Las cartas se apilaron sobre la mesa de El Espacio 23, el centro de arte de Miami donde Luis Manuel Otero Alcántara reside como artista desde que llegó exiliado a la ciudad estadounidense.
Eran más de 27,000 mensajes reunidos por Amnistía Internacional, remitidos desde distintos rincones del mundo durante los cinco años que el artista cubano pasó en prisión en Cuba.
Ninguna de esas cartas alcanzó sus manos tras los barrotes, pero el acto de entrega reconfiguró lo que, para Otero Alcántara, fue una corriente de energía silenciosa y permanente.
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El evento, titulado “Cartas de libertad y solidaridad”, reunió a activistas, artistas y amigos el martes en Miami. Allí, Astrid Valencia, directora adjunta de Investigaciones para las Américas de Amnistía Internacional, le entregó el paquete junto a dos colegas de la organización.
El propio Otero Alcántara leyó una carta de respuesta, fechada el 22 de agosto. “A pesar de no tener las cartas en físico, en ese momento de angustia, la energía y el amor de todos y todas me alcanzó detrás de los barrotes. Y fueron el alimento para el latir de mi corazón y mantener la fe en que un futuro mejor es posible”, escribió. Después añadió, ante el público: “Les doy gracias a todos por tanto amor, me salvaron la vida”.
La campaña global que cruzó el Atlántico
Las cartas y postales entregadas a Otero Alcántara surgieron de la campaña anual “Escribe por los Derechos” de Amnistía Internacional, que cada año selecciona una decena de personas o causas que consideran urgentes y que requieren solidaridad global. En 2022, cuando el artista cumplía condena en la isla, la organización lo eligió como uno de esos “casos” y lo declaró preso de conciencia.
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“Una carta puede parecer algo pequeño, un gesto sencillo, pero cuando una persona está injustamente encarcelada, una carta puede significar mucho más que una hoja de papel”, afirmó Astrid Valencia.
Ella destacó que “cada carta representa a una persona que decidió reafirmar la dignidad, que decidió negarse a aceptar la injusticia como algo normal”. El acto no fue solo una devolución material, sino una reafirmación de comunidad más allá de fronteras.
En prisión: memoria y resistencia
Otero Alcántara compartió cómo, entre los presos, las cartas se convierten en objetos de valor. “En la cárcel los presos guardan durante años las cartas y las releen una y otra vez. Regalar una foto, regalar una carta, escribir algo a mano significaba una reafirmación de preocupación del otro por el otro”, relató. Ese gesto, en sus palabras, era “un pacto de amistad en un lugar donde nadie es amigo de nadie”.
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La resistencia artística fue también su refugio. Otero confesó que, durante su encierro, si no podía sacar sus obras, sentía que tampoco lograría salir él mismo. “Yo estaba convencido literalmente que si no salían las obras, yo no salía”, aseguró. Como no podía extraer físicamente sus dibujos, los describía por teléfono a amigos artistas fuera de la prisión, que los interpretaban y materializaban. Ese ejercicio de comunicación fue, según dijo, la verdadera obra.
Un dibujo como símbolo y la puerta hacia la libertad
Como agradecimiento, el artista regaló a Amnistía Internacional un dibujo de una puerta, realizado en prisión. Explicó que era una de las formas que encontró para buscar la salida: “Son luz dentro de la oscuridad”, afirmó, refiriéndose tanto al dibujo como al apoyo recibido.
Movimiento San Isidro, censura y la condición del exilio
Otero Alcántara es cofundador del Movimiento San Isidro, un colectivo de artistas e intelectuales que desde 2018 se posicionó contra la censura cultural en Cuba. Tras su excarcelación, arribó a Miami el 18 de julio, forzado a dejar la isla como condición para su liberación.
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