Los apagones en Santiago de Cuba han dado cobertura a una ola de robos y violencia que el Gobierno no reconoce públicamente: en la noche del 13 de agosto, un joven fue atacado a machetazos para quitarle una motorina en el distrito José Martí, mientras a pocos metros un tiroteo entre pandillas sembraba pánico entre los vecinos, en un escenario que, según Diario de Cuba, expone el deterioro de la seguridad pública en medio de la crisis socioeconómica.
La Policía llegó 30 minutos después del tiroteo en el parquecito del bloque L, a unos 300 metros del lugar donde ocurrió el asalto. Los vecinos creen que se trató de una disputa entre pandillas juveniles, y los atacantes abandonaron la motorina más adelante porque no pudieron arrancarla.
El motorista quedó hospitalizado y perdió varios dedos. El diario sitúa ese episodio como parte de un aumento de la criminalidad favorecido por la oscuridad de los cortes eléctricos y por una respuesta policial que, de acuerdo con los testimonios recogidos, concentra sus recursos en la protección de la propiedad estatal y de las tiendas en divisas.
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“Eran como las 19:00 y estábamos en apagón, como siempre”, relató Carlos Alberto, vecino del distrito José Martí, al medio. Contó que muchas personas salen de sus casas por el calor, los mosquitos y porque en la calle consiguen algo de señal de datos móviles, y que en ese contexto vio cómo varios hombres atacaron al conductor de la motorina y lo dejaron tendido en el suelo antes de que empezaran los disparos.
Un robo en una vivienda tardó 12 horas en obtener respuesta policial
La inseguridad no se limita a la calle. En el barrio de Micro 7, la ausencia nocturna de José, un guardia de seguridad que vive solo, fue aprovechada para desvalijar su apartamento.
“Se lo llevaron todo: los cárnicos que tenía en el refrigerador, la tanqueta del arroz, colchones, ropa y la motorina de un amigo que vive en un piso alto y la guardaba en su casa, que es un primer piso”, dijo Aida, novia de José, citada por la publicación.
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Cuando el hombre regresó a las 6:00 de la mañana y encontró la puerta abierta, fue a la estación de Policía de Micro 9 para denunciar el robo. Aida contó que allí le dijeron primero que debía esperar al cambio de turno de las 7:00, y que después de formalizar la denuncia volvió a su casa a esperar a los agentes.
La Policía apareció a las 20:00, 12 horas después. Más de dos meses más tarde, las pertenencias no habían sido recuperadas y no se había detenido a los responsables.
Según Diario de Cuba, ese tipo de demoras ha profundizado el descrédito de las fuerzas policiales entre los ciudadanos. Los testimonios reunidos por el medio sostienen que la actuación más diligente se reserva para las prioridades económicas del régimen y para la represión política.
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También se roban cables, tuberías y equipos de servicios públicos
La depredación se ha extendido a infraestructuras básicas. El texto fuente describe robos de aceite de transformadores, cables eléctricos y tuberías de agua, con instalaciones de servicios públicos convertidas en objetivo habitual de los ladrones.
Uno de los casos citados afectó a cinco edificios del barrio de Micro 8, donde fueron sustraídos los cables que suministraban corriente. Los vecinos detectaron el problema cuando volvió la electricidad y comprobaron que en otros inmuebles se escuchaban televisores encendidos, mientras en los suyos no había servicio.
“Yo sabía del robo de las tuberías de los edificios, pero nunca pensé que podían llevarse los cables eléctricos”, dijo Anaisa, residente en uno de los bloques afectados. Explicó que, con ayuda de un vecino que conoce de electricidad, confirmaron el robo y empezaron a reclamar a la compañía para conseguir los cables de reposición. Ese robo dejó a los edificios en apagón total durante cinco días. Anaisa añadió que los responsables tampoco habían sido capturados.
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