecina del barrio de San Nicolás, relata que ha pagado hasta 1,000 pesos (8 USD en el cambio oficial, 2 USD en el informal) por una cubeta de agua, solo para poder sobrevivir. “Ya llevamos tres semanas seguidas sin agua”, confiesa. Su discapacidad agrava el desafío de esperar o pagar por el líquido.
El dictador Miguel Díaz-Canel visitó recientemente una fuente estratégica de agua en la ciudad y pidió resolver “en el menor tiempo posible” el suministro, reconociendo que el problema está vinculado a la falta de electricidad, como informó EFE. En muchos casos, el agua solo llega si hay electricidad para el rebombeo; de lo contrario, cientos de miles quedan sin servicio.
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El acceso a medicamentos también es incierto. López, como otros jubilados, depende del mercado informal para conseguir Atenolol, ya que las farmacias estatales no pueden cubrir la demanda. Ante este panorama, el gobierno autorizó la apertura de farmacias privadas, en un giro inédito tras décadas de control estatal centralizado.
Los alimentos tampoco escapan a la crisis. El litro de aceite puede costar más que una pensión mensual, y para muchos la ecuación entre ingresos y precios se vuelve imposible. López resume el ambiente: “Estamos mal en casi todos los sentidos: en higiene, en los precios”.
Transporte, resignación y respuestas oficiales
En otro escenario, Rogelio Bonet, de 88 años, espera bajo el sol en una avenida de La Habana, resignado ante la escasez de transporte. La espera por un ómnibus puede extenderse durante horas, y la ciudad se mueve al ritmo de la paciencia forzada.
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A pocos metros, Juan Zamora recoge madera en un basurero para usar como leña y cocinar. Resume la percepción social: la situación es “bastante crítica”. El cansancio y la desesperanza se reflejan en los rostros, mientras muchos sueñan con un cambio, aunque no siempre puedan definirlo con exactitud.
Las autoridades han reconocido que el país atraviesa una realidad “sumamente compleja” y “de sufrimiento”. Aun así, el Gobierno descarta que Cuba esté “al borde del colapso” y atribuye buena parte de las dificultades al bloqueo energético y a las restricciones de Estados Unidos.
Las soluciones oficiales avanzan con lentitud. La reciente apertura de farmacias privadas y los llamados a resolver el acceso al agua buscan aliviar la presión social. Pero en las calles, el escepticismo es fuerte: “El cambio tiene que ser absoluto. De arriba para abajo, no de abajo para arriba”, sentencia Bonet.
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La situación actual en Cuba está marcada por la presencia simultánea de diversas crisis que afectan áreas esenciales de la vida cotidiana. El acceso al agua, la electricidad, los medicamentos y los alimentos se ha vuelto cada vez más limitado, lo que obliga a la población a enfrentar desafíos diarios para satisfacer sus necesidades básicas.
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