Costa Rica podría enfrentar un fenómeno de El Niño tan intenso como el de 1997, expertos advierten riesgos para el agua, la agricultura y el costo de vida

Especialistas de la UNED alertan que el país aún mantiene importantes vulnerabilidades frente a un evento climático de gran magnitud, pese a la experiencia acumulada durante las últimas tres décadas. La disminución de lluvias podría afectar la producción de alimentos, la generación hidroeléctrica y el bolsillo de los consumidores

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La disminución de las lluvias podría afectar el abastecimiento de agua para consumo humano, la agricultura, la ganadería y la generación hidroeléctrica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Costa Rica podría volver a enfrentar un fenómeno de El Niño con características similares al ocurrido entre 1997 y 1998, considerado uno de los episodios más intensos registrados desde mediados del siglo pasado.

Sin embargo, para especialistas de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), la principal preocupación ya no radica únicamente en la fuerza del evento climático, sino en qué tan preparado se encuentra el país para afrontar nuevamente sus consecuencias.

El análisis fue presentado por académicos de la institución, quienes advierten que, aunque Costa Rica ha convivido durante décadas con los efectos del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), persisten debilidades importantes en materia de adaptación climática, gestión del recurso hídrico y protección de los sectores económicos más sensibles.

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Víctor Solano Quirós, tutor e investigador de la UNED, explicó que durante los últimos 30 años el territorio nacional ha experimentado al menos 11 eventos relacionados con el ENOS, tanto en sus fases de El Niño como de La Niña, lo que ha permitido conocer con mayor precisión los impactos que estos generan sobre el ambiente y la economía.

“Hoy la pregunta no es únicamente qué tan fuerte será este nuevo evento, sino cuánto hemos aprendido y qué tan preparados estamos para reducir sus impactos”, señaló el especialista.

De acuerdo con las proyecciones climáticas analizadas por la universidad, un nuevo episodio de El Niño provocaría un aumento en las temperaturas y una disminución considerable de las precipitaciones, especialmente en regiones como Guanacaste, el Pacífico Central y la Zona Norte, donde históricamente los efectos de la sequía han sido más severos.

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Los investigadores señalan que los pequeños y medianos productores continúan siendo los más vulnerables frente a periodos prolongados de sequía. REUTERS/Juan Carlos Ulate

Uno de los principales focos de preocupación es la disponibilidad de agua. La reducción de las lluvias no solo comprometería el abastecimiento para consumo humano, sino también las actividades agrícolas, ganaderas e incluso la producción de energía hidroeléctrica, una de las principales fuentes de electricidad del país.

En el sector agropecuario, los efectos podrían sentirse rápidamente. La menor cantidad de lluvia reduce la disponibilidad de pastos para el ganado, incrementa los costos asociados a la alimentación y la hidratación de los animales y disminuye la productividad de las fincas.

En la agricultura, el panorama tampoco resulta alentador. La escasez de agua puede afectar el rendimiento de los cultivos, aumentar los costos de producción y poner en mayor riesgo a pequeños y medianos productores que no cuentan con sistemas de riego ni infraestructura para enfrentar periodos prolongados de sequía.

“Existen productores que tienen acceso a reservorios, sistemas de riego y recursos para adaptarse, pero también hay miles de familias y pequeños emprendimientos agropecuarios que siguen siendo altamente vulnerables a este tipo de fenómenos”, explicó Solano.

A estas consecuencias ambientales se suma un eventual impacto económico que podría sentirse directamente en los hogares costarricenses.

Federico Quesada Chaves, director de la Escuela de Ciencias de la Administración de la UNED, indicó que, aunque durante los últimos meses algunos productos agropecuarios han mostrado reducciones en sus precios, un fenómeno de El Niño intenso podría revertir esa tendencia.

Un evento de El Niño podría generar incrementos en los costos de producción agrícola y presionar el precio de alimentos básicos para las familias costarricenses. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según el académico, una disminución prolongada de las lluvias afectaría la producción nacional, elevaría los costos operativos de agricultores y ganaderos y generaría presiones sobre las cadenas de abastecimiento, lo que eventualmente terminaría reflejándose en el precio de alimentos y otros productos de consumo básico.

“Cuando la producción se vuelve más costosa por falta de agua, necesidad de riego o disminución de rendimientos, esos costos terminan trasladándose a la economía. El impacto de El Niño no se limita al ambiente; también puede tener repercusiones sobre el costo de vida y la actividad económica nacional”, afirmó.

Los especialistas también advirtieron sobre posibles efectos en la generación hidroeléctrica, especialmente en proyectos estratégicos como el embalse Arenal, cuyo funcionamiento depende en gran medida de la disponibilidad del recurso hídrico.

Las proyecciones actuales indican que este nuevo episodio podría extenderse entre 10 y 16 meses, aumentando el impacto acumulado sobre la agricultura, la disponibilidad de agua, la generación eléctrica y otros sectores productivos.

Ante ese escenario, la academia considera prioritario fortalecer las medidas preventivas mediante la protección de nacientes, la conservación de zonas de recarga acuífera, la construcción de reservorios, la modernización de los sistemas de riego y una mejor planificación productiva en las regiones más vulnerables.

Para los investigadores de la UNED, el reto no consiste únicamente en enfrentar un nuevo fenómeno climático, sino en demostrar que el país ha logrado reducir las vulnerabilidades que históricamente han convertido estos eventos en crisis sociales y económicas para miles de familias costarricenses.

Con un escenario climático cada vez más variable debido al cambio climático, los expertos coinciden en que la prevención, la inversión en infraestructura hídrica y una planificación basada en evidencia serán determinantes para disminuir los efectos de un fenómeno que, según las proyecciones, podría volver a poner a prueba la capacidad de respuesta de Costa Rica.

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